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ENTREVISTA - BRASIL. Salud, Capitalismo y revolución

Reproducimos entrevista a Gilson Dantas, médico y sociólogo, que partiendo de la experiencia reciente de la huelga en la Universidad de San Pablo, reflexiona sobre cómo los trabajadores pueden ofrecer una salida de fondo a la crisis del sistema de salud brasilero.

Miércoles 15 de octubre de 2014

Palavra Operária: ¿Considera que el modelo de salud pública y las condiciones de los trabajadores de la salud en Brasil podrían ser cualitativamente diferentes? En su opinión, una revolución en la salud tal como es concebida actualmente, ¿es posible?

Gilson Dantas: La respuesta es sí. La realidad de los hospitales públicos y centros de salud es bien conocida por la población trabajadora: filas enormes, espera de horas para lograr un turno, meses para conseguir una consulta ambulatoria, dificultades para exámenes complementarios y laboratorios, falta de material e incluso para hacer un examen simple como un Papanicolau, la medicina preventiva es casi inexistente.

Ni desde el punto de vista del presupuesto, ni desde el humano, de gestión social y comunitaria del sistema de salud, de la calidad de la atención, la verdad es que la salud pública no es prioridad, sea para tucanos (PSDB) o petistas (PT). Por eso nada cambia en la salud. Más aún: desde el punto de vista del modelo médico, de la forma en que el sistema piensa la salud pública, el tema está tratado de manera equivocada. Primero dejan que las personas se enfermen – por falta de nutrición, prevención, empleo, ingresos, calidad de vida y movilidad urbana – para luego atacar, medicalizar la enfermedad. Es decir, se trata la salud como si fuese un problema esencialmente médico y aún así se la trata mal.

Pertenezco a una generación de médicos que luchó por el Sistema Único de Salud (SUS), por una medicina estatal, pública y gratuita. Pero puedo afirmar que el SUS actualmente está en decadencia y por eso muchos trabajadores buscan los planes de salud, que también están en crisis, pero ocultado por el marketing. El SUS aunque haya sido resultado de las luchas populares y de los trabajadores, fue conducido por el Estado capitalista, el mismo que impulsa la medicina privada.

Se crea un sistema híbrido público-privado, donde el sector público está dirigido por una burocracia de Estado al servicio de los intereses privados. Por eso actualmente se ve a la salud convertida ampliamente en mercancía. Uno paga cada vez más caro para tener salud y tiene cada vez menos salud. Nunca los capitalistas ganaron tanto con la industria de la enfermedad y, principalmente, con la industria del cáncer, en la que el paciente gasta miles y miles de reales para, al final, morir por el “tratamiento”.

En nuestra perspectiva, de la clase trabajadora, la estrategia para el cambio del sistema de salud es la de luchar contra la privatización y por la estatización, e impedir que las patronales y su burocracia estatal dirijan el sistema. Fue esto lo que llevó a que el SUS esté en la situación actual. Conquistamos un sistema único universal, pero es dirigido por el Estado patronal. Y que en la actualidad quiere ir hasta el hueso, destruyendo el Hospital Universitario de la Universidad de San Pablo. Nuestra perspectiva tiene que ser otra; por la estatización bajo control de los trabajadores y usuarios.

Cualquier modelo médico nuevo, que niegue o supere al vigente, obsoleto y deteriorado, solo puede ser conquistado en la medida que adoptemos esta perspectiva de lucha junto a los trabajadores. La revolución en la medicina es una revolución en el poder político, en la perspectiva de la clase trabajadora y bajo sus formas propias de hacer política, independiente y opuesta a la politiquería dominante hoy.

No estamos hablando de utopías. En el siglo pasado, en varios países donde el capital fue confiscado, tuvimos grandes avances en términos de modelo médico. En la Unión Soviética de Lenin, la asistencia prenatal así como el aborto, se convirtieron en públicos y gratuitos.

Los trabajadores pasaron a tener vacaciones dignas de ese nombre. Los soviéticos instituyeron la primera y más amplia reserva ambiental y forestal del mundo. Luego, incluso en el proceso de burocratización stalinista, el Estado obrero soviético desarrolló por primera vez en el mundo, el parto humanizado, el parto subacuático, sin intervención quirúrgica, hecho al aire libre, sin dolor, y en el cual el niño ya nace nadando en el agua salada y tibia.

Fue también bajo la experiencia de la Unión Soviética que se creó el sistema referenciado de salud, después perfeccionado en Cuba, donde las unidades de salud de cada barrio, de casa zona barrial, de forma descentralizada realizaron experiencias de atención primara efectiva, dejando para los hospitales los casos complicados, en ninguno de los ejemplos había filas de espera. En Cuba, implementan el médico que vive en el mismo barrio, con personal de enfermería vinculado las 24 horas a la unidad de salud regional. Tuve el privilegio de conocer el sistema de cerca en 1990.

China intentó implantar el mismo sistema de la Unión Soviética en la salud, centralizado/descentralizado (referenciado), con la incorporación de las medicinas populares tipo acupuntura, plantas medicinales en la atención médica en forma amplia, además de instituir el agente comunitario (médico itinerante) que establecía la relación con las unidades de salud zonales, midiendo la presión arterial, recolectando material para exámenes, curando enfermedades simples (incluso con acupuntura, hierbas). Enfin, una amplia red de acompañamiento de cada familia en la comunidad a partir de agentes reclutados entre los habitantes, en condición de agentes de atención primaria.

En todos los casos la enfermedad dejó de ser tratada como mercancía. El modelo médico, invasivo, medicamentoso, también comenzó, parcialmente, a ser cuestionado. No solo a través de experiencias de humanización del parto, sino de otras también, como por ejemplo el tratamiento del asma en minas de sal, donde el enfermo de asma pasaba una temporada respirando aquellos aires saturados de sales e iba a clínicas en las montañas donde entraba en proceso de cura.

Todos estos y tantos otros son elementos de una nueva medicina, de un nuevo modelo médico, que la clase trabajadora debe retomar, profundizar y ampliar, cambiando también el modelo médico vigente y ultramedicalizado, dirigido a los síntomas y no a las causas de las enfermedades.

Palavra Operária: ¿De dónde vendrán las fuerzas para este cambio?

Gilson Dantas: De los trabajadores, del activismo político y organizado en los lugares de trabajo, y naturalmente, de su organización en comités de lucha, de huelga, frente único de sindicatos combativos. Sin la autoorganización de los trabajadores, ninguna conquista en la salud será duradera. Observen que el gobierno degeneró y solapó toda conquista histórica que tuvimos en esta esfera. El sector privado, de los planes y barones de hospitales y clínicas privadas, no tenían el poder que tienen hoy.

Fuimos derrotados en nuestras conquistas, ya que en realidad no eran conquistas ampliamente apoyadas en las organizaciones de los trabajadores debidamente democratizadas y basadas en la democracia en el lugar de trabajo. El movimiento sindical, la CUT, las demás centrales, se desarrollaron todas por fuera y en contra de la autoorganización de los trabajadores con delegados en los lugares de trabajo, comités de huelga democráticos, abiertos a todo el activismo.

Una rara y honorable excepción fue la reciente huelga de cuatro meses de los trabajadores de la Universidad de San Pablo (USP) y del Hospital Universitario (HU), que dejaron asentado un ejemplo histórico de cómo debe ser la lucha de los trabajadores, una lucha que debe apoyarse en la democracia de base, debe ligar la lucha por salario a la lucha por los intereses de todo el pueblo -en este caso la salud-, debe unirse a la población. En esta medida la lucha de los compañeros y compañeras del HU y de las trabajadoras y trabajadores de la USP es histórica, apunta a formas socialistas de organización.

Palavra Operária: ¿Cuál es la relación entre la forma como los trabajadores de la USP se organizaron y su huelga, la forma de la lucha por una salud realmente al servicio de las necesidades humanas y la forma de organización del socialismo?

Gilson Dantas: Es crucial la intervención activa de los trabajadores como sujeto del proceso, antes, durante y después de la toma del poder político. El modelo de salud medicocrático, donde el poder está en manos de los médicos y de la burocracia del Estado, no funciona. Esta es la mayor lección que dejó el siglo XX. Desde las menores batallas, la lección debe ser aquella que fue llevada adelante por los trabajadores del HU y el Sindicato de trabajadores de la USP (Sintusp): comando de huelga y organismos de lucha basados en la más amplia democracia. No solo la democracia de las barricadas, de lucha, sino también la defensa de que la asistencia de salud, las unidades de trabajo y de producción, sean gestionadas por quienes en ellas trabajan y producen.

Queremos un Estado obrero, no un Estado burocratizado. Queremos el socialismo, no el socialismo de uniforme, de burócratas iluminados. Para eso, el mismo movimiento hoy, las actuales luchas, deben ser conformadas a partir de la democracia de base, de la autoorganización, de la politización de la huelga y de la defensa de las banderas que unen trabajadoras y trabajadores al pueblo pobre. Tenemos que tener siempre presente que bajo la dirección de la clase burguesa y su Estado, el sector salud no tiene cómo funcionar. Su interés es el lucro, es ceder a los lobbies de la industria de medicamentos y equipamientos, a la corporación médica –de la que una parte es empresaria, médicos dueños de clínicas, consultorios en los que explotan fuerza de trabajo, etc. Ninguno de estos sectores puede tener interés en la salud como bien público.

Solo los trabajadores pueden, colectivamente, en sus órganos de base, tener interés colectivo, actuar como gestores efectivamente públicos. Intereses privados y salud pública nunca combinaron, en ningún país. Recordemos que la burocracia tiene, también ella, intereses privados. Es solo observar cómo actúa la burocracia académica que manda en la USP. Solo los trabajadores de la salud, en alianza con los usuarios, puede hacer que la salud reencuentre su vocación humana, comunitaria, preventiva, y funcione como bien común y no merced de intereses privados.

Esto tiene que quedar bien claro: no hay salida para la salud pública en el capitalismo. Varios descubrimientos absolutamente impresionantes para la cura del cáncer, todos ellos no invasivos, baratos y bien simples, ya fueron hechos a lo largo del siglo XX. Sin embargo, uno a uno, fueron encubiertos, aniquilados y desviados por los intereses capitalistas de la industria del cáncer. Ellos no pueden permitir o legalizar el tratamiento que no genere altas ganancias, que no se pueda patentar. La industria del cáncer usa su poder mediático y policial, codo a codo con la corporación médica, para impedir que el tratamiento del cáncer con métodos como la alimentación aticáncer, enzimas digestivas, oxígeno-ozonio, hipertermia, puedan ser difundidos e instituidos.

Desde comienzos del siglo XX, varios investigadores serios del cáncer, como John Beard, Max Gerson, Otto Warburg, Johana Budwig, raymond Rife, W. Kelley y tantos otros fueron marginados y neutralizados porque descubrieron que la cura del cáncer puede ser más simple, más barata y más científica que la actual y dominante oncología del horror, altamente lucrativa. Estas líneas de investigación solo pueden funcionar cuando el objetivo no sea el lucro sino el ser humano.

El capitalismo no tiene la menor posibilidad de descubrir la cura del cáncer o de curar desde la raíz las enfermedades degenerativas, prevenir los accidentes de trabajo o combatir el mundo tóxico que nos circunda. Solo los trabajadores, con su Estado, pueden hacerlo y, por eso mismo, salud, lucha obrera y socialismo son inseparables.