El Gobierno central, los gobiernos autonómicos y los distintos partidos del Régimen están locos por salvar la campaña navideña. ¿Qué hay detrás de este discurso?
Clara Mallo Madrid | @ClaraMallo
Martes 24 de noviembre de 2020
Algunos se adelantaron hace unas semanas con la aplicación de medidas restrictivas que contuviesen el máximo posible a la población -siempre por fuera de la actividad laboral- para bajar los niveles de incidencia acumulada y poder dar rienda suelta a la actividad económica en las próximas semanas. Es el caso de Comunidades autónomas como Catalunya que aplicaron medidas como el cierre de bares y restaurantes, el cierre de parques y zonas verdes y la limitación de algunas actividades comerciales relacionadas con el ocio.
Otros, aunque hasta ahora trataban de apelar a la absoluta normalidad para no molestar demasiado a los mercados porque entendían que ya estábamos en pre campaña navideña, han terminado aplicando algún tipo de medida para salvar los muebles antes de navidad. Isabel Diaz Ayuso confirmaba este lunes en rueda de prensa el cierre de perimetral de la Comunidad de Madrid, una de las pocas que seguía abierta, durante los próximos 15 días.
Más allá de los distintos matices en estrategia todos comparten un objetivo: la importancia de salvar la campaña navideña para salvar las ganancias capitalistas.
Por un lado, la derecha del régimen apela al motivo emocional, escondiendo tras frases como “ojalá se puedan celebrar unas Navidades rodeados de abuelos, de tíos, de sobrinos” (Ignacio Aguado dixit) su verdadero objetivo: salvar los beneficios de las grandes empresas que hacen su agosto en estas fechas a costa de incrementar al máximo la explotación laboral.
Pero no solo la derecha está haciendo campaña con este objetivo. Aunque con un discurso menos sentimental, el propio Gobierno lo tenía muy claro cuando impuso el Estado de Alarma en octubre. En ese momento el Ejecutivo remarcaba a través de las distintas comunicaciones la idea de que "Para Navidad faltan dos meses, por eso deberíamos aprovechar estas semanas para mejorar la situación sanitaria".
Y es cierto, las navidades son una de las épocas en las que las empresas hacen su agosto. El consumo de los hogares se dispara: el Estado español es el país de Europa donde más se gasta en este periodo, y el cuarto en el mundo. En 2019 hubo un gasto extra de 554 euros de media por hogar. A incentivar todo ello ayuda la campaña navideña, luces de navidad, publicidad, dulces navideños en los supermercados, Black Friday... todo ello envuelto de un discurso de “amor y paz” que absorben los mercados para traducirlo en consumo.
Pero el enriquecimiento de las empresas en estas fechas no solo de debe al aumento en las ventas, sino que se apoya en una brutal explotación y precariedad.
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Si tomamos datos de años anteriores, más del 80% de los puestos creados son temporales y a tiempo parcial. Más del 40% de contratos de esta campaña son de menos de 30 días, y casi la totalidad de estos puestos de trabajo se crean en los sectores más precarios: transporte y logística, hostelería, y comercio. Además, dada la extrema temporalidad, estos contratos llevan consigo un aumento importante del riesgo de accidente laboral.
A toda esta situación este año hay que considerar que estamos en medio de una pandemia y una profunda crisis económica que no parece poder resolverse a muy corto plazo. En estos momentos en el Estado español el paro juvenil supera el 40%, hay 3,72 millones de parados contabilizados, de los cuales el 16,7% son jóvenes menores de 25 años y más de un tercio (el 33,5%) son parados de larga duración, es decir, llevan más de un año desempleados. A ello hay que sumar que casi 600.000 personas siguen en ERTE.
Cualquiera que tenga calculadora en mano verá que esta dramática situación no se resuelve con contratos de menos de 30 días (más del 40% de contratos de esta campaña son de menos de 30 días). Además, la dinámica actual es de una destrucción de empleo acelerada. Según una encuesta realizada por el Consejo General de Colegios de Gestores Administrativos de España, la previsión es que más de 300.000 trabajadores se quedarán en paro entre el 1 de noviembre y el 31 de diciembre. A ello hay que incorporar que en enero termina la prórroga de los ERTE, por lo que se viene una oleada de despidos.
Otra cuestión es la crisis sanitaria. Las medidas restrictivas tomadas por los distintos gobiernos autonómicos y el central son el único intento de freno a la pandemia. Ninguno de los gobiernos ha tomado medidas de fondo como reforzar los transportes públicos, contratar más personal sanitario, reforzar la sanidad y los servicios públicos, hacer test masivos, etc. Medidas que hubiesen ayudado a mejorar la situación sanitaria en la que hoy nos encontramos. Es más, a la campaña de ’salvar la Navidad’ precedió la campaña de ’salvemos el verano’ que tenía los mismos objetivos que esta, salvar las ganancias capitalistas a cualquier precio.
Si no se toman esas medidas de fondo tras la navidad volverá a ocurrir lo mismo que tras el verano, pero en esta ocasión nos acercamos a este periodo con una situación de mayor alarma sanitaria que la que había a inicios del verano. La incidencia acumulada en el conjunto del Estado el día 30 de junio era de 4,21, hoy es de 452,57.
Las cifras oficiales han registrado 40.000 muertes a causa de Covid en lo que llevamos de año. A pesar el discurso cínico de recuperar la absoluta normalidad y pasar unas navidades normales, no habrá ninguna normalidad. Miles de familias estarán pensando en la pérdida de sus seres queridos, en cómo pagar la luz, en cómo evitar contagiar a sus mayores con los que viven después de volver a casa en un metro atestado o cómo conseguir un trabajo por un mes.
Una situación a la que nos ha llevado la gestión para ricos de esta crisis, en la que ni el Gobierno Central ni los autonómicos han tomado ni una medida para encaminada a resolver la situación más allá de salvar las grandes empresas.
Lo que hay que salvar no es la navidad, sino la sanidad, recuperar los servicios públicos, conquistar vivienda digna para todos y todas, terminar con la precariedad laboral, el racismo y la explotación. Lo que hace falta es un plan de emergencia en favor de los trabajadores, las mujeres, la juventud, las migrantes y los sectores populares.
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