Este mediodía terminó la despedida de Santiago Maldonado en su ciudad natal. La emoción de sus familiares y amigos, el reclamo de justicia, su compromiso como bandera.
Domingo 26 de noviembre de 2017 17:35
Santiago Maldonado, la lucha continúa - YouTube
Lechu, Santi, el Brujo. Muchos de los que se acercaron en la mañana del domingo a despedir a Santiago Maldonado lo llamaron de distintas formas. Quizá porque lo habían conocido en distintos momentos de su vida, o en sus distintos viajes. Pero todos coincidían en cómo los había marcado.
Como el sábado, toda la familia se había acercado para recibir el afecto y el abrazo de los que pasaban. Ahí firmes, estaban los amigos que había cultivado en esa vida intensa, algunos marcados por los tatuajes que él mismo les había hecho. Desde los de 25 de Mayo, hasta los que venían de lejos. Cómo Natalia, que había viajado a dedo desde Mendoza con sus amigas y sus dos hijos para estar junto a su amigo.
Durante la jornada que se extendió desde el sábado a las 16 h hasta el domingo a las 11.30 h pasaron por allí militantes que han acompañado sin pausa la lucha por su aparición primero, por verdad y justicia después. De derechos humanos, sociales y de distintas corrientes. Entre ellos estuvieron también los diputados Horacio Pietragalla (FpV), Victoria Donda (LS) y Nicolás del Caño y Myriam Bregman (PTS-Frente de Izquierda).
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No podían faltar los organismos de derechos humanos que vienen tomando su causa y reclamando justicia, entre ellos referentes del Cels, APDH, Liga por los Derechos del Hombre, Apel, Asociación Ex Detenidos, SerPaj y CeProDH, entre otros. Tampoco los periodistas que desde el 1º de agosto trabajan para enfrentar la versión oficial y a sus operadores mediáticos.
O la delegación de las obreras y los obreros en PepsiCo en lucha, que habían estado el sábado y hoy volvían a acompañar a la familia. Cómo no iban a hacerlo si fueron de los primeros en levantar la bandera de Santiago aquellos primeros días de agosto, para nunca bajarla. Quizá por eso mamá Estela les contaba orgullosa a sus amigas de la Escuela 25 que ese brazalete que acompañaba a su hijo se lo habían llevado las obreras y los obreros de PepsiCo. Junto a unas rosas, una bandera negra y otras cosas, será una de las cosas que acompañará a Santiago después de esta jornada.
En medio de la despedida una noticia recorrió la sala y la calle. Algo que había pasado a 1500 kilómetros pero era tan cercano a lo que estaba ocurriendo allí. El asesinato criminal por parte del mismo Estado del joven Rafael Nahuel y la herida de sus hermanos mapuches, esa comunidad que supo tomar a Santiago como un weney (amigo blanco). "Muy fuerte, Santiago, ahora otro chico muerto en Bariloche" decía Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo que desde anoche acompañaba a la familia.
Apenas pasadas las 11 llegaba un micro de donde bajaban entre aplausos Taty Almeida y otras Madres de Plaza de Mayo. Entraban a reunirse con la familia, en el momento más íntimo de la despedida.
Después Santiago saldría a la calle en medio de un aplauso interminable.
Entonces Bety, que había llegado con su compañero Juan Carlos y sus hijas “porque lo conocíamos a Santi desde que era un enano así, con el pelo rubio, blanco”, no se pudo contener.
Y cuando parecía que se quebraba sacó fuerzas y alzó la voz, quizá porque otras madres que estaban allí no podían hacerlo. Como si quisiera despertar a toda esa ciudad que a veces parece adormecida.
Y así los arrastró a todos en un grito que tapó cualquier dolor, cualquier lágrima, cualquier desesperanza. Y gritaron detrás de ella los amigos y vecinos, los militantes y hasta los curiosos.
Y entonces el hombre que tenía a su mujer apoyada en el pecho le dijo “quédate tranquila, ¿no ves Santiago ya es bandera?”.
Y así salió la caravana. Y algunos que no querían llegar hasta el cementerio al final llegaron, como arrastrados por “el brujo” que quería tenerlos de nuevo juntos. Por eso mientras el cura de la Isla Maciel reivindicaba los valores y el compromiso de Santiago, una joven anarquista gritó “¡Ni Dios, ni patria ni patrón!”, para después dejar al hombre terminar su plegaria.
Y después todos juntos gritaron, tres veces, que Santiago está presente.
Y alcanza con mirar su rostro y recordar que ya es un símbolo para cientos de miles de jóvenes, que reivindican su solidaridad y su entrega y reclaman justicia. O con mirar sus murales, llenos de colores, pintados en esas siestas inconmovibles de 25 de Mayo. Como ese que dice “han pasado 522 años de la masacre de América y aún continúa” con el rostro de dos mapuches. O el que asegura que “A la vida es necesario brindarle la rebelión exquisita del brazo y de la mente”.
La de hoy fue una despedida necesaria e importante, pero de ningún modo un adiós. Santiago vive en esas palabras, en esos muros, en ese rostro ya inconfundible, en el reclamo de verdad y justicia que no cesará.