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Red Internacional
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Balotaje. Scioli, Macri y una campaña para el gran capital

El amperímetro electoral hacia la derecha. La crisis en el kirchnerismo y la agenda de las patronales. Merlo y el país real. El voto en blanco y el ajuste por venir.

Eduardo Castilla

Eduardo Castilla X: @castillaeduardo

Jueves 12 de noviembre de 2015

El camino del 22N aparece marcado por dos relatos políticos que, crecientemente, convergen sobre la derecha. Lo hacen en función de obtener el mayor porcentaje posible de los votos conquistados por Massa. Pero también en pos de acercar la agenda a las verdaderas necesidades del gran capital imperialista y local. La demagogia desplegada no logra ocultar que los intereses del gran empresariado son prioridad para Macri y Scioli. Solo el llamado al voto en blanco, impulsado por el Frente de Izquierda, aparece como alternativa real.

Relato(s) por el piso

La campaña de Massa se volcó claramente hacia la derecha. Tópicos como la “inseguridad” y la lucha contra el narcotráfico acompañaron un relato “contra la vagancia”, que estigmatizaba por igual a docentes y a quienes recibían planes del Estado.

Antes del 25-O, Daniel Scioli, por su pertenencia a la coalición oficialista, estaba obligado a garantizar el voto de sectores progresistas que lo veían como lo que es, un hijo político del menemismo, y por eso desconfiaban. Eso le imponía al ex motonauta limitaciones a la hora de derechizarse.

El balotaje creó, en los hechos, una doble espada de Damocles sobre el progresismo kirchnerista. Está obligado a votar al más menemista de los candidatos de su coalición para evitar el ascenso de la “derecha” macrista y está, también, obligado a aceptar que Scioli pisotee tópicos centrales del Relato para llegar al votante de Massa.

El silencio de Cristina Fernández y la necesidad de apuntalar una carrera que se corre desde atrás –a pesar de haber triunfado- crea absurdos en el oficialismo. El mismo Sergio Berni que amenazó “actuar como en el Indoamericano” ante la toma de tierras en Merlo, sale a criticar a Macri por la pobreza en CABA. Scioli, mientras asusta con que Cambiemos trae “ajuste y la represión”, anuncia que impedirá los cortes de ruta en nombre del “derecho a circular” y será “impiadoso con los piquetes”.

El candidato del FpV debe demostrar, por lo menos en el discurso, que va a garantizar el “derecho a la circulación”, tanto de los individuos como de las mercancías que el gran capital exige. Ese “orden” es consustancial al ajuste que se prepara.

Petróleo y Relato

Intentando buscar algún punto donde golpear más claramente a Macri, Scioli salió a criticarlo afirmando que “va por YPF”, haciendo referencia a la intención de privatizarla. “Yo defiendo YPF” repitió, hasta el hartazgo.

Las privatizaciones siguen siendo, a más de 20 años, parte de la herencia “maldita” del neoliberalismo. La experiencia traumática para amplias capas de la sociedad las asocia a híper-desocupación, pobreza extrema y entrega nacional. De allí que hasta el macrismo deba hacer confesión de fe “estatista”.

Las críticas de Scioli a Macri parecen ajenas a la historia. Fue el peronismo el que sancionó la privatización de YPF en los 90’, con el apoyo de muchos oficialistas actuales, entre ellos Cristina Fernández. La crítica olvida que el kirchnerismo permitió, por casi una década, el saqueo de Repsol y que –a pesar de los furiosos ataques- le entregó una indemnización millonaria. Olvida también que esa pseudo-nacionalización afectó apenas un 17% de la producción en territorio nacional.

La parte progresista del “mini-relato” termina de caer cuando Scioli sale a defender el acuerdo secreto firmado con la multinacional Chevron, declarando que “existe confidencialidad entre empresas” frente a la resolución de la Corte Suprema que obliga a revelar las cláusulas del mismo. “Estatismo” para los votantes, privatismo puro para el gran capital.

Macri al gobierno, el Capital al poder

El ascenso político del PRO popularizó la frase “un país atendido por sus propios dueños”. El enunciado ilustraba el perfil de Macri, un empresario millonario, que pasaba a gerenciar la “cosa pública”.

El factor “capital” es común en las listas del PRO. En Córdoba fue Felipe Lábaque, empresario de la salud y presidente del Club Atenas, una de sus espadas en las elecciones provinciales. En Mendoza, una de las abanderadas de Cambiemos fue Susana Balbo, empresaria vitivinícola, integrante del staff de los principales exportadores de vinos del país…y también de algunos de los principales empleadores de trabajo en negro.

Cambiemos, en caso de llegar al poder del Estado nacional se propone incorporar, junto a los dueños, a los gerentes. Esto se está viendo en la provincia de Buenos Aires, donde María Eugenia Vidal ya definió entre sus ministros a un ex gerente general del Banco Central y, posiblemente también elija a un ex gerente de Monsanto.

Pero la intención es no andarse con chiquitas. Según señala una periodista de Clarín “quieren incorporar ejecutivos privados a la función pública. Apuntan a expertos argentinos que estén trabajando en Estados Unidos y Europa”. Cambiemos “hace patria” y también “vienen tentando en Capital y en el interior de Argentina a directores de empresas y también gerentes de medios”.

La consigna es un país atendido por sus propios dueños y gerentes.

Merlo y la Argentina real

Mientras los dos candidatos marchan hacia el 22N llenando el espacio público de promesas, demagogia y amenazas, los grandes medios de comunicación, desde una óptica reaccionaria, muestran el drama que viven miles de personas en Merlo y su lucha por un espacio para tener una vivienda. No es solo su drama, es el de 3 millones de familias a lo largo del territorio nacional.

Después de años de crecimiento, una imagen que se delinea en el país es la de torres de edificios lujosas, countries y barrios cerrados para los sectores más ricos de la sociedad. Pero para la clase trabajadora y el pueblo pobre la vivienda propia es, a pesar de todos los Relatos, casi un imposible.

La frase “década ganada” pierde sentido cuando se leen los testimonios de Ana, Héctor o Hilda, que ocupan tierras porque el Estado, en su versión kirchnerista, les impidió acceder a un hogar. En la ciudad que gobierna el PRO la realidad no es distinta. No por nada, ambas fuerzas políticas reprimieron juntos en el Parque Indoamericano en diciembre de 2010, causando 4 muertos. La respuesta al pedido de vivienda son balas y gases.

El país que viene es el país del ajuste, como lo anuncian los economistas del FpV y Cambiemos, junto a los grandes empresarios. La derechización política de Scioli y Macri busca los votos del massismo, pero también intenta empezar a mostrar el orden que el capital exige en interés de sus ganancias.

Como ya se ha señalado, el resultado del pasado 25 de octubre no implica que el ajuste que pretenden imponer sea un camino ya allanado. La demagogia desplegada en campaña es un indicador de una relación de fuerzas que deberá ser revertida mediante la lucha. El voto en blanco, impulsado por el Frente de Izquierda y otras organizaciones, aparece como una primera herramienta de resistencia a ese camino.


Eduardo Castilla

Nació en Alta Gracia, Córdoba, en 1976. Veinte años después se sumó a las filas del Partido de Trabajadores Socialistas, donde sigue acumulando millas desde ese entonces. Es periodista y desde 2015 reside en la Ciudad de Buenos Aires, donde hace las veces de editor general de La Izquierda Diario.

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