El lunes 26 de agosto fue asesinado el nicaragüense Rubén Loáisiga a 150 metros de la frontera, en territorio de Costa Rica. Según diversos testigos, seis hombres armados y uniformados entraron desde territorio nicaragüense, persiguiendo a Loáisiga, a quien finalmente le dispararon. Sin embargo no está del todo claro la secuencia de hechos.
Miércoles 28 de agosto de 2019
Carlos Alvarado, presidente de Costa Rica, presentó este martes "su más enérgica y rotunda protesta" ante Managua, por "las acciones de efectivos del Ejército de ese país". El gobierno de Ortega, por su parte, “rechaza las infundadas aseveraciones de las autoridades del Gobierno de Costa Rica, que pretende manipular la ocurrencia de un delito común con acusaciones falsas". También el gobierno de Nicaragua retiró a su embajador en Costa Rica y lo trasladó a Turquía.
Un conflicto artificial de larga data
Sea cual sea el camino que siga este episodio, es parte de una gran cadena de conflictos provocados por los aparatos cívico-militares de ambos estados, así como de los políticos de ambos lados de la frontera. Los últimos conflictos habían sido por la disputa territorial de Isla Calero, por humedales del Río San Juan (que sirve de frontera natural en ambos países) y un largo etcétera.
Estas disputas casi siempre se ven acompañadas de la elevación del tono por parte de los dos gobiernos y crean una distracción nacionalista cuyo objetivo es desviar las discusiones respecto de los problemas internos que afronten cada uno de los gobiernos.
Las causas de los conflictos
Entre dos estados que mantiene mucha similitud en sus rasgos nacionales y culturales, que además se encuentran cercados por dos enormes masas de agua como son el Océano Pacífico y el Mar Caribe y que tienen una historia de sometimiento al imperialismo estadounidense y herencia colonial muy similar, es natural que hayan desde siempre migrantes que van del norte al sur o del sur al norte.
Sin embargo, a raíz de la derrota de la Revolución Nicaragüense, la cantidad de migrantes de Nicaragua hacia Costa Rica se incrementó de manera dramática. Datos de FLACSO por ejemplo señalan que en 1984 habían unos 46 000 migrantes nicaragüenses, mientras que para el 2000 habían más de 225 000. Hoy se calculan alrededor de medio millón.
El salto migratorio se da no solo sobre la base de la derrota de la revolución sino también sobre la base del avance de la agenda neoliberal, especialmente con la atomización que se produjo en la clase obrera a partir de los gobierno de Thatcher y Reagan, así como de la desaparición de la URSS, la principal conquista política y económica que ha tenido la clase obrera.
Esta combinación hizo que la migración fuera recibida bajo un ambiente ultra reaccionario, creando las condiciones para desmoralizar a los trabajadores migrantes que habían participado en la revolución así como para desmoralizar con nociones nacionalistas, xenófobas y chauvinistas a la clase trabajadora costarricense.
Esta situación ha hecho posible que hoy, de manera prácticamente diaria, la prensa costarricense y la nicaragüense viertan ríos de tinta sobre lo que pasa al norte y al sur de la frontera, provocando mantener a ambos pueblos separados e incluso como enemigos.
Las consecuencias sobre la clase trabajadora
Las consecuencias de esta política xenófoba son muy graves para la clase trabajadora. No solo porque mucho de la formación de su conciencia política pasa directamente por las plumas envenenadas de los explotadores a uno y otro lado de la frontera, sino también porque las condiciones reales de vida de la clase trabajadora y sus derechos sindicales y políticos se ven lesionados.
El medio millón de trabajadores nicaragüenses sin estancia legal en el país es explotado a mansalva por empresarios costarricenses e imperialistas, en los trabajos más pesados como la agricultura a gran escala, la construcción y la seguridad privada, con salarios muy por debajo de lo legal, sin derecho a organizarse sindicalmente y sin derecho a elegir representantes políticos. Esta “ilegalización” de los trabajadores es un elemento de bloqueo para la organización de toda la clase trabajadora en Costa Rica.
Esta clase trabajadora migrante es usada por los empresarios para elevar la competencia entre trabajadores y reducir el salario hacia abajo, así como de hecho desmoraliza a una gran parte de la clase trabajadora pues se usa ideología de la burguesía para mantener a los nicaragüenses en situación de absoluta explotación y sin la solidaridad de sus pares costarricenses.
A su vez, la clase trabajadora costarricense pierde el legado histórico, el hilo rojo, de la lucha revolucionaria contra la explotación al trabajo, cayendo presa de las armas ideológicas del enemigo de clase. La clase trabajadora en Costa Rica no es pacífica (por lo menos no como lo dicen los gobiernos burgueses y algunos dirigentes sindicales) puesto que hay una buena parte de esa clase trabajadora que participó de la revolución. Y a esa clase trabajadora que hizo la experiencia de la revolución es a lo que más temen los gobiernos de Nicaragua y Costa Rica.
La clase trabajadora debe unificarse a ambos lados de la frontera
La vanguardia de la clase trabajadora costarricense, que estuvo en huelga general el año pasado y puso al gobierno de Alvarado y al FMI contra las cuerdas, ha dado un enorme ejemplo del poder político que contiene la clase trabajadora en su conjunto.
Es necesario que toda la clase trabajadora se unifique, tal y como han sido nuestras mejores tradiciones, que se vea como una clase que desde hace siglos no tiene nacionalidad, sino que es una clase internacional. Es por ello que los trabajadores organizados en sindicatos deben aprovechar sus condiciones de libertad de organización para impulsar la sindicalización de todos los migrantes.
Es necesario que los sindicatos de Costa Rica asuman la necesidad de luchar por todos los derechos sociales y políticos de todos los migrantes. Un par de pasos en ese sentido y toda la retórica xenófoba y nacionalista de ambos gobierno no dura un segundo más.
La clase trabajadora no tiene fronteras, pero los explotadores buscan mantenernos divididos, atomizados y en conflictos insalvables. Debemos oponer una férrea unidad, una denuncia implacable a los dos gobiernos y una exigencia de todos los derechos para todos los migrantes.