El día jueves 24 de septiembre, a eso de las 11:30 de la mañana, los trabajadores del Centro Tecnológico Postal tuvimos que interrumpir nuestro trabajo. De repente, comenzó un fuerte sonido, los compañeros y compañeras de los sectores de segunda clasificación, internacional y el track, se apuraban para llegar a un único punto, pifeas y bullas, reclamos y hasta risas. Lo que sucedía era insólito; la planta se estaba inundando, literalmente. Una de las tuberías se salió, y el agua corría como una cascada. Algunos muebles donde se cuarteliza parte del sur estaban empapados, las cartas y sacos de envíos también, y obviamente, los trabajadores y trabajadoras.
Flor Vargas Operadora postal, Correos de Chile
Lunes 28 de septiembre de 2015
Las jefaturas, en su mayoría, brillaban por su ausencia. Los trabajadores del aseo, entre el agua y el frío, intentaban apaciguar la situación con sus aspiradoras. Esto duró por lo menos más de 5 minutos. Todos estábamos impactados. Lo coherente, era cortar la luz y desalojarnos para poder resolver el problema. Pero no, a la gerencia y las supervisiones lo único que les interesaba era que volviéramos a nuestros puestos de trabajo a continuar con nuestra pega.
Es insólito y grosero, pero son las condiciones en las que los trabajadores de las empresas del Estado día a día llevamos adelante nuestra jornada laboral. Lo que cuenta, son los criterios de productividad. Es normal que en el CTP toda lluvia acarree goteras, muebles y computadores que se mojan cada vez, bandejas repartidas en el suelo de la planta para poder subsanar de alguna forma las goteras, y son nuevamente los trabajadores del aseo que tienen que resolver estos problemas. A esto, se suma que el día miércoles 16, cuando ocurrió el terremoto, fueron los mismos compañeros los que se desalojaron, y al terminar este, algunas jefaturas seguían insistiendo para que se cerraran sacos y se despacharan envíos.
¿Es que acaso no hay plata para arreglar los problemas de infraestructura? ¿No hay plata para resolver el problema de hacinamiento e invertir en nuevos y mejores muebles y computadores (los computadores que utilizamos son de los 90)? No. Lo que más ha aumentado desde que se disparó la paquetería en el correo, son las utilidades. Los trabajadores partimos ganando el sueldo mínimo, pero este, luego del paso a planta y años de trabajo, no aumenta. Entonces ¿en qué se invierten los millones que ingresan a la empresa? Se invierten en los sueldos de la gerencia. Faccilongo, actual gerente de la empresa, factura mes a mes, sobre la media de lo que ganan las gerencias en Chile, es decir, más de $22.000.000 (lo que ya es espantoso comparado con los $240.000 de suelo mínimo que percibimos muchos de los y las trabajadoras en Chile, sin considerar los descuentos), a lo que se suma el porcentaje de renta variable. Por lo que podríamos hacer un estimativo de aproximadamente $30.000.000 al mes.
¿Qué podemos hacer los trabajadores?
El SOP (Sindicato de Operadores Postales), brilló por su ausencia, y los delegados, no hicieron más que pasearse y hablar por wasap, es decir, no pelearon por una cosa básica para los y las compañeras.
Las condiciones en las que nos encontramos los trabajadores de Correos de Chile, con CDP´s y plantas que se llueven, sin baños aptos y muebles y computadores en pésimas condiciones, no hacen más que develar la realidad de los trabajadores de las empresas del Estado. Pero hay soluciones. Hoy, mientras los parlamentarios y gerentes en Chile reciben sueldos de millones y se organizan para hacer las leyes a su medida y garantizar su enriquecimiento mensual a nuestra costa, los trabajadores debemos alzar la cabeza y dar nuestra propia salida, organizándonos de manera unida, reclamando y exigiendo nuestros derechos, y sobre todo, fortaleciendo nuestros sindicatos y sus delegaciones con compañeros y compañeras que quieran pelear por los trabajadores, sin ser serviles a los intereses de la empresa.