La resolución de la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación trascendió las fronteras y se instaló en las primeras planas de los principales medios del mundo. Incluso en redes sociales se disparó la noticia de que había resuelto legalizar el consumo lúdico del cannabis, así como su siembra y consumo personal. Aunque al poco rato se aclarara que la resolución aplicaba únicamente para cuatro amparos individuales, la resolución de la SCJN abre desde ahora un debate en torno a la legalización de la marihuana y el impacto que tendría de conseguirse.

Nancy Cázares @nancynan.cazares
Jueves 5 de noviembre de 2015
La resolución de la SCJN, como plantean muchos medios, puede generar un importante precedente que ponga en cuestión la línea prohibicionista imperante, al abrir la puerta para la futura legalización de la tenencia y el consumo. En ese contexto, la resolución no incluye venta, suministro o distribución de la planta, y el gobierno federal, en sus primeras declaraciones sobre esta noticia, hizo hincapié en que este fallo no representa la legalización del consumo de marihuana y “no implica la eliminación de esta política que el gobierno federal ha mantenido”, refiriéndose al decomiso y destrucción de plantíos y cargamentos de la hierba. En su comunicado, Enrique Peña Nieto aseguró que este evento llevaría eventualmente a la discusión de políticas para la regulación de su consumo. La postura de EPN y de los funcionarios de su gobierno ante esta resolución ha buscado mantener la imagen de su administración como alineada a los dictados de Washington y el “combate contra las drogas”.
Declarada ilegal en 1920 por el gobierno mexicano, la marihuana es consumida en nuestro país con fines medicinales, terapéuticos y lúdicos. Pese a la prohibición, sigue cultivándose y distribuyéndose sin más regulación que la que la corrupción y los negocios del narcotráfico le han dado. En torno al consumo de enervantes ha surgido toda una mafia (los carteles del narco) que basan sus ganancias extraordinarias justamente en el tráfico y la venta de sustancias ilegales en México y Estados Unidos y en la colusión con distintos niveles del estado, esto mientras el estado criminaliza a quienes los consumen antes que vulnerar el negocio millonario que el tráfico de drogas significa.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las ganancias del narcotráfico equivalen 8% del comercio mundial, es decir, 500 mil millones anuales ¿estas ganancias son sólo por la venta? No. Estas ganancias son posibles porque la producción y distribución de drogas es ilegal y el precio se dispara y se rodea de otros fenómenos, como tráfico de armas, de personas o de órganos.
Narcotráfico y militarización
La supuesta lucha contra el narcotráfico –impulsada durante la administración del panista Felipe Calderón, pero traída directamente desde la Casa Blanca- no ha generado sino violencia, muerte, despojo y desplazamientos forzados. Ante los reclamos de las comunidades por al aumento de la violencia entre cárteles que peleaban la plaza, el gobierno federal importó inteligencia y armas de Estados Unidos, destinó millones de pesos al ejército y a la policía. Y es que esta es la única salida que ofrecen: militarización del país y la criminalización del consumo de drogas. Los muertos los ponemos de éste lado y su cifra rebasó desde hace mucho los ciento cincuenta mil.
La fosas clandestinas, el tráfico de órganos, las redes de trata, la desaparición forzada, el lavado de dinero, las masacres, son fenómenos reaccionarios que se instalaron en México y lo convirtieron en un país demencialmente violento, producto de un fenómenos social impuesto por la “guerra contra el narcotráfico”. Para los marxistas esta guerra con tintes de limpieza social debe ponérsele freno.
El papel del ejército se ha desenmascarado con casos como los de Tlatlaya, Ostula y, emblemáticamente, el de Ayotzinapa, fungiendo como uno de los brazos represivos más brutales, de cuya violencia e impunidad no dejamos de tener noticia. Una de las últimas cartas con que el Gobierno Federal había intentado legitimar el despliegue militar en el país se encuentra ahora prófugo y sin más posibilidades de ser reaprehendido hoy que días después de su fuga: Las condiciones en las que Joaquín “El chapo” Guzmán escapó de presidio continúan investigándose.
Un negocio millonario
La legalización plena de las drogas implica atacar el narcotráfico y su negocio, aunque, como hemos dicho, los carteles devienen sus ganancias extraordinarias del monopolio de los distintos niveles de la producción y comercialización de las drogas y otras actividades aberrantes. Los millones que produce este negocio no están sólo en manos de los cárteles que operan en todo el globo y que tienen asolados a países como México y Colombia (por mencionar sólo los más emblemáticos en América), sino también en los empresarios de cuello blanco que ayudan a “limpiar” miles de millones de dólares a través de sus bancos y proyectos fraudulentos. Que la droga sea ilegal le conviene a los capitalistas, los políticos patronales y los poderosos.
En ese marco y frente a la resolución de la SCJN, hay que luchar por lograr la legalización de la marihuana y todas las drogas a nivel nacional, una demanda elemental como parte de luchar contra cualquier injerencia del estado en nuestros cuerpos y nuestras decisiones.
La legalización de la marihuana es parteaguas en esta discusión. Sus efectos y sustancias que la componen siguen investigándose y, según datos vertidos por Óscar Prospero García durante una conferencia de la Academia Nacional de Medicina realizada en el Centro Médico Nacional Siglo XXI, sobre marihuana y salud el pasado 19 de agosto, la marihuana tiene alrededor de 400 compuestos químicos, de los cuales se han investigado únicamente dos.
El debate, empero, continúa. Por lo pronto, el PRI y el Morena, dirigido por Andrés Manuel López Obrador, consideran que debe realizarse una consulta pública por la legalización de la marihuana. El PAN sólo propone someter a debate la cuestión. Y el PRD dijo apoyar la liberalización del consumo. Pero incluso, aunque se logre la legalización plena de la marihuana, eso no significa que se legalice el consumo de todas las drogas. El derecho a decidir sobre el propio cuerpo y la legalización de las drogas no vendrá de los partidos tradicionales ni de los ministros del Estado.