Se suma el Partido Comunista al quiebre luego de que el Frente Amplio anunciara hace tres días poner fin al pacto administrativo de gobernabilidad que mantenían en la oposición.

Fernanda Iturrieta Trabajadora postal CorreosChile
Lunes 21 de enero de 2019
A pesar de las promesas por parte del Frente Amplio de ser representantes de la voz de la ciudadanía, la "oposición" este año no se vio como tal y el gobierno pudo pasar ataques como la ley de Aula Segura, la cual profundiza la represión y avala la expulsión de estudiantes de recintos educacionales tachando a un sector de “delincuentes”. Así como también la Ley Migratoria, que en la misma línea de Trump, pretende reforzar la idea de “inmigrante delincuente/inmigrante bueno” y poner muchas más trabas en las fronteras para quienes vengan a Chile en el marco de una crisis migratoria internacional. Esto, porque la Democracia Cristiana y el Partido Radical le han votado durante todo el año, las leyes al gobierno, contradiciendo su acuerdo de ser “oposición”.
¿Que tipo de oposición se necesita?
Es irrisorio, en primer lugar, pensar una oposición que realmente juegue ese rol con un partido golpista como la Democracia Cristiana, o partidos que administraron el modelo neoliberal como la Concertación durante los 20 años siguientes de la pronunciación de la democracia pactada.
A pesar de que el Frente Amplio y el PC pretenden quebrar este acuerdo de gobernabilidad, siguen compartiendo la estrategia institucional de conseguir ganadas parciales a través de tira y afloja en el parlamento con las distintas fuerzas políticas que hay y ser el ala izquierda del régimen pero sin quebrar con él, en el sentido de ser una “oposición responsable”.
Esta lucha parlamentaria está lejos de ser una solución a los problemas de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud. Aunque el Frente Amplio logre su ambición de conquistar mayoría parlamentaria, su estrategia institucionalista es impotente para enfrentar a la derecha y los mayores embates que se vienen ahora, con un Bolsonaro en Brasil y un Macri en Argentina.
Como se vio en Francia con las chaquetas amarillas, es que con movilización y enfrentamiento con la policía se pueden hacer retroceder los ajustes, como en ese caso el alza del combustible, ya que sólo con la fuerza en las calles y la autoorganización en lugares de trabajo y estudio se enfrenta realmente a la derecha.
Por ejemplo, se pudo haber desarrollado lo que fue el paro portuario y llamado a paro nacional para rodear de solidaridad su lucha y que la tomaran más sectores, sin embargo por el silencio de las centrales sindicales como la CUT (PC) o el Colegio de Profesores (FA) esto no sucedió ni confluyó con el descontento por el asesinato de Camilo Catrillanca, no profundizando un cuestionamiento político que podría haber sido encarnado por una oposición real en las calles.
Gracias a esto, el gobierno que estaba tambaleando en plena crisis de Carabineros, logró poner paños fríos al conflicto interviniendo directamente. Lo mismo con la demanda de “Fuera Chadwick”. En vez de poner la fuerza en una gran campaña para poner fin inmediato a la desmilitarización en la Araucanía y la disolución del Comando Jungla, el foco estaba en si Chadwick seguía o no seguía sin problematizar que si sale, es el mismo Piñera quien debe elegir a otro igual o peor, y que estructuralmente no cambia nada.
Lo que se necesita es una alternativa política que se proponga dar esas batallas, para así enfrentar los planes de ajustes y precarización a la clase trabajadora que el Gobierno ya está impulsando, como lo es la reforma previsional, la laboral y la tributaria. Reformas que servirán para profundizar el neoliberalismo y asegurar las ganancias de los empresarios.