Las imágenes de la caída del techo del Sanatorio de Niños de Rosario se volvieron virales apenas pasada la tormenta. Mientras el gobierno de Alberto Fernández recorta el presupuesto de Salud pública, comenzamos a ver los efectos de la desinversión en el sector privado.
Lunes 17 de enero de 2022 20:02
El domingo 16 a la noche, apenas comenzada la tormenta y con una sala llena de pacientes y trabajadores, una parte considerable del techo de la guardia del Sanatorio de Niños de la ciudad de Rosario colapsó bajo el peso del agua acumulada, quedando registrada la escena en videos que se hicieron virales en forma inmediata.
Fuente: Ojo de Prensa
Si bien los medios locales y nacionales transmitieron la versión oficial de que se desconocían hasta el momento las causas del suceso, argumentando que se trataría de un desperfecto en el sistema de desagüe, las causas más profundas son fáciles de identificar.
El Sanatorio de Niños forma parte de la enorme red de instituciones del Grupo Oroño, uno de los grupos económicos más poderosos de la ciudad de Rosario que ha crecido a pasos agigantados en las últimas dos décadas a partir de contactos políticos, contratos y concesiones dudosas y falta de inversión. En lo que concierne a edificación, tanto las instituciones que el Grupo Oroño inaugura año a año como las ampliaciones que realiza en las instituciones ya existentes muestran una constante: construcciones precarias y de escasísima seguridad, como se pudo ver en este caso en el que por puro azar ninguno de los pacientes ni trabajadores del sanatorio salió herido. Las razones por las cuales se opta en estos casos por la construcción en seco son obvias: se trata de una modalidad rápida y económica, que permite adaptar el ritmo de construcción a la voracidad de los accionistas de los grupos económicos, quienes responden a un solo objetivo, engordar sus bolsillos a costa de la salud y las condiciones de trabajo de sus empleados.
La llegada del neoliberalismo a nuestro país durante las últimas décadas del siglo pasado trajo consigo la promesa de la privatización de la salud (entre otros bienes públicos) como solución a servicios deficientes, deficitarios e insuficientes, convenciéndonos de que la mano invisible del mercado era suficiente para garantizar una mejora espontánea y sistemática en la calidad de los servicios. Quienes decidieron el presupuesto a asignar para la construcción de la guardia del Sanatorio de Niños evidentemente no se enteraron de tales promesas.
Desde La Izquierda Diario hemos denunciado en forma reiterada las ganancias obscenas obtenidas durante la pandemia por el sector privado de la salud a fuerza de negociados con el Estado, ganancias que no se han traducido en reinversiones ni en acceso a la salud para una población en situación de emergencia sanitaria. Y en contraste con la decisión del gobierno de Alberto Fernández de recortar $ 225 mil millones en Salud, Educación y partidas sociales, desde el PTS en el Frente de Izquierda Unidad estamos convencidos de que la única salida a la emergencia sanitaria que atraviesa el mundo es la unificación y centralización del sistema de salud bajo la órbita estatal con control de trabajadores y profesionales de la salud, que permita aprovechar de manera racional los recursos tanto del sector público como privado, y que garantice el acceso de todos los individuos, de manera gratuita, a dichos recursos.
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