Las provincias que más suelo pierden son Neuquén y Misiones, y significa un avance en la pérdida de sostén vital de sistemas naturales y sociales. ¿Es natural o es responsabilidad del capitalismo?
Martes 2 de enero de 2018 20:12
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Según un estudio reciente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en Argentina la tasa media de erosión por agua (lluvias) es de aproximadamente seis toneladas por hectárea (una manzana de superficie) cada año, una capa de 0,5 mm de espesor. Esto sumando todo el territorio nacional representa unos 1500 millones de m3 de suelo que cada año la lluvia arrastra hacia los ríos, terminando en el mar.
Tendencia decreciente de la fertilidad
Las provincias que más suelo pierden son Neuquén con 2 mm por año (22 Tn/ha/año) y Misiones con 1,7 mm por año (17,94 tn/ha/año), lo que significa un avance en la pérdida de sostén vital de sistemas naturales y sociales de la región.
Este fenómeno se multiplicó en las ultimas décadas: el último estudio realizado en 1988 concluía que la superficie afectada era de 25 millones de hectáreas, mientras que en 2015 otro estudio actualizó la cifra a 64 millones. Según el ultimo estudio científico de 2017, alrededor del 26 % del país, 72 millones de hectáreas, presenta niveles de erosión hídrica que superan las tasas tolerables. ¿Que pasó en estos últimos 30 años?
Fuente: INTA
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Expansión de la agricultura, desmonte y sojización
Algunas de las causas de los procesos erosivos son la simplificación de la rotación de cultivos y monocultivo, desmonte y expansión de la frontera agrícola, sobrepastoreo y el cambio de uso del suelo, influyendo también los incendios de bosques y pastizales, las labranzas inadecuadas y la actividad petrolera. La actividad agrícola pasó de 21 a 36,5 millones de hectáreas. La expansión de la frontera agropecuaria a costa de la deforestación y la incorporación de tierras al cultivo intensivo de granos y monocultivo de soja afectó a muchas provincias del centro y norte del país.
Esta pérdida de suelo por lluvias significa, además de la degradación de ecosistemas en general, una pérdida de capacidad de producción de alimentos que en valores monetarios están calculados en U$S 29 millones anuales. Al cabo de 10 años, sin tomar contramedidas como reforestación o un uso racional del suelo, el crecimiento de la tasa de erosión terminaría sumando U$S 1.645 millones y dejando zonas irrecuperables para las flora, fauna y pueblos de la zona.
Si a esto le sumamos una mayor frecuencia de lluvias torrenciales ligadas al calentamiento global, relevadas en la investigación del Centro de Investigación del Mar y la Atmósfera (CIMA-UBA), tendremos el cuadro completo de los efectos sobre las bases naturales de la necesidad de crecimiento constante e infinito del capital y de la necesidad de una reforma agraria y la planificación racional de la sociedad bajo el control democrático de obreros y campesinos.
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