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Red Internacional
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POLITICA. Según informe PNUD aumenta la politización y el conflicto en Chile

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó su documento "Desarrollo Humano en Chile 2015: tiempos de la politización", donde plantea que en Chile está aumentando la politización y el conflicto.

Nicolás Miranda Comité de Redacción

Miércoles 22 de abril de 2015

Algunas definiciones

Comienza por dar cuenta que “la sociedad chilena se encuentra en un proceso de debate: ¿qué país queremos?, ¿qué debemos cambiar y qué deseamos mantener?, ¿quiénes deben participar en la toma de decisiones?”.

Destacan que “hoy se ponen en cuestión asuntos que antes se daban por sentados, y lo que antes resultaba inviable hoy parece plausible”.

Afirma que “aparecen nuevos actores que tensionan la configuración y el ejercicio del poder en la sociedad”, haciendo una “redefinición de los límites de lo posible”.
En base a esto, define la politización como la “disputa sobre aquello que puede y debe ser socialmente decidido”.

Señala que la politización recorre todo el espacio social: como ampliación de la discusión pública, como aumento de la conflictividad y la movilización social, como involucramiento ciudadano.

Constata esto de que todo está en cuestión: “hace cuatro años la legitimidad de la Constitución estaba zanjada; el emprendimiento privado en educación no se discutía; el sistema previsional basado en capitalización individual estaba legitimado por la propia Concertación; el concepto de soluciones privadas a los problemas públicos se encontraba vigente. Todas “certezas” que hoy están en tela de juicio”.

Podríamos agregar también que son afirmaciones que desde la izquierda se han hecho, como por ejemplo en la revista La Batalla del Partido de Trabajadores Revolucionarios, y que ahora reciben confirmación de la intelectualidad en Chile.
No es sólo el debate público. Es también la conflictividad social. En el Informe se señala que adquieren una incidencia creciente los movimientos sociales, incorporando temas y demandas a la discusión pública, que aumentan las acciones de protesta y el número de personas involucradas en ellas, volviéndose una experiencia recurrente en la vida cotidiana, y que aumenta también la legitimidad de esas manifestaciones.

Agrega que “disminuye la proporción de conflictos ‘acotados’, es decir, aquellos cuyo motivo de acción apunta a cuestiones particulares que atañen solo a los directamente involucrados (como una huelga en una empresa por un mejor salario), y aumenta la proporción de eventos de protesta cuyas demandas apuntan a las políticas o reglas que atañen a un conjunto más amplio de personas (por ejemplo, un cambio en la
legislación que regula el derecho a huelga). En otras palabras: la politización se expresa no solo en el aumento sostenido de la acción colectiva, sino también en el cambio de la naturalezade lo que a través de ella se demanda”.

También podemos decir que desde la misma revista La Batalla se constataba este fenómeno, sosteniendo que no sólo se había abierto un “nuevo ciclo político”, sino que también un “nuevo ciclo de la lucha de clases”.

Algunos datos

Este proceso de politización, de disputa, se refleja en algunos datos que construye el estudio.

Señala que si bien la elite antes tenía una percepción homogénea de su poder, hoy eso se resquebraja: un 41% de la elite económica siente que en el último tiempo ha perdido poder, mientras que un 68% de la elite social siente que ha ganado poder.
Con relación a “los cambios” (Salud, Educación, Constitución), si en el 2004 el 61% decía que requerían tiempo, el 2014 un 61% dicen que “hay que actuar rápido los cambios no pueden esperar”.

Con relación a la toma de decisiones colectivas se registra que existe una fuerte preferencia por formas directas y horizontales de tomar decisiones (tales como plebiscitos o asambleas) y un fuerte rechazo a las decisiones tomadas exclusivamente por los gobernantes.

Como límites se señalan que “si bien las personas manifiestan interés en lo político, experimentan al mismo tiempo dificultades para traducir ese interés en acciones”. Al preguntar en su cuestionario sobre “diversas alternativas de participación y se les confronta a los costos asociados a ellas (por ejemplo, en tiempo libre), quienes declaran estar dispuestas a participar merman ostensiblemente. Un 35% manifiesta tener disposición a dedicar su tiempo libre para organizarse junto a otros, y un 45% declara su disposición a votar varias veces en el año para tomar decisiones”.

Y se mantendría un temor al conflicto social: al preguntar el cuestionario sobre “el rol que desempeñan los movimientos sociales como catalizadores de la posibilidad de hacer cambios profundos, solo un 33% piensa que las movilizaciones han sido más bien positivas para el país”.

Se constata un abismo entre la elite y la ciudadanía. Al ser consultados sobre si el estado debe asumir la provisión de derechos, por ejemplo en Salud, Pensiones, Educación, entre “la elite” lo aprueba un poco más del 20% y entre “la ciudadanía” casi el 80%. que el país está inmerso en un debate profundo acerca de lo que puede decidirse en sociedad, lo que quiere, qué cambiar, qué mantener y, sobre todo, acerca de quién y cómo se deben tomar las decisiones colectivas.

Más del 75 % de los chilenos demanda cambios profundos y rápidos en los ámbitos de la salud, educación o pensiones, como también en la Constitución política, según un informe del PNUD entregado hoy a la presidenta Michelle Bachelet.

El documento, titulado “Desarrollo Humano en Chile 2015: tiempos de la politización”, plantea que el país está inmerso en un debate profundo acerca de lo que puede decidirse en sociedad, lo que quiere, qué cambiar, qué mantener y, sobre todo, acerca de quién y cómo se deben tomar las decisiones colectivas.

El representante residente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Chile, Antonio Molpeceres, señaló que el estudio pretende ser una contribución a esos debates.

“Es una invitación a una conversación colectiva. Discernir qué caminos son los más deseables y los más viables para construir el desarrollo humano que se requiere, de una deliberación social amplia a la cual esperamos se sumen la mayor cantidad de ciudadanos”, añadió.

Comparado en el tiempo, el informe constata que esta demanda (de los chilenos) “es hoy más exigente que antes”.

Así, por ejemplo, si en 2003 dos tercios de las personas consideraban que “las soluciones necesitan tiempo”, diez años después dos tercios opinan que “se debe actuar rápido porque los cambios no pueden esperar”.

Tras recibir el informe del PNUD en el Palacio de La Moneda, sede del Ejecutivo, Bachelet dijo que el estudio “es particularmente oportuno”, pues da pistas importantes del momento de inflexión que vive Chile, “donde esa distancia entre ciudadanía y orden institucional se ha vuelto muy amplia”.

En opinión de la mandataria “el informe del PNUD nos confronta a la necesidad de cambios que hoy cruza a la sociedad chilena y que hemos escuchado”.

“Una necesidad sentida de cambio a la que parece no bastarle que hoy llevemos adelante un programa de reformas profundas, sino que requiere que lo hagamos también abriendo las puertas de la participación en las determinaciones y definiciones que vamos tomando como país”, agregó.

De hecho, el informe destaca que los chilenos desconfían que los cambios que puedan concretarse estén a la altura de sus demandas y estiman que es probable que se produzcan cambios menores, que estos impliquen más costos que beneficios, que su impacto se exprese únicamente en un plazo muy largo y que, finalmente, solo se lleven a cambio los cambios que las élites permitan.

En esta línea, el análisis muestra una gran distancia entre esas minorías privilegiadas y la ciudadanía.

Mientras un 47 % de la gente piensa que es necesario que las cosas cambien radicalmente, solo un 20 % de las élites piensa igual.

Además, un 66 % de las personas cree que se necesitan cambios a la Constitución Política y solo un 38 % de esas minorías piensa lo mismo.

Bachelet reconoció en su discurso el ambiente de crispación y cuestionamiento a instituciones y organizaciones que vive Chile y aseguró que se puede ver “hasta qué punto se ha ido agudizando la tensión entre la política y lo político, entre el espacio institucional donde se procesan los cambios y las demandas sociales”.

“Por eso, es relevante la reforma del sistema tributario y la instauración de un nuevo sistema electoral que, junto con otras reformas, nos permitirá tener una democracia más representativa, legítima e inclusiva a los ojos de los ciudadanos”, dijo.

Para Rodrigo Márquez, coordinador del Informe sobre Desarrollo Humano, el actual proceso de politización que se vive en Chile expresa “tendencias de largo plazo” de la subjetividad de las personas.

“La gente seguirá demandando cambios profundos y a pesar de sus propias dudas y limitaciones se mantendrá involucrada de diversas maneras presionando a las élites a ejercer su poder y su conducción de manera distinta a como lo han venido haciendo hasta hora”, añadió.