La escasez y la mala calidad del agua continúan para la mayor parte de la población, la administración del recurso debe estar en nuestras manos.
Maestra Teresa Aguilar Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Jueves 13 de mayo de 2021
Las lluvias y tormentas que comenzaron con el mes de mayo pueden resultar benéficas para el abastecimiento de algunas de las raquíticas presas en el territorio mexicano, sin embargo, la sequía y el aumento de la temperatura continúan predominando.
Hasta hace unos días la Comisión Nacional del Agua (Conagua) había informado un 84.9 % del país en condiciones anormales de sequía.
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Este hecho se puede seguir extendiendo y fortaleciendo, hasta llegar al grado de las sequías históricas de 1996 y 2011, pues el calentamiento global ha ido avanzando, esto, además de la falta de agua aumenta la presencia de incendios forestales y pastizales.
Hasta el 26 de abril, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) reportó 96 incendios forestales activos en 19 estados del país, lo que podría ocasionar un daño de alrededor de 35 mil hectáreas de las que 3 mil 600 pertenecen al estado de Tamaulipas.
Al mismo tiempo, el Servicio Meteorológico Nacional dio a conocer que la sequía ha incrementado en regiones de Zacatecas, Coahuila, Chihuahua y Sinaloa.
Hasta entonces, el mayor porcentaje de sequía corresponde a un nivel severo con 34.91 %, la escasez de lluvia y el aumento de temperatura en varios estados también han llegado a grados históricos.
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No es la humanidad, es el modo de producción capitalista
En el mundo, el 80 % de las aguas residuales, sobre todo de los desechos industriales, retornan al ecosistema sin ser tratadas o reutilizadas, es decir, contaminándolo. La extracción mundial de agua se destina principalmente a la agricultura, que representa un 70%. En general, la sobreexplotación del recurso rebasa el ciclo natural.
En México, las industrias más contaminantes son las embotelladoras y las refresqueras, el 76.6 % del agua se destina al riego agrícola, el 14% al consumo doméstico y el resto a industria no alimentaria y electricidad.
El hecho de que la administración pública privilegie las concesiones sobre el abastecimiento de agua a toda la población, ha creado una enorme brecha entre quienes tienen acceso y quienes no. El 70 % del agua está concesionada al sector privado, que representa al 2 % de los usuarios; mientras 41 millones de mexicanos carecen de suministro de agua a diario y 8.5 millones no tienen conexión a redes de agua potable.
Las empresas Femsa (Coca Cola, Ciel), Pepsico (E-pura) y Danone (Bonafont) son las principales acaparadoras del agua. Esta sobreexplotación de los mantos acuíferos es la principal causa de la extinción de los glaciares, como el Ayoloco del volcán Iztaccíhuatl y mientras las autoridades gubernamentales sigan permitiendo el saqueo y dejen totalmente impunes a las empresas por sus crímenes ambientales, la extinción de los glaciares en el mundo seguirá avanzando.
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El aumento de costos a la canasta básica por la pérdida de cultivos y ganado, así como la necesidad de importar cereales –como el maíz– para abastecer a la población, pueden despertar descontento por la situación que se enfrenta en torno al agua, tanto en contra del acaparamiento de las grandes industrias como por la falta de suministro en los hogares.
En la CDMX, se esperan recortes a partir del 16 de mayo y en Nuevo León suspenderán el suministro si no hay lluvias en dos meses, mientras que en varias colonias y comunidades del país se usa el suministro a través de pipas, incapaces de abastecer a toda la población. Aunado a la escasez, las enfermedades por la mala calidad del agua ya se han manifestado en Puebla y Tamaulipas, principalmente en Tampico y Altamira con más de mil casos de diarrea.
Las y los trabajadores del campo y la ciudad, junto a nuestras familias, los campesinos, los pobres urbanos y los pueblos originarios, somos quienes podemos garantizar que el agua potable que hoy falta en nuestros hogares, llegue a todos sin privilegiar el enriquecimiento de unos cuantos. Urge una administración racional del recurso, a favor de la vida y del medio ambiente.