El Estado de México desde hace algunos años se ha convertido en uno de los que tienen mayores niveles de violencia contra las mujeres, ocupando el primer lugar en feminicidios.
Sábado 26 de febrero de 2022
La terrible realidad de la violencia que décadas atrás denunciaban mujeres, madres y feministas en Ciudad Juárez alertando las implicaciones que dejaba la militarización en el estado fronterizo hoy son parte de un cáncer que se extiende sobre el país. Podemos hablar de una Juarización del país, como afirmó Rita Segato, en una conferencia el año pasado en la 35 Feria Internacional del Libro en Guadalajara.
El Estado de México hoy ocupa el primer lugar en feminicidios a nivel nacional pese a la Alerta de género emitida en 2015 y es uno de los estados con mayor violencia contra las mujeres. Y como ocurre con los feminicidios en Juárez y en otras partes del país, la violencia se extiende en las zonas periféricas, en los barrios industriales y fabriles, en las colonias con mayores niveles de desigualdad.
¿Quienes eran ellas? En en su mayoría niñas y jóvenes, principalmente mujeres pobres y trabajadoras, fueroo y son las víctimas de feminicidio. Las niñas que muchas veces están solas porque sus familiares laboran todo el día; jóvenes que salen muy temprano o regresan muy tarde después de la jornada laboral por zonas inseguras, sin alumbrado público, sin transporte seguro.
Esta situación alarmante ha sido permitida por el Estado con la impunidad en la que se mantienen la mayoría de los casos, donde las autoridades incurren en un sinnúmero de irregularidades, violentan los derechos de las mujeres a la vía, integridad personal y acceso a la justicia, en el que se involucran distintos niveles de gobierno y de justicia y, principalmente, a la Fiscalía General de Justicia de cada entidad federativa.
Ante esta situación el año pasado Amnistía Internacional publicó un informe en el que demuestra que las autoridades actúan con negligencia, amenazan a familiares y no examinan las líneas de investigación.
Esto se cruza con la condicionalmente estructural que alimentan la violencia contra las mujeres: la desigualdad, la feminización de la fuerza laboral, los bajos salarios y, durante los últimos tres años, con el aumento de la militarización en la región.
Como han denunciado los familiares víctimas de feminicidios, organizaciones de mujeres y feministas, en el Estado de México es uno de los lugares más peligrosos para ser mujer y pese a la emisión de la Segunda Alerta por Violencia de Género, ahora por el incremento de la desaparición de niñas y adolescentes en varios municipios, la vida de las mujeres sigue sin protegerse.
Ante este crudo panorama, la fuerza y organización de las mujeres, junto a las disidencias sexuales y aliados varones puede poner un freno a los feminicidios, a la violencia contra las mujeres y conquistar mejores condiciones de vida, y exigir justicia para todas las mujeres.

Mariana Morales
Socióloga UNAM - Profesora la Facultad de Economía UNAM