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Red Internacional
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CAMPANA. Sin casualidades: “Ellos se quedaron con los bienes, el pueblo con sus muertos”

Gentileza para LID, del portal de noticias locales de la ciudad de Campana y Zárate, Enlace Crítico, transcribimos la incisiva carta de José María Iglesias.

Jueves 23 de octubre de 2014 18:24

El acto dirigido por la funcionaria de la Nación Judith Said, por el funcionario de la Provincia Nicolás Carvalho y el intendente de la ciudad Caffaro,, que desde ayer señaliza a la Base Naval de Zárate como Sitio de la Memoria del Terrorismo de Estado, no admitió “por no figurar en el protocolo”, las palabras de José María Iglesias, ex detenido ilegal en ese mismo lugar y torturado por la dictadura.

Gentileza para LID, del portal de noticias locales de la ciudad de Campana y Zárate, Enlace Crítico, transcribimos la incisiva carta de José María Iglesias en la que reflexiona sobre la protección a la impunidad, la estrecha relación de la dictadura con poderosos empresarios y el rol de una generación de 30 mil que pretendía “una sociedad mas justa, más libre y más feliz.”

La memoria, es la fuente de nuestras capacidades humanas.
Hoy estamos haciendo uso de nuestra memoria, para que los hechos más trágicos ocurridos en la historia de nuestro país, sean recordados por nuestros contemporáneos y las futuras generaciones.
Decenas de miles de seres humanos debieron pagar hasta con sus vidas, la osadía de pretender una sociedad más justa, más libre y más feliz.
Lo mejor de nuestra sociedad, al menos aquellos que habían comprendido el mensaje, recibido de una cultura sin limitaciones, fue diezmada.
Una generación de argentinos, dispuestos y preparados para ejercer la democrática función de gobernar el país, encontraron la muerte, la cárcel, o el destierro.
El recuerdo y el amor por todos ellos, es todavía, después de tantos años, una llaga viva. Miles de madres, esperan todavía el regreso, aunque más no sea un pequeño huesito de ese hijo, para darle sepultura y sentir que descansa en paz.
Pero la memoria, siempre la memoria, nos exige algo más que un duelo recordatorio. Nos exige que expliquemos porque ocurrió todo eso.
No aparece una generación espontánea de represores, que desaparezcan de pronto, a 30 mil seres humanos. No fue el odio racial ni religioso el que movió las estructuras y los mecanismos represivos, de la más baja naturaleza humana.
Busquemos pues, entre los que fueron beneficiados por la represión, y encontraremos a los verdaderos culpables del horror argentino.
Para la Justicia, en cualquier lugar del mundo, lo esencial, ante cualquier delito, es determinar los motivos y sus beneficiarios. Y en Argentina hubo motivos y beneficiados.
Los asesinos uniformados, respondieron obedientemente a las consignas que moldearon su conducta en los cuarteles.
Los poderosos del sistema económico, utilizaron esa herramienta y convirtieron prácticamente a toda la América Latina, en un campo de concentración y una piñata económica.
Después de casi una década, cuando la deuda ya se volvía impagable, graciosamente, y a un mismo tiempo, la América Latina recupera la posibilidad de una decisión democrática.
Pero ya estaba escrito, esa democracia no iba a encontrar mejor modo de pagar la deuda, que vendiendo absolutamente todos los bienes que a través de la historia, habían sido la base de los recursos económicos de Argentina.
Pero tampoco eso resultó. La deuda se incrementó así como el capital de las empresas, que ya no pudieron ocultar su relación con lo que se conoce como “Terrorismo de Estado”.
Como prueba y confirmación de lo que estoy expresando, sólo haré referencia sobre dos grupos de empresas.
El Grupo Pérez Companc, en 1973, tenía 10 empresas. En 1987, se elevaron a 84 empresas.
Grupo Techint, que en 1973 tenía 30 empresas, en 1987, – eran propietarios de 56 empresas, convirtiendo a la familia Rocca, en los más ricos de América Latina.
Más allá de los números, lo importante de este grupo, fue la calidad de las empresas adquiridas: Siderurgia, petróleo, gas, electricidad, ferroviarias, silos y peajes, forman el paquete que generosamente la dictadura le concedió.
Los 50 trabajadores de Dálmine, muertos, desaparecidos y secuestrados fueron el precio. En sus instalaciones donde funcionaba el “Area 400”, se decidió sus destinos.
Esta apretada síntesis, que en apariencia resulta descolgada del aquel drama argentino, por cierto que no lo es.
Los poderosos del sistema capitalista, aumentaron en esos años su poder, al incrementar sus recursos. Ellos se quedaron con los bienes; el pueblo con sus muertos.
Este drama, el drama que hoy estamos recordando y señalizando para que no se olvide, se produjo en toda la América Latina y al mismo tiempo. No fue casual. Los verdaderos culpables no han pagado sus culpas. La impunidad los protege.
Conocer la verdad y señalar a los verdaderos culpables, es el mejor mensaje que podemos dejarle a las generaciones futuras, y el reconocimiento a todos aquellos que ofrecieron lo mejor de si mismos.