En el marco de las negociaciones que se iniciaron este lunes en Ginebra para encontrar una solución al conflicto sirio, Rusia anunció el retiro de la mayor parte de sus tropas en el terreno.

La Izquierda Diario @izquierdadiario
Martes 15 de marzo de 2016
Fotografía: EFE
El presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó el lunes a sus fuerzas armadas que comiencen la retirada desde Siria, cinco meses después de haber lanzado la operación militar sobre ese país que permitió apuntalar al gobierno de Al Assad y debilitar a la oposición.
Esta decisión se da en el marco del inicio de las negociaciones iniciadas el lunes con la mediación de la ONU y el respaldo formal de Estados Unidos y Rusia, en la que participan tanto el gobierno de Al Assad como la oposición al régimen (sin contar a las organizaciones que todas las partes consideran “terroristas” como el Estado Islámico y el frente Al Nusra, y tampoco a las fuerzas kurdas, estas últimas sin representación por presión de Turquía).
En una reunión en el Kremlin con sus ministros de Defensa y Relaciones Exteriores, Putin dijo que las fuerzas rusas en Siria habían cumplido en gran parte sus objetivos. Además, ordenó que Rusia participe más intensamente en el proceso de paz para terminar con el conflicto en Siria y confirmó que mantendrán presencia militar y permanecerán en la base naval de Tartous y en la base aérea de Hmeymim, en la provincia siria de Latakia.
En medio de este escenario Putin declaró “El trabajo efectivo de nuestros militares creó las condiciones para el comienzo de un proceso de paz”. Y si bien la mesa de diálogo iniciada esta semana arrancó con más problemas que soluciones, Putin puede darse por satisfecho en cuanto a sus objetivos militares y políticos. En poco más de cinco meses no solo apuntaló a un gobierno debilitado como el de Al Assad, sino que debilitó a los grupos de la oposición apoyados por Estados Unidos, forzando de esta manera a iniciar un diálogo en el que Al Assad no solo es parte, sino que ganó fuerza como para buscar un lugar en una hipotética transición política.
De esta manera Putin logró, con muy pocos daños militares, desviar las miradas del pantano en que se encontraba en Ucrania, mostrar que es un actor geopolítico de importancia internacional, acallar las críticas internas por el impacto de la crisis sobre la golpeada economía rusa, desplegar (y mostrar) su armamento por tierra, mar y aire, y quedar como la potencia que enfrentó al Estado Islámico en el terreno. Para tantos objetivos juntos, no le fue tan mal, sobre todo si se retira con la bandera de haber sido el “facilitador de la paz” en Siria.
Sin embargo, la retirada de las fuerzas rusas no significa que el conflicto en Siria haya terminado, por el contrario el escenario de diálogo es complicado y ambas partes (gobierno y oposición) se acusan mutuamente y rechazan formar algún tipo de gobierno de transición en común. El propio mediador de la ONU, Staffan de Mistura, trató de ser determinante al declarar que si no se avanza en un plan de paz entonces solo queda volver a la guerra. La misma guerra de la que esta semana se cumplen cinco años y que se cobró la vida de cientos de miles y el desplazamiento desesperado de millones de personas.