Ya va más de un mes de iniciada la ofensiva golpista en Venezuela, apoyada por la derecha local, sudamericana y el imperialismo estadounidense. Sin embargo, la principal fuerza política ubicada a la izquierda de la Nueva Mayoría -a saber: el Frente Amplio- solo ha entregado declaraciones preocupantes.

Juan Andres Vega Estudiante de Derecho de la Universidad de Chile. Militante de Vencer
Martes 26 de febrero de 2019
La intervención del Frente Amplio (FA) comienza con una escueta declaración de su Mesa Nacional presentada el 23 de enero donde se declaran contrarios al apoyo de Sebastián Piñera a Juan Guaidó y a la autoproclamación de éste último como presidente encargado. Luego de esto, quince días después, la Mesa Nacional del Frente Amplio vuelve a la carga con una carta abierta a Sebastián Piñera, donde señalan que el Gobierno de Chile ha adoptado una posición contraria al derecho internacional. Lo que más resalta de aquello es “enmendable”, en la medida que el gobierno tome una posición de “neutralidad” y de apoyo al “diálogo entre las partes”.
Sin embargo, la posición de la Mesa Nacional del FA no es compartida por todas sus fuerzas políticas. Expresión de aquello son las declaraciones de Pablo Vidal, diputado por Revolución Democrática, señalando que Maduro sería dictador y no demócrata. A este respecto, Vidal tiene algo de razón: el gobierno de Nicolás Maduro no es un símbolo de la democracia, pero asegurando el carácter dictatorial del gobierno chavista se ubica peligrosamente junto a la derecha y el imperialismo estadounidense. Si esta es o no una postura compartida por Revolución Democrática continúa en el misterio. Junto a Vidal, el diputado Vlado Mirosevic del Partido Liberal -también del FA- va todavía más allá, señalando que Maduro deje el poder, sin ningún tipo de alusión a toda la intentona golpista que lleva adelante la derecha venezolana y sudamericana.
Las contradicciones internas del Frente Amplio o la unidad con el golpismo
Por lo anteriormente expuesto es posible asegurar que dentro del Frente Amplio coexisten visiones políticas diametralmente opuestas: por un lado una ingenua posición de izquierda que continúa creyendo en la “neutralidad” de los organismos internacionales en una lucha que enfrenta intereses económicos irreconciliables como se ha mostrado una y otra vez en Venezuela y, por otro lado, un ala derecha que decididamente apoya las posiciones golpistas ante la intervención imperialista en el país caribeño.
Aquí no se trata de simples divergencias dentro de una organización política -lo cual, sea dicho de paso, da vida y fuerza a las organizaciones-, sino de que dentro de un conglomerado que se ha presentado ante la masa de millones de personas como una coalición que va contra la herencia de la dictadura pinochetista -protegida con uñas y dientes por la derecha y los partidos de la Concertación-, pero que en la práctica se ubica del lado de sus defensores.
En aras de la unidad, la izquierda del Frente Amplio mantiene una alianza con organizaciones cuyas declaraciones rayan con la derecha, es decir, se tiene la idea de que la simple suma de organizaciones puede enfrentar a la derecha y mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías, sin considerar que, si se suman fuerzas contrarias lo que se está haciendo realmente es anularse mutuamente.
En síntesis, la crisis venezolana muestra no solo el golpismo intrínseco a la derecha, sino que también las contradicciones medulares del Frente Amplio. En ese sentido, los límites de la viabilidad política del FA a largo plazo están determinados por su constitución misma, no por tal o cual línea política que pueda lanzar episódicamente su Mesa Nacional.
Mientras el ala izquierda del FA no se decida claramente a tomar posición activa ante eventos importantes -como la intervención en Venezuela- y a romper su subordinación a su ala derecha y al progresismo de la Nueva Mayoría, será impotente en entregar un camino progresivo para la superación del régimen instalado por la Constitución de 1980 y la dependencia imperialista que solo traen miserias al pueblo trabajador.