Laura Franchi junto a sus hijas María Laura y Silvina Stirnemann fueron las primeras testigos en declarar desde el Consulado argentino en París. Un detallado relato sobre el secuestro de Laura previo a la dictadura cívico militar eclesiástica y el nacimiento de una de sus hijas en cautiverio.

Valeria Jasper @ValeriaMachluk
Viernes 15 de enero de 2021 18:07
Laura Franchi desde Francia
“Para mí es un orgullo estar acá y que haya una tribuna que esté escuchando este testimonio que tarda 45 años en ser escuchado”, fueron las primeras palabras de Laura Franchi, sobreviviente de la dictadura- cívico- militar eclesiástica y primera testigo en declarar en el juicio que se lleva adelante contra los crímenes perpetrados en las Brigadas de Quilmes, Banfield y Lanús. Aunque reconoce que el juicio “llega muy tarde y no es fácil”.
Desde el año 1982 se encuentra residiendo en Francia, país al cual “fue expulsada”, en sus propias palabras. "París me recibió muy bien, pero no dejó de ser un castigo para mí”. El testimonio de Laura es clave para comprender cómo se fue gestando el plan de exterminio que llevó a cabo la dictadura.
Laura, embarazada de pocos meses, se encontraba en la ciudad de Quilmes al momento de su secuestro. Ella vivía en Olavarría junto a su pareja, Mario Alfredo Stinermann, quien trabaja en Loma Negra. Allí la familia ya sufría persecución política; Mario era delegado en Loma Negra y militante del PRT, incluso varios familiares ocupaban cargos de gestión. Dada la situación, decide irse a Buenos Aires.
El 23 de noviembre 1974 junto a su hija María Laura, de 4 años, su cuñado Juan José y una amiga de la familia junto a su hijo son detenidos en la vía pública en la localidad de Quilmes, por oficiales de la Comisaría Primera de Quilmes: estaban buscando a Mario.
A Mario Stirnemann lo secuestrarían en 1975. Su hija María Laura junto al trabajo del Equipo de Antropología Forense darían con sus restos en una fosa común en el cementerio de Lomas de Zamora. Fue víctima de cinco impactos de bala, uno en la nuca desde un metro de distancia.
“Fue un ensañamiento terrible”
El ingreso de Laura y el resto de sus acompañantes, incluida su pequeña hija, a la seccional fue registrado de forma legal en el registro de actas. Cuando llega la Policía Federal, comienza el infierno.
Durante dos días ella y su hija estuvieron en una cocina, viendo, de manera sorpresiva y entiendiendo años después que fue producto de un allanamiento, objetos de su casa tirados en el piso. La menor vió cómo su tío era arrastrado por el piso y tuvo que estar junto a “personajes siniestros sedientos de sangre” como definió Laura a los oficiales policiales que se encontraban en el lugar, significándole un shock emocional tremendo.
Laura recuerda que pudo escuchar cómo lo torturaron. “Fue un ensañamiento terrible, fue una persona muy maltratada, sobre todo psicológicamente. Escuchaba que le decían que me habían violado, que pude haber pedido el bebé. Parecía un despojo humano, no sabía si era un humano”, sintetizando la crueldad vivida.
Una vez que su hija fue entregada a su abuela materna, la trasladaron a un calabozo "pequeño y sucio" y los interrogatorios se intensificaron con el objetivo de dar con el paradero de Mario. Recuerda la presencia de un médico quien indicaba que le podía hacer y qué no.
Algo que remarcó fue el lugar que tuvo la Policía Federal, encargada de los interrogatorios, describiendo así la complicidad de todas las fuerzas de seguridad. “En el 1974 se empezó a preparar todo el horror que vivimos después”.
Traslados y encuentro con más secuestradas embarazadas
Luego de varios días fue trasladada junto a otras personas a la Brigada de Banfield, donde pasó diez días. Su recibimiento fue un simulacro de fusilamiento. Estuvo allí diez días en calidad de desaparecida, sin controles médicos por su estado de gestación. Recuerda que los interrogatorios se realizaban en un subsuelo. Remarca el vocabulario que utilizaban contra ellos: “asesinos, subversivos”. Allí conoció a Alejandro Barry quien le habló de su compañera, Susana Mata, quien estaba embarazada también, padres de Alejandrina Barry, legisladora porteña por el PTS-FIT y referente en la lucha por los derechos humanos.
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En enero de 1975, ya legalizada, la llevan a la cárcel de Olmos. Allí conoce a otras mujeres que estaban embarazadas como Nelfa Suárez y Susana Mata.
Antes de dar a luz, la llevan al dispensario de la cárcel a cargo del doctor Leone, donde le realizan un tacto con tanta violencia que le producen una hemorragia. La trasladan en un camión celular hasta la localidad de Romero donde la encadenan, en pésimas condiciones de habitabilidad, lleno de ratas. Por intermedio de su familia la llevan al hospital San Martín, allí dio a luz a Silvina, encadenada y con guardias en la puerta de la sala en el hospital San Martín de la Plata.
Cuando Susana Mata da a luz y y dada la fragilidad en que se encontraba, Laura, que ya había parido, amamantó a Alejandrina Barry. Un claro y profundo lazo de solidaridad entre las compañeras en medio del infierno.
En el pabellón donde esta con otras madres y sus hijos, no se contemplaban ningún tipo de contemplaciones como las requisas violentas o agua con ratas para las mamaderas.
El golpe genocida
Recuerda que la llegada del golpe en 1976, se vivió con mucha angustia. “Sabíamos que la situación iba a ser muy tensa. Empezaron las requisas y nos quitaron todo. Estuvimos sometidas a un régimen más severo”.
Estuvo en Olmos hasta noviembre de 1976 para luego ser conducida a la cárcel de Devoto. Para ese entonces su pequeña hija ya se encontraba con su familia.
Describe el régimen de Devoto como muy estricto, con muchas horas de encierro (23), días en calabozos de castigo. Incluso para con las familias que iban a visitarlos (largas horas de espera y requisas violentas)
Hacia el final de su testimonio, explicita los pormenores de su ida a Francia. Después de seis detenidas el Poder Ejecutivo Nacional, le “dan la posibilidad de salir” del país.
El exilio: una expulsión y un castigo
Algo que deja de manifiesto sobre esta “libertad”, es que al momento de salir, los militares le exigen la firma del acta de defunción de su esposo para poder irse con sus hijas. “En ese momento ya habíamos tenido noticias de las desapariciones y yo no sabía que había pasado con Mario, fue un shock tener que decidir”. No firmó el acta y viajó sola, sin sus hijas.
Se exilia a Francia el 23 de febrero de 1981. Cuando llegó allí, su prioridad era recuperar a sus hijas que habían quedado en Argentina. Dio muchos testimonios. Viajó a Naciones Unidades para contar lo que pasaba en Argentina.
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“La libertad la viví como un castigo. El hecho de imponerme una expulsión fue otra forma de castigarme no solo a mí, a mi familia, a mis hijas". El 2 de abril de 1982 pudieron viajar junto a su abuela. Vivieron con una mamá que no conocían en un país desconocido. Fue un largo camino”, concluyó Laura, con suma emoción.
María Laura Stirnemann, por su parte, relató las secuelas sufridas y recordó que "le escribí una carta a Videla para que libere a mi mamá para que venga a mi comunión".
"Sufrí amnesia postraumática y la memoria la recuperé con el tiempo. Tenía muchas crisis nerviosas y estuve en tratamiento psiquiátrico. Recuerdo que le tenía miedo a los uniformados y el psiquiatra me llevaba a andar a caballo a un cuartel para que le perdiera miedo a los uniformes", contó María Laura al declarar, agradeciendo la oportunidad de testimoniar ya que los responsables del asesinato de su padre en Puente Vasco ya fallecieron sin que lograra justicia por lo que, afirmó, "este testimonio sería la primera que vez que se hace justicia por lo sufrido" por su familia.
Las audiencias continuarán a partir del día 2 de febrero.
Desde La Izquierda Diario seguiremos acompañando a las víctimas y familiares contra la impunidad de ayer y de hoy,