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Red Internacional
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Éxodo centroamericano. Solidaridad obrera y popular con la Caravana Migrante

Los miles de migrantes que hoy están en la Ciudad de México caminaron desde la frontera, cruzaron el río Suchiate, enfrentaron la represión del ejército guatemalteco y del mexicano, a la policía, a los agentes migratorios especializados en hostigar y perseguir a los migrantes, copiando el modelo de la nefasta Border Patrol.

Domingo 4 de noviembre de 2018

Mientras la primera caravana llegó y permanece en la CdMx, otras tres cruzan el país desde el sur. Los migrantes tratan de mantener cierta organización a pesar del hostigamiento de las autoridades mexicanas. Su éxodo, caracterizado por ser una migración organizada que huye del horror de Centroamérica, es un desafío a los gobiernos de sus países de origen, al gobierno de México y a la administración Trump.

Pasan hambre, frío, innumerables peligros. Transitan paso a paso con los pies llagados, sufren enfermedades respiratorias y gastrointestinales y las adversidades del clima. En la Ciudad de México, las autoridades “solidarias” los recibieron en un estadio abierto en la periferia de la ciudad. Los hicieron dormir a la intemperie o en carpas que no son aptas, bajo el techo precario de las gradas de un estadio abierto, con lluvia y temperaturas muy bajas. Apenas les dan cobijas.

En sus países de origen hay poco trabajo, el que hay es precario, con salarios muy bajos. El crimen organizado –cuyo origen se debe a las reaccionarias políticas del imperialismo estadounidense–, coludido con los gobiernos centroamericanos, amenaza a la población y pretende reclutar a la fuerza a niños y jóvenes.

Con los megaproyectos –resistidos por amplios sectores- viene el desplazamiento forzado de miles de familias que pierden los pequeños terrenos que cultivaban. La pobreza se extiende de la mano con los planes de expoliación en la región. Son esas las causas que llevan a este éxodo creciente, que prefiere enfrentar los riesgos de atravesar uno de los corredores migrantes más peligrosos del mundo.

Los gobiernos, contra los migrantes

En México, el gobierno de Peña Nieto desplegó distintas políticas para impedir el avance de la caravana. Desde la represión abierta, hasta imponerles que soliciten el asilo –un trámite que lleva más de cinco meses y en la mayoría de los casos es rechazado–, prometerles ayuda que no llega, hasta camiones para trasladarse que luego niegan, como hizo el gobernador de Veracruz, y los obliga así a transitar por la “ruta de la muerte”, expuestos al crimen organizado.

Cien migrantes han sido reportados como desaparecidos, y pueden haber sido secuestrados por el narco. Esto es responsabilidad absoluta de los gobiernos federal, de Veracruz y de la Ciudad de México, que no atendieron el pedido de la caravana y se negaron a suministrarles camiones. Una verdadera “negligencia” criminal; si lo hubieran hecho, no habrían sido desaparecidos.

La brutalidad de la política del garrote y la zanahoria es lo que caracteriza a las autoridades mexicanas, que siguen obedientemente las órdenes de Washington.Y que además busca evitar que ingresen a las grandes ciudades y puedan entrar en contacto con el movimiento obrero, popular y la juventud. Esto se ve también en la Ciudad de México, donde las autoridades han establecido un verdadero “cerco sanitario” que impide incluso que la población solidaria pueda entrar en contacto con los migrantes para entregarles directamente víveres y ropa.

Por su parte, López Obrador propuso un plan de trabajos temporales para retener a los migrantes en México y que no avancen hacia Estados Unidos. Si son los de plantar árboles frutales en el sudeste por 5 mil pesos por mes, pues no alcanza para nada.

Por detrás de estos ofrecimientos, el nuevo gobierno busca evitar que lleguen a la frontera norte y “colaborar” así con Trump en mantenerlos alejados a los migrantes del río Bravo, lo cual puede abrir una crisis aún mayor en la región, considerando las intenciones represivas que declaró el presidente estadounidense. Ni Lopez Obrador ni Peña Nieto ofrecieron el transporte a la frontera norte, para evitarles a los migrantes recorrer miles de kilómetros a pie expuestos al peligro del narco. Hay dinero para pagar la deuda externa (y comprometerse a seguirla pagando, como hizo recientemente AMLO), pero no para ayudar a nuestros hermanos migrantes.

Mientras tanto, Trump vocifera un día que ordenará disparar contra la caravana, al siguiente que sòlo los detendrá, mientras tacha a los migrantes –familias trabajadoras– de criminales y despliega en la frontera contingentes de militares, que anunció sería unos 15 mil –dos mil más del número de militares que tiene el imperialismo estadounidense en Afganistán. Una vez más, la Casa Blanca despliega una política xenófoba y racista contra los migrantes y sus familias.

Solidaridad obrera y popular a ambos lados de la frontera

Quienes migran son trabajadoras, trabajadores, campesinos pobres, y sus hijos, pequeños comerciantes, desplazados por la voracidad y la rapiña capitalista, sobrevivientes de la militarización. Son hermanas y hermanos de la clase trabajadora, las comunidades, los pueblos originarios, las mujeres y los jóvenes de México, que enfrentan desplazamientos en las zonas rurales, por el narcotráfico y los megaproyectos, que también viven la superexplotación en las transnacionales que operan en México y han vivido en carne propia las nefastas consecuencias de la “narcoguerra” y la militarización. Migran bajo las consecuencias nefastas de los tratados de libre comercio impuestos por Estados Unidos a Centroamérica, garantizados por los gobiernos serviles de la región.

Y por eso mismo, somos la clase trabajadora y los sectores populares quienes a lo largo del camino extendimos la verdadera solidaridad, la de los hermanos de clase, con medicamentos, ropa, alimentos, productos de higiene personal y pañales para los bebés.

El Estado y los partidos al servicio de los empresarios muestran su verdadero carácter cuando se niegan a garantizar condiciones dignas para los migrantes en su paso por México, desde alojamiento, comida y transporte. Por eso, es necesario que los sindicatos que se reivindican democráticos, como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el Sindicato de Trabajadores de la UNAM (STUNAM) entre otros, organicen la solidaridad efectiva con nuestros hermanos migrantes para que estos puedan -si esa es su decisión- llegar a la frontera norte. Los sindicatos y organizaciones populares y de izquierda debemos ponernos al frente de eso.

Hagamos acopios de víveres, ropa y materiales de primeros auxilios en cada ciudad donde llegue la caravana, recorriendo nuestros centros de trabajo, de estudio, y colonias, y exijamos que sean entregados directamente a la caravana, sin mediación gubernamental. Que se organicen albergues dignos en los sindicatos, las escuelas y los terrenos de vivienda que controlan las organizaciones del movimiento urbano popular. Que en esos lugares se proteja a los migrantes de las deportaciones. ¡La clase obrera es una y sin fronteras! Exijamos plenos derechos políticos y sociales para los migrantes, así como el libre tránsito!

Asimismo, es necesario preparar una acción solidaria, a ambos lados de la frontera norte, por parte de las organizaciones sociales, sindicales y de derechos humanos, para rodear de apoyo activo a los

migrantes y evitar la represión de Trump y el estado mexicano; esto, como parte de un verdadero Día de Acción Global en solidaridad con los migrantes centroamericanos.

Desde el Movimiento de los Trabajadores Socialistas, sostenemos que ante esta dura crisis humanitaria que hoy está en curso, se hace evidente el reaccionario rol que cumplen los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM), colegas del brutal Servicio de Migración y control de Aduanas de Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés).

Como plantean algunos sectores defensores de los migrantes al norte del río Bravo, estamos por su disolución inmediata. Consideramos que es necesario luchar también por la derogación del reaccionario artículo 33 de la constitución mexicana, que establece que los extranjeros residentes en México no pueden participar en los asuntos políticos del país. Porque mientras transitan por acá, los migrantes están a merced de las autoridades que le hacen el trabajo sucio a Trump y deben poder organizarse y enfrentar el hostigamiento del gobierno sin que penda sobre ellos el riesgo de la deportación.

¡Por plenos derechos políticos y sociales para todas y todos los migrantes! ¡Ningún ser humano es ilegal!