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Red Internacional
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AMÉRICA LATINA, COTO DE LA COMPETENCIA GLOBAL. Sombras de la China: efectos de una alianza desigual con la potencia en ascenso

¿China como alternativa a una integración subordinada? O ¿una “alianza estratégica” que asegura una nueva dependencia?

Esteban Mercatante @EMercatante

Viernes 6 de febrero de 2015

En los últimos 15 años, las relaciones de China con América latina se han estrechado de forma acelerada. Siendo inicialmente un socio comercial con gran potencial, en buena medida confirmado para los países concentrados en la exportación de bienes primarios, en los últimos años vienen cobrando una importancia cada vez mayor los anuncios que realiza China de nuevas inversiones en la zona, múltiples tratados con diferentes países, visitas de alto nivel a la región y su participación regular en los foros regionales.

Iniciativas como la construcción de un nuevo canal bioceánico en Nicaragua, de la cual en diciembre se puso “la primera piedra”, y que tendrá un costo estimado de 100 mil millones de dólares, sería impensable sin la iniciativa China. Lo mismo puede decirse del Ferrocarril Bioceánico que uniría los puertos de Brasil y del Perú en el Pacífico, tendido que podría reducir sustancialmente el tiempo y los costes de la exportación de los granos desde las campos brasileños hacia el gigante asiático.

Estos son sólo algunos de los ejemplos de toda una batería de iniciativas, de diversa envergadura, instrumentadas mediante acuerdos bilaterales con los países de la región. Esto se dinamizó especialmente luego de la larga gira por la región de Xi Jinping, presidente chino, en julio del año pasado. La semana pasada este anunció que en los próximos 10 años China aspira a invertir nada menos de 250 mil millones de dólares en la región.

El amplio abanico de las medidas, presenta a China como un poder magnánimo, e incluso benevolente. Es esta la postura de los gobiernos de la región, que en muchos casos mantienen relaciones frías u hostiles con Washington y apuestan a una alianza con Pekín para ampliar margenes de maniobra. La provisión de fondos y cooperación económica es vista así como una vía para financiar proyectos de desarrollo sin tener que apelar a EE.UU. Y obligarse a cumplir con las exigencias de su red de instituciones. Pero también desde posiciones ideológicas de lo más diversas, también los fanáticos de la apertura y el libre comercio consideran que la alianza con China puede ser estratégica. Permitiría en países como la Argentina repetir los años “dorados” del modelo agroexportador, ampliando lo que fue esta primer década del siglo XXI donde la exportación de commodities (granos, petróleo y minerales) a altos precios fue el elemento central para explicar la bonanza económica que mostró buena parte de América Latina.

China: de compras por el mundo

Pero convendría poner paños fríos a tanto entusiasmo. La “benevolencia” de China es la de quien llegó tarde a una encarnizada disputa global por el control de recursos estratégicos, y está obligado a ofrecer precios más generosos para recuperar el terreno. Asimismo, necesita crear nuevas estructuras más acordes para una circulación de mercancías que la tiene como epicentro, cuando históricamente las rutas y puertos apuntan hacia un tráfico centralizado por Europa y los EE.UU. Cierto, a esto se agregan numerosos fondos para proyectos de desarrollo de infraestructuras sin relación directa con requerimientos de Chino. Pero esto habla más de la abundancia de capital a la búsqueda de oportunidades rentables, que ante el retraimiento -cada vez más preocupante para las autoridades- que muestra el sector de construcción en China, necesita dirigirse hacia el exterior.

Como sea, así como varios proyectos implican la propiedad o el acceso privilegiado a los recursos estratégicos de otras economías muy mal llamadas “emergentes” (mejor llamadas “dependientes”) en detrimento de otras potencias, y otros tienen para China el beneficio directo de contribuir a abaratar el flujo de mercancías desde y hacia su territorio, todas las inversiones para las que contribuye fondos lo están transformando en uno de los grandes acreedores del resto del mundo. Esto significa que las rentas hacia China representarán durante un largo tiempo un porcentaje creciente del excedente producido por las economías que hoy se abren ampliamente a sus inversiones. Sumando a esto la compra de empresas locales por capitales chinos y la radicación de empresas en una gran variedad de rubros, podemos prever que una parte cada vez mayor de las exportaciones a China, entonces, servirán para pagar a China por los servicios (literalmente) “prestados”.

Una profundización del desarrollo unilateral

Mucho se habló durante la última década en varios países de América Latina de neodesarrollismo. Sin embargo, la alianza con China, abrazada por los mismos gobiernos que decían adoptar esta estrategia, va en sentido opuesto a las declamaciones. Como sostenía en una entrevista Marcelo Dias Carcanholo, actual presidente de la Sociedad de Economía Política Latinoamericana (SEPLA) “la mayor participación de China en la balanza comercial de los países sudamericanos es manifestación de una redivisión internacional del trabajo en el capitalismo contemporáneo. Se ha producido una reprimarización de las exportaciones de las economías sudamericanas, al mismo tiempo que aumentan las importaciones de mercancías con mayor productividad y de elevada intensidad tecnológica. Eso tiene que ver con la presencia china. Esta economía es la que más creció en los últimos años y se especializó en importar productos primarios basados en recursos naturales, precisamente lo que Sudamérica exporta. Por otro lado, China exporta la gran parte de los productos manufacturados que nuestra región importa”. Aunque las exportaciones de la región a China se multiplicaron por 27 entre 2000 y 2013, en tanto que las importaciones se multiplicaron por 20, América Latina y el Caribe mantiene un persistente y creciente déficit comercial con China. Sólo se exceptúan de esta tendencia el Brasil, Chile y Venezuela. En el caso de la Argentina, el déficit emergió ya en 2008, y cada año se acrecienta. El efecto en el saldo comercial es una expresión de la capacidad de las manufacturas chinas para desplazar no sólo a competidores de otros países, sino también abortar cualquier (improbable de todos modos) intento de capitales de la región por mantener o desarrollar emprendimientos manufactureros.

China en el orden mundial

Hace ya varios años hay quienes se ilusionan con que China pueda ser una alternativa al orden imperialista global comandado por los EE.UU. Giovanni Arrighi expresaba esta perspectiva en Adam Smith en Pekín. Sin embargo, China está en las antípodas de cuestionar el orden mundial capitalista, en el que un puñado 147 empresas a través de interconexiones alcanza un control sobre nada menos que el 40% de la producción mundial de las empresas trasnacionales, según el estudio “The Network of Global Corporate Control” de 2011. Según el mismo trabajo un núcleo de 1.318 empresas, explica por sí sólo “el 20% de los ingresos de explotación mundiales”; su peso se amplía de forma muy considerable si consideramos las redes de empresas en las cuales este núcleo tiene participación accionaria. La ambición de China apunta a penetrar con sus grandes corporaciones (de las cuales tiene hoy 89 entre las 500 más grandes del mundo según el ranking de Fortune 500) en este grupo selecto. Como señalamos en Ideas de Izquierda, para esto no la tiene fácil ya que las grandes corporaciones de EE.UU., Europa y Japón, con el dominio global reforzado por los núcleos de los centros financieros globales, controlan los canales principales en la circulación de capital y mercancías mundiales, y a la vez en la propia China tienen un formidable control sobre algunos de los sectores exportadores más dinámicos. Sin embargo China, que exhibe a la vez rasgos de economía dependiente y de potencia imperialista en ascenso según consideremos respectivamente su relación con los centros capitalistas más desarrollados o la mayoría del mundo dependiente, aspira a hacer valer el peso de su economía para torcer el balance de fuerzas. “Que se doble pero no se rompa” el orden mundial imperialista, es el lema de la burocracia del Estado chino. En qué medida podrá hacerlo y administrar las respuestas que generan las consecuencias económicas y sociales de un desarrollo capitalista convulsivo por su ritmo frenético, está por verse.

Para los países latinoamericanos, esta alianza estratégica representa una nueva dependencia. De todos modos, más allá de las expresiones de ocasión de algún sector industrial manifestando preocupación por la competencia china, la abrumadora mayoría de los sectores dominantes de la región festejan la posibilidad de nuevos acuerdos que les aseguren financiamiento y demanda para commodities. La continuidad de una inserción subordinada en el sistema económico mundial promete grandes negocios para los empresarios, y eso es todo lo que importa. Una película que sabemos como termina.