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Red Internacional
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Sospechosa

Sábado 24 de octubre de 2015

No llegó a vivir dos años. Se llamaba Benjamín. Apareció asesinado en un descampado de Ostende, en la esquina de Gaona y Víctor Hugo. El hallazgo, de por sí macabro, resultó doblemente macabro, pues los bichos carroñeros en ese terreno baldío habían empezado ya a dar cuenta de su cuerpo inerte. El primer sospechoso fue Leonardo Aguilera, de treinta años, a quien la madre de Benjamín, Claudia Ayala, de veintidós, señaló como violento y como alcohólico y como matador de su propio hijo. Pero Aguilera estaba lejos de ahí cuando el crimen se cometió. Las sospechas, probada esa circunstancia, pasaron a recaer sobre la misma Claudia Ayala: que fue ella, la madre, la que le habría quitado la vida a Benjamín.

Consultados los vecinos, revelaron que era frecuente que esta madre golpeara al chico: lo escuchaban, lo sabían. No dijeron, sin embargo, por qué razón no dieron aviso, por qué razón no hicieron denuncias; era obvio que un nene tan chico no podía acudir a las autoridades, ni mucho menos hacer marchas en las calles para defender sus derechos avasallados. Tal vez les pareció, como a tanta gente le parece, que no es tan grave que se pegue a los chicos, que es un método educativo entre otros, que una madre con su hijo tiene derecho a proceder como mejor le cuadre, y nadie tiene por qué meterse. Habrán supuesto, probablemente, que no se le iba a ir la mano. Como si el primer golpe, el primero de todos, el que todavía no mata, no fuese ya un irse la mano, un exceso inadmisible, un acto de ferocidad.


Martín Kohan

Escritor, ensayista y docente. Entre sus últimos libros publicados de ficción está Fuera de lugar, y entre sus ensayos, 1917.