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Red Internacional
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Entrevista. “Soy producto de la educación pública “

La Izquierda Diario entrevistó a Víctor, docente precarizado de La Matanza que transitó gran parte de su vida en instituciones educativas públicas. Terminó sus estudios secundarios junto a otros adultos y en este momento trabaja en COA (Centro de Operación y Apoyo, para quienes audeuden materias del secundario). Esperando recibirse de profesor de Geografía, nos describe su experiencia con los maestros, preceptores y profesores que han marcado su vida.

Liliana Vera Ibáñez

Liliana Vera Ibáñez Redacción LID @liluzlisam / IG: @Pisotomia

Sábado 29 de noviembre de 2014

¿Por qué decís que sos un “producto de la educación pública”?

  •  Creo que un producto es una noción capitalista, es despojar a la persona de toda facultad, de toda dignidad, de toda entidad de “ser”. Con esto en claro, quiero alejarme de esta noción, ya que el entorno capitalista nos condiciona hasta en nuestra manera de expresar. Lo cierto es que ser un producto de la escuela pública en este caso es torcerle el brazo al sistema que te excluye, porque si tenés, sos parte. Si no, estás fuera.

    ¿Cómo comienza tu historia y por qué la querés contar?

  •  Por distintas circunstancias que no vamos a tratar ahora, me tocó, como a tantos otros, nacer en una época oscura, el 1 de abril de 1976, para ser exactos. La vida muchas veces te pasa por arriba sin que puedas hacer nada, y así fue que a la edad de 5 o 6 años mis viejos fueron desaparecidos. En realidad no me acuerdo de mucho, sólo del llanto de mis hermanitos y esa sensación de no tener nada. De un momento al otro, nos quedamos solos. Un abuelo, “el viejo Palito”, nos llevó a su casa. Era un ranchito de una habitación y, tal como en su momento lo habían hecho con él, nos puso a producir ladrillos de barro. Aún hoy recuerdo la sensación del frió en los pies descalzos, a esa olla de guiso que traían por las noches, que era tan alta que para poder tomar el alimento me paraba en un montón de ladrillos. Es increíble cómo cambia la concepción de la vida, ya que a través de la mirada de niño ingenuo para mí quien traía esa olla era la mejor persona del mundo. Hoy, 30 años después, reconozco en él, que no sé quién era, a un verdadero hijo de puta. Un día, a los seis años, ya acostumbrado a laburar, Palito no despertó más y los dueños del horno nos llevaron al Juzgado de Paz de Luján para saber qué se podía hacer con nosotros. Mis hermanos, que hoy son unos completos desconocidos para mí, se fueron cada uno con familias distintas.

    ¿Qué fue lo que pasó con vos?

  •  En mi caso, luego de recorrer varias casas de familia y de llorar día y noche, un juez me envió al Hogar Escuela Eva Perón, de la localidad de Ezeiza. Recuerdo aún el cambio de tener desayuno, almuerzo, merienda y cena .Nunca había asistido a la escuela, mucho menos sabía de letras o números. Ahí conocí a la “seño” Teresita, en primer grado, ¡me ayudo tanto! Recuerdo que tenía miedo a la oscuridad y con Gustavo, mi compañero de cuarto, dormíamos pegando las camas para cuidarnos mutuamente. Las celadoras siempre nos regañaban, pero eran un amor. Algo triste eran los domingos, cuando muchos recibían visitas. Recuerdo haber llorado mucho, hasta que en un domingo mágico la “seño” Teresita vino a visitarme, me abrazó y me regaló un librito con muchos dibujos. Por muchos años, aún de grande, guardé el libro en mi mesa de luz y a la “seño” Teresita en mi vida.

    ¿Qué significa la escuela pública entonces para vos?

  •  La escuela pública y las maestras me dieron mucho: un hogar, un futuro, me enseñaron a leer y a contar. Distintas maestras me mostraron que el futuro se puede construir y que el pasado, si bien condiciona, no tiene por qué ser determinante para el futuro. Así pasé año tras año como alumno viviendo en la escuela pública, yendo a talleres a la tarde, haciendo tarea, jugando al fútbol. Aprendí a compartir. Los docentes de la escuela pública me enseñaron que no estaba solo, que todo era con el otro, con ellos y con mis compañeros. Después, con el paso del tiempo, las asistentes sociales contactaron a unos tíos míos y se hicieron cargo de mí.

    ¿Cómo fue la etapa de la escuela secundaria?

  •  Al ingresar en la escuela secundaria encontré otra realidad, en donde solamente yo sé lo que me costó abrirme paso en ella. El sistema casi le venció el brazo a este “producto” de la escuela pública debido a que la presión de la economía neoliberal me acosaba con términos como macroeconomía, desocupación, pobreza, déficit fiscal, deuda pública, etcétera. Todas estas palabras pasaron de ser términos simples para convertirse en grandes obstáculos para ese mismo futuro que me dijeron que se podía construir. Y así fue que tuvimos que pelearla, defender la educación, organizarnos. Cuando solo me faltaban tres materias para completar ese ansiado secundario “abre puertas”, el sistema me siguió poniendo obstáculos con frases del tipo “debe pagar mucho dinero por esas materias”, “este plan no es compatible”, “debe rendir todo de nuevo”, entre otras. Tal como le ocurre a miles de jóvenes que quieren estudiar. Sin embargo, esta vez a través de un plan de inclusión en donde pude terminar la secundaria siendo adulto, pude concretar el sueño. Un sueño que no fue un final sino un nuevo comienzo para seguir ahora en la escuela pública de nivel superior. Quiero ser profesor y transmitir un poco de todo lo que me han dado a mí.

    ¿Qué conclusiones sacás de tu vida a lo largo de la educación pública?

  •  Hoy estoy casado hace trece años, tengo un hijo hermoso y una esposa amorosa. Cuando miro hacia atrás pienso que sí, que soy producto de la escuela pública y por eso siempre voy a defender a la escuela, pública, laica y gratuita. Si la escuela dejara de existir, si desapareciera, desaparecería con ella la posibilidad para cumplir el sueño de millones de personas que el sistema ni siquiera registra. Por eso agradezco a los educadores y a la escuela, con todos sus aciertos y errores, por permitirme ser su orgulloso producto.