×
×
Red Internacional
lid bot

Trabajadores. Subcontrato y Reforma Laboral

A cuatro años del asesinato del dirigente sindical, Juan Pablo Jiménez y a diez de la histórica huelga de los contratistas del cobre, analizamos el origen de este régimen y la situación de los trabajadores contratistas adportas de la entrada en vigencia de la Reforma Laboral.

Martes 21 de febrero de 2017

Sistema de subcontratación: la división violenta de los trabajadores

La dictadura, con su Plan Laboral, puso fin a la prohibición de subcontratar en funciones principales de una compañía, limitó la negociación colectiva a la figura legal de empresa y relegó la actividad sindical sólo a problemas gremiales, impidiendo la participación política de los trabajadores en la sociedad, entre otras cosas.

El arquitecto de este código laboral fue José Piñera, responsable también del sistema de AFP, quien puso letra legal al objetivo del golpe de Estado y la dictadura, que era acabar con las poderosas negociaciones colectivas, que antaño llevaban adelante los trabajadores por rama productiva y erradicar la avanzada organización que venía desarrollándose en la clase obrera, con su mejor ejemplo, los cordones industriales.

La lucha por la unidad de los trabajadores

Con la entrada de este siglo, se alzó el movimiento de trabajadores contratistas de diversos sectores, como los forestales, donde fue asesinado Rodrigo Cisterna el año 2007, o los mineros. Estos últimos, en el mismo año sobrepasaron la legalidad y negociaron contra el real empleador, la empresa principal o mandante, Codelco. Con 37 días de una histórica y combativa huelga, lograron establecer condiciones laborales comunes para miles de trabajadores contratistas con el Acuerdo Marco.

Posteriormente, en el 2014, los contratistas de Angloamerican, logran su propio Acuerdo Marco, que entre otras, incorporan cláusulas de no discriminación de género, dando respuesta a problemas económicos y sociales, a través de este tipo de negociación colectiva, que supera la figura legal de empresa.

Sin embargo, el precedente de la derrota de las movilizaciones de los contratistas de Codelco el año 2015, que dejó como saldo otro asesinato, el trabajador Nelson Quichillao, quien murió a manos de Fuerzas Especiales de Carabineros en la toma de la faena de la División El Salvador. Esto abrió paso a una arremetida empresarial, miles de despidos en la minería y posterior derrota de la huelga de los contratistas de Angloamerican en el 2016, cuando la transnacional, a través de prácticas antisindicales, impidió el derecho fundamental a la huelga, según los recientes informes del Ministerio del Interior y de la Dirección del Trabajo.

Pero se consolida el retroceso con la entrada en vigencia de la Ley que Moderniza las Relaciones Laborales en abril. Las empresas mandantes, que desde el año 2007 tiene responsabilidad solidaria con los derechos laborales de los trabajadores externalizados, podrán ejercer el reemplazo de los trabajadores en huelga, a través de la contratación de otra empresa, impidiendo la efectividad de esta.

Estas experiencias de lucha y la reforma laboral dan cuenta de que el real empleador es la empresa principal, y que el subcontrato sólo busca debilitar la negociación colectiva y, con ello, aumentar las suculentas ganancias empresariales a costa de la precarización del trabajo. En la minería, por ejemplo los trabajadores contratistas bordean el 70% de la mano de obra y la brecha salarial entre un contratista y un trabajador de planta puede llegar a un 70%.

Mujer y subcontrato

Según un estudio de la Fundación Sol del año 2015, se señala que “en los empleos creados en los últimos 5 años, se tiene que un 60,9 % del total del empleo femenino presenta una inserción endeble (es decir, se crea en la economía informal). En el caso de los hombres, un 47,8 % del total del empleo creado tiene estas características”.

Se suma además, que las mujeres continúan siendo las principales responsables del cuidado de hijos y el trabajo doméstico, por lo que acceden a trabajos flexibilizados, en su mayoría en el sector terciario de servicios (85,3%), bajo régimen de subcontratación, sufriendo una doble brecha salarial, por la subcontratación y por discriminación de género, y con doble jornada laboral, la doméstica y la asalariada.

La desigualdad que impone el sistema laboral entre trabajadores propios y externalizados, se profundiza a través de las diferencias por género, aumentando las brechas salariales entre trabajadores o puestos de trabajo, considerados como de primera, de segunda y hasta de tercera categoría. El subcontrato es parte de la violencia estructural hacia las mujeres, que impone condiciones de dependencia económica que muchas veces son el telón de fondo de la violencia doméstica y escenario previo de los femicidios.

Porque sigue viva en los sindicatos, la lucha de Juan Pablo ¡Abajo el Subcontrato!

He aquí, que el problema central está en que la fijación del salario tiende a ser impuesto por el empresariado, que gana ventaja en la división de los trabajadores y en un sistema que fomenta el derecho individual del trabajo. No a través de la acción colectiva de los trabajadores, que como mostró el movimiento contratista puede ser la vía concreta para establecer condiciones laborales comunes, superando el corazón del código laboral de la dictadura que ha quedado intacto con la reforma laboral.

Cabe destacar, que tanto los sindicatos interempresa como las federaciones, confederaciones y centrales tendrán derecho a negociar colectivamente, lo que plantea como desafío a los trabajadores buscar las brechas de una legalidad que es adversa para reencontrar la unidad que antes de la dictadura los hizo poderosos.

A propósito de los cuatro años del asesinato de Juan Pablo Jiménez, es de total vigencia la lucha de este dirigente sindical, que comprendió la necesidad de derribar el sistema subcontratación, que precariza y divide a la clase trabajadora. En su conmemoración se oye el grito: “porque sigue viva en los sindicatos, la lucha de Juan Pablo ¡Abajo el subcontrato!”.