El gobierno sueco negocia con Marruecos cómo deportar a 800 menores marroquíes que residen sin papeles en ese país. Hace pocos días un grupo de extrema derecha irrumpió en Estocolmo llamando a “actuar” contra los menores inmigrantes.
Miércoles 10 de febrero de 2016
En Suecia viven cientos de menores marroquíes, en su mayor parte "niños de la calle", ya que no tienen derecho a asilo ni pueden legalmente buscar un trabajo remunerado. El gobierno de Suecia justifica las expulsiones con el argumento de que "el delito se ha convertido una importante fuente de ingresos" para estos menores.
El caso de los menores marroquíes en Suecia (unos 200 en Estocolmo, otros tantos en Gotemburgo y 400 más en el resto del país) ha saltado a la luz en los medios a partir de varias denuncias de robos cerca de estaciones de tren. Estas denuncias han sido instrumentalizadas por grupos de extrema derecha, que buscan criminalizar y estigmatizar a los niños inmigrantes. A fines de enero, un centenar de neonazis enmascarados marcharon por el centro de Estocolmo llamando a "actuar" contra los menores inmigrantes. Cerca de la estación de Estocolmo apalearon a varios inmigrantes norafricanos.
Los menores marroquíes no tienen derecho al asilo en Suecia, como sí lo tienen los menores procedentes de Afganistán, presentes en Suecia en un número aún mayor. Al no tener derecho a asilo ni a trabajar, les resulta imposible encontrar un lugar legal donde residir, por lo que buena parte de ellos viven en las calles, sobreviviendo como pueden.
La deportación de los menores se ha transformado en un tema central de la negociación política entre Suecia y Marruecos en los últimos días, ya que para deportarlos se necesita el acuerdo de este país. El pasado 19 de enero el presidente de la Cámara de Representantes de Marruecos, Rachid Talbi Alami, visitó Estocolmo y se reunió con el ministro del Interior sueco, Anders Ygeman. En esa reunión se decidió la creación de un comité conjunto para identificar a los menores y negociar su deportación. Entre las propuestas suecas, está la creación de un centro de acogida para los expulsados, pero dentro del territorio marroquí.
La visita de Talbi Alami tenía otro objetivo desde el lado marroquí: asegurarse de que Suecia no iba a reconocer a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), la entidad fundada por el Frente Polisario. Ese proyecto sueco de reconocimiento de la RASD, definitivamente aparcado, estuvo en el origen de otro polémico escollo entre Suecia y Marruecos, como fue la prohibición de apertura del primer establecimiento de la multinacional sueca Ikea el pasado 29 de septiembre, que sigue cerrado desde entonces. El reconocimiento del Sáhara, los niños de la calle marroquíes y la planta de Ikea en Marruecos, tres temas que parecen muy disímiles pero que están íntimamente conectados.
Fuente: EFE/Agencias