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Automotrices. Suspensiones y retiros voluntarios pegan sobre los más precarizados

Ochocientos retirosvoluntarios en lo que va del año. En Fiat los despidos tocaron a los trabajadores de logística, agrupados en Cargo, del sindicato camionero. Suspensiones con rebaja salarial también en Gestamp. Doscientas suspensiones rotativas en Ford que todos sospechamos que serán selectivas.

Sergio Folchieri

Sergio Folchieri Trabajador de Volkswagen

Jueves 17 de septiembre de 2015 14:53

La caída de la producción empieza a aceitar el látigo del patrón. Aumentan los ritmos de producción desgastando aun más tendones y columnas que empezaron a resentirse en las largas jornadas de horas extras cuando Brasil nos compraba masivamente y los obreros buscaban un mango más para construir su futuro. SMATA no solo es vocero de la patronal anunciando lo oscuro del panorama (para los trabajadores, porque las automotrices y Volkswagen en particular, siguen llevándola “con pala”), sino que pasó a cumplir un rol más canalla: agitar el despido de los tercerizados para que los empleados de las empresas madre ocupen sus lugares. Promueven una pelea de pobres contra pobres.

Y una vez que veamos como nuestros compañeros tercerizados van a la calle querrán desmoralizarnos para que mañana sean los enfermos, los rotos y todo aquel que quiere hacer oír su voz para defender el salario, un trabajo que no te reviente el cuerpo y la igualdad entre todos los trabajadores de la misma empresa.

La crisis se agudizará y nos pondrá a prueba. Debemos atacar sus ganancias y pelear para que se abran los libros de contabilidad, para mostrar a la población que la gran mayoría de lo que ganan se va a Europa, a Japón y EEUU. Recuperar los cuerpos de delegados y los sindicatos es una necesidad, organizar agrupaciones, lejos de los ojos y oídos de la empresa y los buchones de la burocracia, un primer paso. Cada obrero es un soldado de esta lucha. Hay que sumar a efectivos, contratados y tercerizados a la pelea por el fin de la precarización: todos efectivos bajo el mismo convenio, repartiendo las horas de trabajo entre las manos disponibles, con un salario de mínima igual a la canasta familiar, es la única salida realista.