Es momento de organizar la fuerza de las y los trabajadores para poner fin a los sueldos de hambre, para terminar con la precarización laboral y mandar al basurero de la historia las leyes laborales de la dictadura en beneficio de los empresarios.
Martes 24 de noviembre de 2020
El millonario empresario y presidente de la Corporación de la Producción y el Comercio (CPC), gremio que agrupa a la mayoría de las principales organizaciones de los saqueadores y explotadores empresarios, se refirió nuevamente con desprecio y con total indignidad sobre la clase trabajadora chilena, en una nueva provocación impune.
Pero además, diciendo noticias falsas directamente, aquejó que algunos sectores económicos no se han podido reactivar producto de “las personas que no quieren trabajar” porque según él, “no quieren perder los beneficios del Estado”.
Con un descaro total culpa a los trabajadores por la crisis, cuando ha sido la pandemia y el manejo de este (“su”) gobierno, que han buscado y aprovechado todas las maneras de descargar la crisis sobre los hombros de los trabajadores.
Sutil, el miserable y mentiroso millonario, es quien vive a costa del trabajo ajeno de cientos de trabajadoras y trabajadores. Es dueño, entre otras, de Empresas Sutil, la compañía matriz de Banagro, Coagra, Sutil & Cía, Pacific Nut, Frutícola Olmué, Abrantes y Sutil Family Wines, empresas que pagan bajos salarios, que precarizan sobre todo mujeres trabajadoras, y empresas líderes en explotación laboral. Sutil no ha trabajado en su vida, pues vive del sudor ajeno y gana millones mientras sus obreras y obreros viven la precariedad laboral.
Según él, “hay empresas agroindustriales que yo conozco que no han logrado superar el 90% de las dotaciones porque precisamente las personas no quieren trabajar”. ¿Será acaso porque paga sueldos de miseria y súper explota a trabajadores para ganar sus millones? ¿Será que lo dice porque quiere conseguir nuevos subsidios del Estado?
Porque ellos, los empresarios son quienes viven del trabajo ajeno, y además, de los millonarios subsidios estatales que van incluso para pagar sueldos.
Estos reyes y emperadores nacionales, que se creen dueños de la vida de la gente y ganan sus fortunas producto de la miseria de otros, viven y explotan a su manera. Eso debe terminar, para ello hay que continuar con el camino de la movilización y organizar la fuerza de las y los trabajadores para poner fin a los sueldos de hambre, para terminar con la precarización laboral y mandar al basurero de la historia las leyes laborales de la dictadura en beneficio de los empresarios. La fuerza de las y los trabajadores puede poner fin a esta situación.