Entrevistamos al fundador de La Tabaré, banda emblemática del rock uruguayo que emprenderá gira por Rosario, CABA y La Plata para celebrar con fans de Argentina sus 37 años de historia combativa.

Augusto Dorado @AugustoDorado
Miércoles 13 de julio de 2022 00:00

La Tabaré vuelve a escenarios de Argentina luego de 3 años, pandemia de por medio, para un ansiado reencuentro con su público.
Voz, compositor principal y creador de La Tabaré, Rivero es un artista que le huye a las ataduras: le gusta evolucionar, nutrirse del trabajo común con artistas de generaciones más jóvenes, no estancarse. Se reconoce alguien poco estructurado, poco amigo de los horarios estrictos, del consumismo y de las tecnologías innecesarias. Ni siquiera se lo puede encajar en un estereotipo: este uruguayo de 65 años que no toma mate casi nunca se conforma con lo dado y lamenta que en el Uruguay “la izquierda no fuera tan, tan izquierda como yo lo esperaba” aunque la prefiere antes que a formaciones tradicionales y conservadoras. Es consecuente con esa cosmovisión: su banda está organizada bajo la forma de cooperativa donde todo se reparte en igual proporción.
Tan ingenioso y vivaz como a la hora de componer, charlar con Tabaré Rivero es garantía de buena experiencia. En los momentos previos a su desembarco en esta orilla del Río de La Plata para una gira que lo llevará a Rosario (el jueves 14, en el CC Güemes), CABA (Niceto Club este viernes 15) y La Plata (sábado 16 en Pura Vida Bar), se hizo un rato para conversar con La Izquierda Diario sobre su historia, la actualidad del rock y la música popular, y los planes inmediatos de La Tabaré que incluyen un disco en preparación.
LID - Arrancaste en el arte en el mundo del teatro y después en la música, también pudiste fusionar estos dos mundos ¿cómo te decidiste a volcarte a la música?
TR - Mi gusto por la música es innato. Contaba mi madre que, desde muy, muy chico (2 o 3 años) ya me emocionaba al escuchar música e incluso al punto de hacerme caer las lágrimas especialmente en algunos pasajes sonoros de bandoneones o partes fuertes de orquesta sinfónica o de cámara. Arranqué en el mundo del teatro porque la dictadura acá cortó la movida rockera y era lo que yo había empezado a hacer. Entonces me refugié en el teatro, ya que como mi viejo era actor, lo había observado desde mi nacimiento y hasta me había “obligado” a actuar unas cuantas veces y además porque al llegar a mi adolescencia era lo único que sabía hacer. Pero al terminar la dictadura en nuestro país, después de 12 años, enchufé la viola otra vez y salí con una bronca tremenda, guardada durante todos esos años, a gritar, a exorcizar toda la energía sucia que había acumulado.
¿Cómo te marcó ser joven en años de dictadura?
Si bien nunca fui torturado ni nada parecido (¡por suerte!), sí estuve detenido muchas veces, solo por ser joven y usar pelo largo y barba y tener aspecto de hippie (estoy hablando de los años del ’75 al ’84) hoy acá le llaman “apariencia delictiva” y está comenzando a suceder otra vez... Si bien no venía de una familia muy politizada, al ser parado en la calle por la Policía y ser víctima de la prepotencia de estos, comencé a investigar con amigos que me fueron pasando libros prohibidos, discos e información y la ingenuidad se me fue perdiendo hasta convertirla en asco.
Viví de mis 16 a mis 28 años con miedo. En cualquier momento me llevaban en cana y aunque no tenían ninguna acusación grave para hacerme (no había formado parte de ninguna agrupación política), nunca se sabía -una vez ingresado en la comisaría- que podía suceder. Porque además muchas veces se escuchaban gritos y ruidos raros. Y el jugueteo de ellos era “primero te vamos a cortar ese pelo de puto y después te la vamos a dar...”. Perdí mi juventud. En esa época no me divertí nunca, no había manera sabiendo que a otros los estaban cascando.
¿Es cierto que no tomás mate?
Sí es cierto, no tomo mate. No uso celular, no tengo redes sociales, no soy de Peñarol ni de Nacional, no tengo tarjetas de crédito... Soy un cavernícola de ciudad y si tuviera cojones viviría dentro de una tinaja como Diógenes. Pero no me animé nunca. Tengo mujer e hijos y por lo contrario entonces trato de ser un tipo normal y hasta creo que lo he conseguido bastante.
En tus comienzos en la música parecía que había una especie de rivalidad entre la escena del rock y la del canto popular en Uruguay y de alguna manera vos pudiste sintetizar esas dos escenas ¿lo viviste así?
Esa rivalidad es muy entendible. Fue más que nada un “fastidio” de parte de algunos pocos músicos de canto popular que en cuestión de unos seis meses pasaron de tocar llenando estadios, a que no los fuera a ver nadie cuando terminó la dictadura. Es lógico ese fastidio. Músicos que se habían jugado el pellejo cantándole a la gente cuando estaba prohibido hacerlo, de pronto eran absolutamente olvidados, ninguneados y suplantados por unos jovencitos que gritaban al ritmo de una música desaforada y estridente. Pero este fenómeno del auge del rock acá duró solo un par de años (’86 y ’87), luego también el rock comenzó a ser dejado de lado cuando los medios de comunicación se dieron cuenta que esos rockeritos tenían cosas (y a veces muy importantes) que decir. Como yo había vivido las dos etapas, la del canto popular y la del rock de fines de los ’70 como un ferviente escucha, es que sentí la necesidad de intentar rescatar lo mejor de uno y otro estilo.
Tengo entendido que tenés una visión de tu carrera musical como dividida en un momento de actitud de rabia que se transforma en actitud de festejo a partir de los años 2000 ¿cómo se dio ese cambio?
Como decía antes, la dictadura me dejó muy inconforme, triste, amargado, depresivo... y arrastré esa sensación de rabia durante varios años. A partir del 2000 comenzaron a pasar varias cosas que fueron cambiando mi vida. El nacimiento de mi segundo hijo (el nacimiento del primero, 10 años antes ya me había evitado el suicidio...), el seguir con la banda contra viento y marea, y también es muy probable que el cambio de gobierno hacia la izquierda ayudara a reconstruir un poco la esperanza, aunque la izquierda no fuera tan, tan izquierda como yo lo esperaba, sin duda iba a ser (y lo fue) infinitamente mejor que lo que venía siendo nuestra historia política.
Alguna vez dijiste que La Tabaré no es una banda de la que se pueda vivir y a la vez entiendo que funciona como cooperativa de todos sus componentes ¿Por qué decidiste organizar así a la banda y cómo funciona esa cooperativa?
Como fui actor de Teatro Independiente (del elenco del Teatro Circular) y también hice escuela teatral ahí, aprendí que para hacer arte en nuestro país no se puede pretender vivir de él. Todos los que pretenden vivir del arte en un país de solo 3 millones y pico de personas, terminan haciendo boludeces y no arte. Los actores que lo intentaron terminaron haciendo pavadas en la televisión o actuando en lo peor del carnaval. Los músicos que lo intentaron terminaron haciendo jingles pegadizos para avisos publicitarios o tocando en bandas de cumbiamba (de esas que hacen 8 presentaciones por noche, muchas veces haciendo play-back). Lo mismo con todas las artes. Así que, de entrada, armé la banda como una cooperativa. Todos somos iguales y todos cobramos (o perdemos) lo mismo. Porque a pesar de que la banda lleva mi nombre, no soy un solista. La Tabaré es una banda de verdad conformada por seis músicos y el sonidista. Antes yo además cobraba los derechos de autor, en los últimos años decidí que no, solo cobro la autoría de las canciones y no cobro por los toques. Y un porcentaje igual de las ganancias va a un fondo común que nos permite seguir pagando la sala de ensayos, los fletes y demás gastos (que son muchos) en un grupo.
¿Quiénes son los músicos que componen la formación actual de La Tabaré? ¿qué nos podés decir sobre ellos?
Que son todos muy, muy buenos músicos. Son de esos que le dedican muchas horas de su vida a estudiar un instrumento (cosa que yo lamentablemente nunca hice y por eso solo rasgueo mi guitarra en alguna ocasión). Todos ellos son casi 30 años más jóvenes que yo y eso me mantiene lleno de energía, además de que me ayudan a aggiornarme con lo nuevo (que no siempre es de mi interés).
Leo Lacava (guitarra), Enzo Spadoni (trombón) y Chelo Lacava (batería) hace más de 10 años que están tocando en La Tabaré. José “Bota” Suárez (bajo) y Pamela Cattani (voz) fueron los últimos en llegar, pero fue bastante antes de la pandemia... Y, por último, “el Dipa”, que está en la consola de la banda desde hace ¡30 años! Si bien yo compongo las letras y las melodías vocales, son ellos los que hacen los arreglos musicales. O sea, son ellos los que le dan energía, sutileza, belleza o bronca a una canción.
En el repertorio de La Tabaré cada tanto aparecen versiones como “Crua Chan” de Sumo, algo de Violeta Parra, de Leonard Cohen ¿qué cosas te movilizan a interpretar a otros artistas?
Sí, son bien diferentes sus estilos... Lo que más valoro de los artistas es la actitud, la honestidad y la creatividad. En todos ellos hay rabia. En la delicadeza poética de Cohen, en el aparente desparpajo de Luca o en la sencillez de Violeta (y otros tantos que me encantan y respeto) hay rabia (digo “rabia” para resumir una amplísima gama de sensaciones). Todos tienen algo que decir o expresar. Ninguno canta por cantar sino para comunicar desde lo más profundo de su alma.
En una entrevista de hace unos años planteabas que “el rock dejó de ser transgresor y se convirtió en algo demasiado light” ¿Ves rebeldía o transgresión en alguna otra escena? ¿Cómo ves a las generaciones más jóvenes?
Sí, en algunos raperos (e incluso traperos o reggaetoneros que no son muy publicitados, obviamente) hay rebeldía y búsqueda de un lenguaje que, aunque no es el mío, valoro mucho. Por ejemplo: Wos. Mi hijo menor me lo hizo escuchar (y a algunos otros) y quedé muy gratamente asombrado. Creo que cada estilo tiene sus artistas sinceros y de los otros, los mercenarios. Desde el tango, el folclore...
En el tema “Aquel Cuplé” declamás “No queremos ser viejos de mierda” ¿Cómo se hace para no ser un viejo de mierda?
Me cuesta, pero vivo haciendo el esfuerzo para no serlo. Tiendo a quedarme en que el festival de Woodstock fue lo mejor y sin embargo luego entiendo otras corrientes, otras movidas, otras expresiones de rebeldía mucho más acordes a estos tiempos. Hace mil años que vivo rodeado de tipos/as más jóvenes que yo, y todos con inquietudes intelectuales y humanas más que interesantes que me van sacando del anquilosamiento de esta vejez que viene a pesar mío. Ser viejo está bárbaro. Terminar siendo un viejo de mierda es uno de mis miedos y no se soluciona yendo al gimnasio todos los días, sino manteniendo la mente lo más abierta posible.
El próximo disco que están preparando se titulará Urutopías, en referencia a “las utopías que perseguimos siempre” ¿Cuáles son esas utopías?
Supongo que hay mil utopías que son las que (como decía Galeano) nos ayudan a seguir caminando día a día rumbo al horizonte, aunque sabiendo que es inalcanzable. Todo hace pensar que es imposible un mundo mejor, pero igual lo voy a intentar, igual lo voy a cantar. No vine al mundo para consumir porquerías comprándome cosas innecesarias. No compraré ropas de marca, pero tampoco ideologías autoritarias, ni ídolos de moda, ni chimentos que me distraigan cuando llego a casa cansado de ser un esclavo. La gran utopía imposible es un mundo de amor, pero por lo menos pretendamos un mundo respetuoso. La gran urutopía (del Uruguay, por eso el nombre) es dejar de ser tan el uruguaycito...
Este fin de semana regresás a la Argentina para fechas en Rosario, Capital y La Plata ¿Con qué sorpresas se va a encontrar tu público?
No sé si son sorpresas. Haremos un toque repasando los 14 discos que llevamos editados, tocando lo más representativo de cada uno y presentaremos algo del nuevo disco este, que estamos grabando. Hace más de tres años que no tocamos en Argentina (pandemia mediante), así que ojalá la sorpresa nos la llevemos nosotros y nos podamos encontrar con toda esa gente que le gusta lo que hacemos o que tiene interés en escuchar y ver de qué se trata esta banda con 37 años de historia combativa.