En el marco de la “Revisión Contractual 2016-2018”, el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM) aceptó por mayoría “la última y definitiva propuesta” de Telmex antes de estallar la huelga.
Iván Zárate México
Sábado 30 de abril de 2016
Ante una patronal renuente de mejorar las condiciones laborales y económicas de sus trabajadores, so pretexto de la caída de sus utilidades a consecuencia de la Reforma en Telecomunicaciones, la base telefonista decidió aceptar un aumento salarial del 3.2% y la responsabilidad de pagar el impuesto al Fondo de Ahorro ante la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
Recordemos que desde el 2014, una vez aprobada la Reforma Hacendaria, la SHCP exige a la compañía gravar una de las prestaciones económicas más importantes de los telefonistas. Desde entonces, la patronal ha presionado año con año al STRM para que ese impuesto sea absorbido por los trabajadores, cuestión que ha llegado a desatar protestas de base contra Telmex. Por esta razón, una de las demandas sindicales más sentidas en la presente negociación contractual consistía en lograr que la empresa se hiciera cargo de cubrir dicho gravamen, toda vez que este va dirigido hacia una parte de lo que ella aporta al total ahorrado por el trabajador.
A pesar de lo anterior, la administración logró pactar con la dirección telefonista y la Comisión Revisora un acuerdo para evitar la huelga: incrementar del 10% al 11.53% el descuento que semanalmente se hace del salario del trabajador hacia su ahorro, elevando así el monto acumulado a fin de año y en consecuencia la aportación de la empresa (205% sobre el total ahorrado), con la finalidad de aceptar que el personal sindicalizado pague el impuesto pero sobre un fondo mayor para que pase como imperceptible.
Este acuerdo fue ratificado por la Asamblea Nacional de Representantes y después por la mayoría de la base telefonista del país, avalando no solo lo referente al Fondo de Ahorro, si no también, un reducido 3.2% de aumento salarial -muy por debajo del tope al salario mínimo de este año que fue de 4.2% y de lo que en años anteriores han acordado con la empresa- y una nula respuesta a su solicitud de 10 mil vacantes bajo el argumento contradictorio de que esto incrementaría la bolsa que la compañía destina al fondo de jubilaciones.
¿A qué responden estos golpes asestados sin respuesta a uno de los sindicatos más importantes del país?
Son ya 32 años desde la última huelga en Teléfonos de México, años de ofensiva patronal contra las conquistas de la clase trabajadora a nivel mundial y de ideología neoliberal sedienta de “productividad”, “competitividad” y mano de obra barata para agigantar sus ganancias.
Los métodos de lucha con los que generaciones anteriores arrancaron grandes conquistas ahora son vistos como obsoletos. Los paros y las huelgas han dejado de ser la herramienta más poderosa con que cuenta la clase obrera para paralizar a su enemigo y obligarlo a acatar su voluntad; son vistos como un pretexto para provocar la represión del oponente y la derrota total.
Esta falta de confianza en las propias fuerzas unidas y organizadas, más las presiones ideológicas que buscan moldear trabajadores individualistas y dóciles, da como resultado confusiones estratégicas como creer que la única forma de preservar las conquistas es aliándose con los objetivos capitalistas del patrón y ayudarlo a elevar sus ganancias, a pesar de que para sostener y elevar el nivel de sus utilidades los trabajadores tengan que hacer sacrificios económicos y laborales.
La falacia de una estrategia sindical que justifica como “responsable” y “realista” el camino de la conciliación y “alianza obrero-patronal”, demuestra una vez más llevar a un verdadero callejón sin salida al ceder conquistas históricas sin luchar. De la misma manera que ocurrió al STRM el año pasado cuando su dirigencia pactó, sin consultar a la base, una nuevareforma a sus jubilaciones y pensiones que extendía la edad mínima jubilatoria de los 60 a los 65 años.
Democracia de base vs. burocracia sindical
Otro punto muy importante para entender la pasividad del STRM ante Telmex tiene que su organización interior. El sector que dirige este sindicato desde 1976, promueve la idea de que el éxito de su organización radica en la existencia y conservación de un núcleo altamente especializado de funcionarios sindicales rentados de por vida, sin los cuales aparentemente la base trabajadora no tendría oportunidad de defenderse del patrón y el gobierno. De ahí que esta casta sindical, que se eleva por encima de miles de telefonistas que a diario hacen funcionar los servicios de la empresa, se tome la libertad de hacer pactos o acuerdos aun cuando la base trabajadora se oponga a ello.
Muestra de lo anterior es la reciente declaración de su Secretario General Francisco Hernández Juárez (FHJ), a propósito de su Revisión Contractual, al acusar de “orquestación de fuera” a un sector de base que optaba por el legítimo camino de la huelga para defender su Fondo de Ahorro hasta las últimas consecuencias: “Es una revisión contractual y salarial promedio, pero para nosotros reviste una gran importancia porque logramos eludir una orquestación de fuera que pretendía llevarnos a la huelga y obligar al gobierno a requisar la empresa.”.
Una dirección sindical que se presume de “opositora”, “democrática” e “independiente” no puede amedrentar a su base con amenazas o sanciones si cuestionan los pactos que realiza con la empresa. Lejos de actuar democráticamente aparecen como una casta autoritaria que prohíbe y reprime la existencia sectores disidentes de la política sindical oficial. De aquí que, para ponerse a la altura de la ofensiva de los Slim, las y los telefonistas tienen el gran desafío por delante de devolver el poder a la base de su sindicato, por encima de funcionarios que evitan a toda costa dar la voz a los trabajadores y que inculcan la idea de que no existe otro camino que estar del lado del patrón.