Intentaron ocultar la presencia del golpista Temer, pero al declarar oficialmente la apertura de los Juegos, el presidente interino fue largamente silbado.
Sábado 6 de agosto de 2016
La ceremonia de apertura de las Olimpíadas de Río de Janeiro comenzó con un cambio protocolar. Haber postergado la presentación de Temer, que como presidente en ejercicio debería haber sido presentado al comienzo del evento, no alcanzó para evitar los silbidos en el Maracanã.
Para no alterar por segunda vez el protocolo, Temer finalmente declaró oficialmente abiertos los Juegos Olímpicos de Río 2016. Incluso antes de que terminara su frase: “Declaro abierto los Juegos de Río, celebrando la 31ª Olimpíada de la era moderna”, se escucharon ensordecedores silbidos y gritos de ¡Fuera Temer!
A lo largo de la presentación, el presidente golpista casi no fue filmado por los medios, también golpistas, y se retiró lo más rápido posible luego de los fuegos festivos, y aún ya sin su presencia era posible escuchar los abucheos y silbidos.
Quieren imponer a los trabajadores y jóvenes brasileros una Olimpíada lujosa y grandiosa, y un clima de fiesta que no es el nuestro. La inmensa mayoría de la población, como reflejaron las encuestas, viene expresando su desconfianza, incredulidad y el descontento frente a los gastos y obras sobrefacturadas destinadas a los Juegos Olímpicos, que no beneficiarán en nada a la población.
Esta situación quedó expuesta frente a los miles de millones de reales, se estima que fueron gastados 28,26 mil millones de reales, destinados a un evento en el que la inmensa mayoría de la población de Rio no podrá participar, en un momento en el que el gobierno del estado dice no tener dinero para lo que realmente se necesita: la ciudad sufre con un pésimo transporte público, la salud y la educación en crisis.
Como hemos planteado en otros artículos, el control diario policial y la militarización tomará las calles de Rio de Janeiro, aumentando aun más el clima represivo contra el pueblo.
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El clima de paz y armonía impuesto por la fiesta oficial se mezcla con la crisis política y social del país. El mismo relator central del evento, Galvão Bueno, en su mediocre relato debió reconocer que los problemas políticos no serían resueltos por los las Olimpíadas. Aunque sea un objetivo de la burguesía, frente a las contradicciones profundas que atraviesan el país, la situación de crisis política y económica no será tan fácil de esconder ni superar.