En la última semana Temer se juntó con gobernadores y alcaldes para poner en el centro de su gestión el aumento de la "seguridad", lo que no es otra cosa que la militarización del país.
Miércoles 7 de marzo de 2018 15:53

El presidente golpista brasileño, Michel Temer, se reunió este miércoles con alcaldes de 26 capitales regionales del país y pidió un "mayor esfuerzo en el combate a la criminalidad", que ya ha llevado al Gobierno a intervenir el área de seguridad de Río de Janeiro, creando un superministerio de seguridad y militarizando la ciudad.
La reunión con los alcaldes se celebró una semana después de un encuentro similar convocado por Temer con los gobernadores de los 27 estados brasileños, a los que ofreció créditos públicos por valor de 40.000 millones de reales (cerca de 12.500 millones de dólares) para inversiones en el área de seguridad.
Estas reuniones y las promesas de financiamiento buscan mostrar un giro en las prioridades del gobierno de Temer, que se encuentra absolutamente golpeado y con muy bajos niveles de popularidad tras el golpe institucional y los planes de ajuste que implementó en los últimos años. Ante la derrota en su intento de pasar la reforma previsional, y ante el aumento del descontento en la calle, Temer buscó cambiar el eje de su política sumergiéndose en un tema como la seguridad y confiando en que esto podría revertir sus bajos indices de aceptación.
Sin embargo, las últimas encuestas muestran que la popularidad de Temer apenas subió un punto, casi un margen de error, mientras que para lograrlo convirtió a los barrios pobres de Río de Janeiro en un verdadero infierno para sus pobladores. Como si ya no bastara con la estigmatización a la que son sometidos por parte del Estado, la intervención de Temer saturó de militares y policías las favelas de Río provocando todo tipo de atropellos y abusos contra los habitantes. Esto incluye el control de ingreso y egreso de personas a las favelas y el registro en una lista negra de sus pobladores, que son registrados e identificados, como así también las brutales imágenes de militares revisando las mochilas de los estudiantes que van hacia la escuela.
En la reunión de este miércoles Temer afirmó que "Queremos que se movilicen en torno a la seguridad pública", pues de ese modo "se envía un mensaje a quienes están en el crimen", que "sabrán que habrá una respuesta muy firme y muy segura de las autoridades" en todos los niveles, declaró el mandatario. Sin embargo, varios especialistas repitieron varias veces que los responsables de la violencia no se encuentran en las favelas sino en los barrios ricos y apartados, desde donde manejan sus negocios en completa connivencia con la policía y el poder político.
Temer dijo también que las policías locales deben cumplir "una función más efectiva", en coordinación con los cuerpos de seguridad de cada uno de los estados del país y con las fuerzas federales, como las que actúan en Río de Janeiro. Es decir, un intento de llevar el plan de militarización de Río al resto del país.
Durante años organismos de derechos humanos denunciaron que la misión de la ONU en Haití, responsable de represión, asesinatos y violaciones, era un plan piloto para preparar a los militares en la represión interna una vez de vuelta en el país. El caso de Río es la muestra de que las técnicas utilizadas en el exterior, junto con la brutalidad de los cuerpos de élite, formados en los últimos años, tienen el objetivo de disciplinar y reprimir a la población de Brasil ante situaciones de catástrofe o descontento social. Algo de esto viene emergiendo, y el gobierno ve la necesidad de coronar su origen golpista extendiendo la militarización a todo el país.