En la tarde de ayer fueron detenidos el maquinista y el ayudante de la formación 2277, que el domingo por la noche impactó contra una locomotora en Temperley. La operación del ministro Randazzo desde el primer minuto: culpar a los trabajadores y victimizar a los verdaderos responsables de la crisis ferroviaria.

Augusto Dorado @AugustoDorado
Miércoles 10 de junio de 2015
Fotografía:DyN
Fotografía:DyN
El juez de Lomas de Zamora Alberto Santamarina ordenó en la tarde de ayer la detención de Diego Sánchez y Nicolás Navarro, conductor y ayudante, respectivamente, de la formación que impactó el domingo a la noche contra una locomotora que realizaba maniobras en Temperley, de acuerdo a lo informado por la Fiscalía Federal de Primera Instancia N° 2 de Lomas de Zamora. En principio, se les tomaría declaración indagatoria durante el día de hoy en una causa abierta por “estrago doloso y daño agravado”.
En sintonía con las declaraciones del ministro de Transporte, Florencio Randazzo, la carátula de la causa es toda una definición: según el código penal, “estrago” significa daño de grandes proporciones (como un daño de guerra o una masacre, según ejemplifica el diccionario de la Real Academia) y “doloso” refiere a intencionalidad, es decir, un daño premeditado. La causa iniciada habla por sí misma, aun antes de la investigación profunda de las causas del accidente.
El precandidato presidencial por el FPV y ministro de Transporte Florencio Randazzo, aún antes que se abriera la causa, se apresuró a dictar su sentencia: sus declaraciones inmediatas al accidente abonaron la idea de un “atentado”, “sabotaje” o delito intencional con el objetivo aparente de dañar su gestión. La operación es la misma que se repite ante cada accidente o desperfecto que sucede en alguna línea ferroviaria (todas bajo responsabilidad directa de su cartera): desplegar todo tipo de teorías conspirativas para ocultar graves falencias como la ausencia absoluta de un sistema de seguridad automática, implemento técnico que existe en la industria ferroviaria desde hace medio siglo y que evita los efectos de una posible falla humana.
Ayer, mientras detenían a los ferroviarios, Randazzo hablaba contra el paro: “Los dirigentes sindicales opositores decretaron hoy la prisión domiciliaria de millones de argentinos”, declaró. El precandidato favorito de los sectores progresistas del kirchnerismo jamás pierde oportunidad para sus ataques antiobreros. Muchos medios oficialistas amplificaban las teorías conspirativas del ministro (hasta la FM Nacional Rock) con la intención de volcar a la opinión pública contra los trabajadores, llegando al colmo de la publicación por parte del Archivo General de la Nación en su cuenta de Facebook oficial de una fotografía de un “Atentado anarquista en el Ferrocarril Roca, de 1925”.
Sus acusaciones livianas y apresuradas siempre se dirigen hacia el mismo lugar, pero ni Randazzo ni ningún funcionario del Gobierno declaran algo ni se escandalizan por la libertad de la que aún gozan los Cirigliano (empresarios de TBA), sus antecesores a cargo de Transporte, Ricardo Jaime y Juan Schiavi, o Julio De Vido. Tampoco se los escuchó quejarse contra el recientemente fallecido Antonio Luna, exfuncionario de extracción sindical proveniente de La Fraternidad, misma organización sindical que ahora Randazzo tilda de “mafia sindical” por adherir al paro de ayer. Todos, verdaderos responsables de la crisis ferroviaria que tuvo su triste coronación en la masacre de Once en 2012 y 52 muertes.
Randazzo ve mafias y “saboteadores” donde su instinto electoral le indica. Parece que la conducción pedracista de la Unión Ferroviaria, que apoya fervientemente su candidatura, no tuvo “nada que ver” con el desguace del ferrocarril, ni con las concesiones a privadas, ni con los negocios de la tercerización y el asesinato de Mariano Ferreyra. Recordemos que miembros de la patota que intervino en ese hecho son actuales impulsores de la campaña Randazzo 2015. Pero cualquier trabajador que esté involucrado en hechos en los que queden al desnudo las carencias y las graves falencias del sistema y su gestión en el transporte, sea por las causas que sea, es declarado culpable de antemano. Sería apenas una anécdota amarga si no estuvieran de por medio las vidas de miles de usuarios populares y trabajadores ferroviarios.
El autor es trabajador de la línea Roca e integrante de la agrupación Ferroviaria Naranja