×
×
Red Internacional
lid bot

Migrantes. Tensa espera ante suspensión de medidas migratoria de Obama

Desde el pasado 17 de abril, el Tribunal Federal de Apelaciones del 5to Circuito está analizando si levanta o no la suspensión a las medidas migratorias de Obama, quien ostenta el récord de deportaciones del gigante del norte.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Martes 28 de abril de 2015

Barak Obama había decretado la ampliación del programa de Acción Diferida para Quienes Llegaron Durante la Infancia (DACA, por su sigla en inglés) y el correspondiente para Padres de Estadounidenses (DAPA, por su sigla en inglés).

La implementación de estas medidas impediría la deportación de alrededor de 5 millones de migrantes indocumentados. Pero para 6 millones de personas estas medidas no aliviarán su situación.

Cabe destacar que ni las DACA ni las DAPA resuelven el problema de fondo: los migrantes seguirán siendo ciudadanos de segunda, sin derechos civiles, políticos ni sindicales, y expuestos a la superexplotación de las empresas estadounidenses.
El 16 de febrero pasado ambas medidas fueron suspendidas temporalmente tras la orden del juez federal Andrew Hanen.

Este juez falló a favor de Alabama, Arizona, Arkansas, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Florida, Georgia, Idaho, Indiana, Kansas, Luisiana, Maine, Michigan, Misisipi, Montana, Nebraska, Nevada, Ohio, Oklahoma, Tennessee, Utah, Virginia Occidental, Wisconsin y Texas, estados cuyos gobiernos están en contra de las medidas ejecutivas propuestas por el mandatario estadounidense.

¿Es una pulseada de poder entre republicanos y demócratas? ¿Es la situación económica? ¿Es la discriminación racial?

Raíces históricas de la migración latina a Estados Unidos
Entre 1846-1848 tuvo lugar la infame invasión estadounidense a México, con la excusa de excusa de la incorporación de Texas a Estados Unidos en 1845, aun cuando había algunas voces de protestas, como los abolicionistas.

Fue así que producto de esta acción colonialista -y de la entrega de la élite mexicana liderada por Santa Anna- México perdió más de la mitad de su territorio: 2,100,000 km2. Son los actuales estados de California, Arizona, Nevada, Utah y Nuevo México, más partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. En esos territorios quedaron 116,000 mexicanos del otro lado de la frontera recién establecida.

Eran agricultores, rancheros, mineros. Rápidamente, quienes tenían algún tipo de propiedad la perdieron. Se les impuso a la inmensa mayoría vender su fuerza de trabajo para subsistir. Exportaron a EE.UU. las mejores técnicas de la época en minería, hasta que llegaron nuevas maquinarias que las desplazaron.

La expansión del ferrocarril pudo realizarse en gran medida a las millones de horas de trabajo que entregaron los mexicanos a cambio de salarios de miseria. También tuvieron presencia en la industria alimenticia, en la textil, en servicios como las lavanderías, entre muchos otros.

Los sueldos más bajos, ya entonces, los recibían los mexicanos, quienes a su vez eran discriminados por su color de piel, por hablar español, por su cultura distinta a la de los anglos. Se los tildaba de “flojos” e incapaces. Se les impusieron los trabajos menos calificados.

Y a pesar de todo eso, a lo largo de décadas se expresaron distintas formas de resistencia. Crearon asociaciones mutualistas y sindicatos, organizaron innumerables huelgas por reconocimiento de sus sindicatos, por mejoras a las condiciones de trabajo, por aumento de salarios, entre las que destacaron la de los mineros de Ludlow, Colorado, contra la Colorado Fuel and Iron, en 1914, y la huelga de los jornaleros contra Imperial Valley, California, de 1979.

La superexplotación de que fueron objeto los migrantes mexicanos fueron uno de los pilares en los que se asentó el imperialismo estadounidense.

Tras 1848, la posibilidad de tener un trabajo, atrajo a numerosos mexicanos a cruzar la frontera hacia el país del norte. En el caso de los centroamericanos, la devastación y la violencia que golpearon a los países de la región durante la guerra sucia, impulsaron a numerosas personas a ir también en busca de una vida mejor. Y el flujo no se ha detenido desde entonces.

No hay Estados Unidos sin latinos
Según se afirma en La clase obrera en la historia de México / Al norte del Río Bravo, pasado lejano (1600-1930) “Los trabajadores mexicanos han sido inducidos a trabajar en Estados unidos –legal o ilegalmente- cuando se ha necesitado fuerza de trabajo accesible y barata, y han sido repatriados o deportados de regreso a México en épocas de retracción económica.”

Pero en nuestros días, existe un importante factor a tener en cuenta. El crecimiento demográfico de la población angloparlante blanca ha disminuido.

Según una síntesis del informe “La migración hispana y la economía de Estados Unidos”, “los llamados baby-boomers (la generación que surgió de la explosión demográfica posterior a la Segunda Guerra Mundial) están llegando a la edad de retiro y han comenzado a abandonar el mercado de trabajo, y no hay una generación nativa de recambio que pueda llenar el vacío que están dejando. Hay, en cambio, un sector demográfico joven y pujante, que está listo para tomar el relevo: la población hispana del país y los nuevos migrantes, que según Las Naciones Unidas seguirán llegando aunque sus países de origen logren tasas de crecimiento superiores a las actuales”.

Más adelante, el mismo estudio señala que entre 2014-2034, según su proyección, el empleo total del país que para 2014 tenía 16% de latinos, para 2034 llegará a 22.9%.

Así, la tendencia a la retracción de la mano de obra angloparlante blanca, se verá compensada para los empresarios por la mano de obra migrante. Y si es en condiciones de ilegalidad, las corporaciones estarán de parabienes, ya que pueden incrementar la explotación sobre los migrantes indocumentados.

¿Aceptarán sin resistencia los latinos que residen en Estados Unidos que caigan cada vez más sus condiciones de vida?

Los trabajadores precarizados, entre los que hay numerosos latinos, están haciendo oír su voz, como se vio el pasado 15 de abril en la campaña por el aumento del salario mínimo a 15 dólares la hora parece indicar lo contrario.

A esto se suma el descontento frente a la violencia racial ante losasesinatos a manos de la policía de afroamericanos y latinos.

Si ambas luchas confluyen, puede ser un cóctel muy desagradable tanto para los republicanos como para los demócratas. Y un gran impulso para la lucha de la clase obrera multiétnica que reside en Estados Unidos.