En el año de 2013, la escultura fue gravemente dañada durante un intento de restauración denunciado por un grupo de ciudadanos encabezados por Guillermo Tovar de Teresa y Lucía Ruanova Abedrop.
Miércoles 28 de junio de 2017
Este miércoles 28 de junio será entregada la estatua conocida como “El caballito”, obra del escultor Manuel Tolsá realizada en el siglo XIX en honor a Carlos IV de España, después de un largo proceso de restauración y conservación.
En el año de 2013, la escultura fue gravemente dañada durante un intento de restauración denunciado por un grupo de ciudadanos (encabezados por Guillermo Tovar de Teresa y Lucía Ruanova Abedrop). A partir de eso, la intervención fue suspendida y se estableció que había un daño del aproximadamente 40% de la obra.
“Marina Restauración” fue la empresa por la que el gobierno de la Ciudad de México optó y que dañó la pátina de la escultura al aplicar ácido nítrico sobre ella. Según información de La Jornada, esta empresa ofreció el presupuesto más bajo para la restauración: 240 mil pesos. Hoy, después de casi cuatro años, el monto total es de 7.5 millones de pesos.
Después de estar clausurada por casi 4 años, el Instituto Nacional de Antropología e Historia recibió el proyecto que, después de distintas etapas de análisis y estudios, condujo la actual restauración comenzada en el 2016 y dirigida por Liliana Giorguli, coordinadora nacional de Conservación del Patrimonio Cultural en dicha institución.
Ésta es la escultura de bronce más importante en el país. Inaugurada en 1803 con la presencia de Alexander von Humboldt, es aún una obra de arte del periodo Virreinal. Después de haber estado en el Zócalo se la trasladó tras la Independencia al patio de la Real y Pontificia Universidad de México. Antes de terminar en su actual lugar —en la explanada del Museo Nacional de Arte— estuvo durante muchos años en el cruce de Reforma y Bucareli, en dónde hoy se encuentra la escultura de Sebastián también conocida como “El caballito”.
Es indignante la ineficacia y la irresponsabilidad que ha cargado el costo de estos errores en el bolsillo de todos los trabajadores en el país. Tenemos derecho a exigir la mayor transparencia en el proceso y la adjudicación de la responsabilidad del daño al patrimonio de los que hoy se lavan las manos después de 4 años.
Pero más que nada, las peripecias de El caballito hablan de la corrupción y la ineficacia de un gobierno que día con día complica más la posibilidad de acceder al arte y la cultura privatizándolos (recordemos que este año se redujo en un 15% el presupuesto del INAH), y para el cual estos no representan más que un botín electoral.