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Red Internacional
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ESPACIO ABIERTO. Terremoto en Chile

Sábado 26 de septiembre de 2015

Foto: REUTERS - Ivan Alvarado

La desgracia cae cerca, muy cerca; pero es ajena. Rompe las casas y las cosas, las vidas que no son nuestras, el mundo de los vecinos. La desgracia cae cerca, muy cerca; pero no acá. Nos suena, pero no nos roza; o nos roza, pero no nos toca; o nos toca, pero no nos lastima. Este país se queda quieto: se dobla, pero no se rompe. Están los que se asustan, lagrimean, evacúan; pero el techo, que se ondula, no se cae; baila la casa, es cierto, oscila un rato, pero al final se calma y queda en pie.

La muerte es para los vecinos: los que están del otro lado. Aquí nos llega como rumor, después nos llega como noticia. La desgracia cae cerca, pero no acá. Nuestra vanidad, entonces, tan consabida, se alimenta de esos hechos, crece y engorda. Nos sentimos protegidos por dios, nos sentimos elegidos de dios, nos sentimos dios. Y no sólo por los famosos cuatro climas, de los que alardeamos no se sabe para qué, sino también por la ancha pampa, que todo lo apacigua, y por la manera siempre sosegada en que nuestros colosales mares se dispersan en las playas, helados pero inofensivos.

Así nos vemos: inmunes; eximidos, por definición, de las desgracias. Tanto más cuando la catástrofe nos deja ilesos, habiendo sido muy próxima. Como si quedar a salvo fuese nuestro destino o, tanto más, nuestro merecimiento. El cielo nos ampara y las placas subterráneas joden la vida siempre de otros. Qué hábito tan nuestro es éste: vernos magníficos, vernos mejores.

Pero una vez, hace casi setenta años, falló la falla, tembló San Juan. Y hubo muerte y destrucción de este lado de la cordillera. La miseria se abatió sobre lo que ya, desde antes, era miseria. Se hizo un acto en la ocasión, en Buenos Aires, más exactamente en el Luna Park, para recolectar fondos que pudiesen servir de ayuda. Según se dice, fue en esa ocasión que Juan Perón y Eva Duarte se conocieron y se conquistaron.

Se discute en la Argentina, hasta el día de hoy, si ese hecho, y todo lo que le siguió, fue bendición o fue desgracia, si fue la gloria o una catástrofe. Sobre todo porque, de haber sido una catástrofe, no fue una catástrofe natural, una de esas que no tienen hacedor ni responsable, una de esas contra las que nada se puede hacer.


        

Martín Kohan

Escritor, ensayista y docente. Entre sus últimos libros publicados de ficción está Fuera de lugar, y entre sus ensayos, 1917.