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Red Internacional
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CON HAMBRE NO HAY CLASES. Testimonio: Así es la educación con pandemia

Reproducimos el testimonio de una profesora que ejemplifica cómo se trabaja en esta situación de crisis y cuál es la realidad de los estudiantes y las familias de los sectores más vulnerables.

Miércoles 24 de junio de 2020

Soy profesora y quiero contar cómo se está trabajando en mi escuela en este contexto de pandemia con el fin de dar a conocer una realidad bastante invisibilizada por algunos.

Pertenezco a una escuela de las que llaman vulnerables, de las más vulnerables con un IVE superior al 75%, ubicada en el sector alto de Viña del Mar, un sector marginal y peligroso para muchos. Es una escuela básica pequeña con pocos recursos, los estudiantes y apoderados son personas de esfuerzo y provienen de poblaciones cercanas, viviendo en condiciones muy precarias.

En su gran mayoría no cuentan con computador, con internet ni con teléfonos celulares conectados para ello. Tampoco disponen de un espacio especial para trabajar o estudiar, sus condiciones son de hacinamiento, sus viviendas son oscuras y frías, muchas se llueven, por ende, no podemos asegurar que dispongan de las condiciones para realizar su tareas escolares de manera adecuada.

La gran mayoría de los padres no terminó la educación básica o media, quienes actualmente cuentan con trabajo, se desempeñan en rubros como la construcción, realizando diversos oficios como carpintería, pintura, soldadura, etc. Las madres deben también realizar por su parte otros oficios informales para buscar sustento que nunca es suficiente para sus hogares.

La gran mayoría recibe un sueldo mínimo con el cual no logran cubrir sus necesidades y peor aún actualmente muchos se encuentran desempleados, suspendidos y sobreviven escasamente con las ayudas que hoy a duras penas se han entregado, lo que sigue siendo insuficiente para el contexto de crisis en que nos encontramos.

Además, el ambiente muchas veces hostil hace que la sobrevivencia en esta pandemia sea también entre peleas, robos, balazos y fuegos artificiales elementos que con mayor razón dificultan la concentración frente a la actividad escolar, afectando el ánimo y profundizando el miedo y la desesperación.

En general los padres no disponen de tiempo ni herramientas para dedicarse a la labor educativa de nuestros estudiantes, siendo su mayor preocupación el poder sortear a diario la alimentación de su familia.

En este contexto desfavorable para el aprendizaje no podemos exigir o pretender que haya aprendizaje. Es decir, entendemos que con hambre, con miedo, con hacinamiento, con violencia no hay aprendizaje.

Por lo tanto, a pesar de todos los esfuerzos que realizamos los y las profesoras de la escuela no recibimos evidencias o reportes de que nuestros estudiantes se encuentren estudiando en sus casas.

Fundamentalmente el trabajo de los profesores en este periodo de pandemia ha consistido en enviar guías videos y textos digitalizados, los cuales también eventualmente han sido retirados por algunos apoderados, son los menos.

El día con mayor concurrencia de los apoderados a la escuela es el día de la “entrega de las canastas”, escasos alimentos que reciben desde la Junaeb y a pesar de lo poco para ellos es importante porque no posee más, estos días aprovechamos de entregarles las guías impresas con la esperanza de que realicen el trabajo en sus casas, sin embargo casi nunca hay reporte de ello.

Es así que muchos de los que allí trabajamos sentimos qué es un trabajo en vano prácticamente sólo constituye agobio a las familias con actividades escolares con guías con videos con una serie de recursos que no están siendo utilizados por nuestros estudiantes. Sin poder llevar a cabo una retroalimentación de los pocos casos que señalan estar trabajando.

En este contexto donde la vulneración de derechos y la desigualdad es profunda no hay posibilidades de hablar de clases virtuales no hay posibilidades de hablar de aprendizaje y menos de evaluar este aprendizaje.

Lo más importante y rescatable es que podemos desarrollar una contención emocional a los estudiantes y sus familias, mantener la comunicación y el vínculo para saber qué necesitan cómo están y poder realizar de esta forma un seguimiento principalmente en relación a lo que pasa con sus vidas.

Debemos continuar con ayudas solidarias para las familias que a pesar de todo no han recibido canastas Junaeb o las del Gobierno y se quejan de problemas por la manipulación del registro social de hogares, ya que conocemos sus situaciones y sabemos las necesitan, sin embargo, estamos conscientes que estás ayudas no son del todo suficientes. Por eso decimos también que con Hambre no hay clases!!!.