En una nueva audiencia, testimonios de sobrevivientes y familiares dieron cuenta de la activa participación del empresariado argentino en el secuestro de trabajadores durante la última dictadura genocida.
Viernes 26 de marzo de 2021 10:46
El pasado martes 23 de febrero se llevó a cabo la audiencia número 19 del juicio por los Pozos de Quilmes, Banfield y El Infierno, que continúa desarrollándose de forma virtual.
En esta ocasión declararon Nicolás Barrionuevo y Oscar Pellejero, ambos sobrevivientes del Pozo de Banfield, y Sixto García, hermano de Silvano García, desaparecido en el año 1976.
Los relatos dieron cuenta de la persecución que sufrió la clase obrera durante la última dictadura cívico- militar- eclesiástica. Una clase que, desde las luchas que llevó adelante desde el Cordobazo, comenzó a amenazar el poder de la burguesía y su Estado, a partir de la fuerza que cobraban los cuerpos de delegados y las comisiones internas de las fábricas.
“El trabajo sindical produjo cambios y esa fue nuestra condena"
Nicolás Barrionuevo era trabajador metalúrgico y delegado de la fábrica Saiar, empresa ubicada en la localidad de Quilmes. Fue parte del cuerpo de delegados que consiguió mejoras en las condiciones salariales y laborales como el plus por producción, el comedor para los trabajadores, elementos de seguridad.
Fue secuestrado en abril de 1976. Recuerda que un comando del Ejército ingresó a la fábrica, reunió a los trabajadores en el playón y luego de varias requisas, secuestran a siete trabajadores, incluido él. También lo trasladan a Juan Manuel Martinez Riviere, gerente general de la empresa, señalado por sobrevivientes como el responsable civil de los operativos que se llevaban a cabo dentro de la fábrica. Responsabilidad también señalada por el periodista Horacio Verbitsky en su declaración testimonial cuando afirmó que Martinez Riviere era muy amigo de Federico Minicucci, uno de los imputados en este juicio.
“Fuimos llevados a la playa de la fábrica y de a cinco o seis nos llevan a las taquillas buscando armas pero no encontraron nada. Entonces toman el listado de trabajadores y separan a siete y nos suben a un camión. También iba Riviere con quien compartí calabozo. El me insistía para que le diera nombres, raro. Hasta que después supimos lo que hacía”, afirmó Barrionuevo.
Refiere haber estado en el Pozo de Banfield donde, en condiciones inhumanas de detención, recibió todo tipo de torturas. “Cuando ellos querían nos llevaban al baño. Dormíamos tirados en el piso, recuerdo que hacía mucho frío”.
Luego de un breve paso por la Comisaría 1° de Lanús, es trasladado al penal de Devoto y posteriormente liberado y obligado a renunciar a su puesto en Saiar.
Oscar Pellejero tenía 32 años cuando lo secuestraron en Luján en marzo de 1976. Se desempeñaba como director de personal de la Universidad Nacional de Luján. Fue uno de los fundadores del sindicato de trabajadores no docentes de la Universidad. Junto a otros dos compañeros también secuestrados en el mismo operativo, fueron de los primeros trabajadores no docentes en formar parte del gobierno universitario.
Al momento de su secuestro, llevado a cabo por una patota del Ejército, es trasladado a lo que supo después sería la comisaria de Puente 12. En el trayecto sufrió varios simulacros de fusilamiento.
Refiere que en su paso por el Pozo de Banfield había un médico que todas las noches revisaba a quienes se encontraban detenidos. Supo por reconocimiento fotográfico que se trataba de Jorge Antonio Bergés, otro de los genocidas imputados en la causa.
Siguiendo el circuito de traslados que realizaban entre distintos centros clandestinos, Pellejero fue llevado a Mercedes, San André de Giles y luego liberado en Luján. Fue suspendido de su trabajo en la Universidad de Luján.
El tercer testimonio fue el brindado por Sixto García, hermano de Silvano José García, secuestrado en marzo de 1976. Silvano, de 31 años, era delegado de la Granja San Sebastián al momento de su desaparición. Según pudo saber a través de versiones de otro de sus hermanos que en Zelaya andaban preguntando por “los de la camioneta roja”, en referencia al vehículo que utilizaba Sixto García para realizar actividades de su militancia política.
Según pudo saber su hermano tenía conocimiento de secuestros y desapariciones, por lo que decidió poner en resguardo a su familia en la casa de un familiar y regresar a su casa en la granja. “Era un hombre de carácter, nunca retrocedía”. A los pocos días vecinos vieron ingresar camionetas con uniformados a la granja. Desde ese momento no supieron más de él. Comenzaron su búsqueda sin encontrar rastro alguno.
El aparato represivo que desplegó el Estado contra la vanguardia obrera, popular y estudiantil sigue vigente a más de cuatro décadas. Desapariciones en democracia, represiones a quienes reclaman trabajo digno y tierra para vivir. Y es a más de cuatro décadas que la lucha contra la impunidad sigue más vigente que nunca.
La próxima audiencia será el día martes 30 de marzo a las 9.30 horas y darán testimonio María Esther Alonso Morales, Raúl Alberto Marciano y un tercero que no será transmitido.
Seguí la cobertura del juicio por La Izquierda Diario.