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Reino Unido. Theresa May, una primera ministra caída en desgracia

La accidentada performance de May durante la conferencia anual del Partido Conservador mostró la crisis política en la que se encuentra la primera ministra. Corbyn supo sacar provecho de la situación.

Alejandra Ríos

Alejandra Ríos Londres | @ally_jericho

Sábado 7 de octubre de 2017

Para el matutino británico The Guardian, “Todo lo que podría haber salido mal, salió mal”. Esta conclusión se refiere a la performance de Theresa May en la sesión principal de la Conferencia Anual del Partido Conservador. Como si se tratara de una comedia de enredos, la primera ministra primero perdió la voz en medio de un ataque de tos. A este traspié, le siguió la irrupción de un bromista haciéndole entrega de un formulario de despido. Para rematar, las letras del slogan de su partido caían a espaldas de la primera ministra que hablaba de la “renovación del sueño británico” y hacia el final de su discurso unas diez letras del eslogan que decía "building a country that works for everyone" ("construyendo un país que funcione para todos") decoraban el suelo del escenario. El sueño se volvió una pesadilla de la que seguramente May no se quería despertar.

El discurso pensado para unir a los conservadores detrás de su líder terminó en una calamidad. Un telón de fondo que se desarmaba desmentía su promesa de ser la voz de los "sin voz". Los medios británicos salieron al ataque e interpretaron la caída de las letras como una metáfora de la debilidad del mandato de May. Es que con una retórica vacía, luego de haber perdido la mayoría en las elecciones de junio, una falta de estrategia frente al brexit y siendo incapaz de convencer a sus pares de una salida negociada de la Unión Europea, la ministra se encuentra presionada tanto por los adalides del brexit como por el ala más moderada.

Boris Johnson, el excéntrico líder del Brexit y actual ministro de Exteriores de Reino Unido, conocido por sus comentarios insensible y políticamente incorrectos, se mueve detrás de bastidores para sacar provecho de la crisis de su propio partido y alistarse para suceder en el puesto. No faltan aquellos que ya opinan que May se ha convertido en un verdadero lastre para el partido.

Sus tímidos anuncios de poner un techo a los precios de la energía y la construcción de algunas viviendas no logran girar el viento a su favor. Sin embargo, May insiste una y otra vez que permanecerá en el poder. ¿Por cuánto tiempo? Difícil de prever.

En el otro arco del espectro político, la Conferencia Anual del Partido Laborista se caracterizó por contar con una base partidaria llena de energía y unificada detrás de su líder Jeremy Corbyn. Con 1.200 delegados, se convirtió en la conferencia más grande en la memoria reciente. Dos tercio de los mismo se referencian en la izquierda, y un porcentaje mayor son firmes seguidores de Jeremy Corbyn. Los delegados de base impusieron el orden del día: el sistema de salud, los servicios sociales, vivienda y transporte. En la conferencia de 2016, a pesar de haber obtenido el 62% de los votos, Jeremy Corbyn se encontraba aislado y la izquierda era minoría. El giro político de este año se explica principalmente por la política de Momemtun (el movimiento que impulsa a Corbyn), que animó a sus miembros a presentarse como delegados.

Con este escenario de fondo, el líder de la oposición no supo desaprovechar la oportunidad y ya se ubica como si fuera primer ministro. No por casualidad fue él quien dio el primer paso y pasó por alto a la primera ministra británica al instar al gobierno del Estado español que ponga fin a la violencia policial desatada durante el referéndum del domingo 1 de octubre en Cataluña.

Tras una victoria pírrica en las últimas elecciones y con las dificultades ante un futuro incierto del brexit, el de May se parece cada vez más a un “gobierno zombi”. Corbyn supo leer este momento, tras su programa de políticas redistributivas, para pasar a la ofensiva.

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