Se trata de Raúl Figueroa, Subsecretario de Educación quien figuró como secretario académico y director de postgrado en la Universidad Andrés Bello, uno de los tres establecimientos académicos del grupo Laureate, quienes se encuentran siendo investigados por el delito de lucro.
Sábado 7 de abril de 2018
En tela de juicio se encuentra el Subsecretario de Educación del piñerismo Raúl Figueroa, quien figuró como secretario académico y director de postgrado en la Universidad Andrés Bello, una de las tantas universidades que se encuentran en proceso de investigación por lucro por parte del grupo económico Laureate. Esto después de que Mario Venegas, Vicepresidente de la cámara baja lo emplazara.
Venegas afirmó: “espero que éticamente el subsecretario esté a la altura y ponga por encima de esta relación de carácter laboral con una de estas universidades, su deber de hacer y dar fiel cumplimiento a la ley, que en Chile desde los 80´ establece que las universidades deben ser sin fines de lucro”.
La exigencia de la Confech
Frente a este caso Rodrigo Rivera, presidente de la Federación de Estudiantes de la U. Diego Portales, declaró que “nos parece que en función de la confianza y de la necesidad que hoy tiene el sistema educacional chileno, no pueden ser los operadores del lucro los que estén a cargo de la investigación (...) nosotros queremos exigirle al ministro Gerardo Varela que ponga solución a este asunto y que el subsecretario Raúl Figueroa pueda inhabilitarse de esta investigación y que esto avance lo más pronto posible”.
En respuesta a esto, Gerardo Varela, Ministro de Educación afirmó que: “la inhabilidad la impone la ley”. Es decir que para él la exigencia del Confech no tiene ningún peso.
Sin embargo, ¿podemos apelar al sentido “ético” como espera Venegas en lo que respecta al lucro cuando el mismo gobierno reconoce la educación como un bien de consumo negociable? La confianza en el sentido ético debemos guardárnoslas en el bolsillo y depositarla en nosotros mismos: trabajadores y estudiantes, unidos en las calles para conquistar nuestras demandas.
Es sólo de esta forma que las exigencias que pone sobre la mesa el Confech se volverían sostenibles, ya que sin una fuerza organizada en las calles lo que resta son mesas de negociaciones, el mismo método infértil que ha debilitado al movimiento estudiantil. Debemos ir más allá: a la conquista de una educación 100% gratuita, en donde no quede ningún espacio para quienes planean enriquecerse con la educación.
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