Boca continúa ganando partidos a base de ganas y voluntad. Sin jugar bien, le ganó a Tigre por cansancio. Fue 2 a 0 con goles de Gigliotti.
Lionel Pasteloff @LionelPasteloff
Lunes 10 de noviembre de 2014 01:25
Foto: Télam
En medio de un clima de euforia general por la clasificación en la Sudamericana, Boca salió a jugar contra Tigre a cancha llena. La emoción se palpaba, el clima ya estaba instalado. Los duelos contra River se esperan con ansias.
Sin embargo, Boca acostumbra dormir más de la cuenta en los primeros tiempos. La excusa de los superclásicos coperos queda para el periodismo berreta, que cuestiona a los jugadores por estar pensando en dichos partidos y no hace más que recordárselos.
Este Boca por momentos tiene cosas del Barcelona, aunque probablemente no las mejores. Llega al borde del área y se excede en el toque buscando el espacio justo, pero nadie se sale del libreto. Faltan escaladas que permitan romper el cerco defensivo, un pase que lastime. Así, termina transformándose en un movimiento constante e intrascendente.
En el primer tiempo Gigliotti avisó con un par de situaciones, como un zapatazo y un cabezazo muy preciso. Pero cuando no erró, Javier García se mostró seguro y sobrio. El despliegue de Meli y de Cubas en Boca alcanzaba para presionar pero no daba ideas. Todo facilitaba el plan del visitante, ideado por el siempre hábil entrenador Alfaro.
En la segunda parte transcurrieron varios minutos donde lo único relevante venía de las tribunas. La gente decidió acordarse de River y cantar intensamente, pero el partido no le devolvía nada. Tigre ya ni siquiera insinuaba, se limitaba a cerrar caminos al local, mientras que éste esperaba conectar algún centro aislado o ligar un rebote.
Pero llegó el turno de Chávez. El ex Banfield entró y quedó en claro que está en estado de gracia. Ingresó a los doce y enseguida mostró que iba a pelear, lo que pedía el partido. A los veinticinco, guapeó y lo tuvieron que bajar. Penal, que El Comandante pidió, pero Gigliotti no cedió. El 9 pateó a la derecha de un García que atajó y por un segundo creyó que era su noche. El rebote le volvió al delantero, que puso el 1-0
Desde ahí, se vió a un Tigre algo más apurado, pero no tenía con qué ir. No pasarían muchos minutos hasta que Chávez (cuando no) se escaparía y habilitaría a Gigliotti, quien metería el 2-0 con fortuna. El triunfo estaba sellado.
Ganó Boca y ya no es noticia. Tampoco es novedad el déficit en el juego. Quizás el equipo de Arruabarrena logre hacer de sus momentos aislados de intensidad y empuje un modus operandi más que un déficit. Aunque no jugó bien, jamás sintió que el triunfo corriera peligro. En parte por un Tigre que nunca acompañó a sus delanteros ni tuvo ambición. En buena medida, por cierto optimismo tal vez inconsciente, que le hace sentir que a la larga, va a ganar. En las próximas semanas se verá si tanto ir para adelante lo hace chocarse de frente contra las puertas, o si logra abrirlas.