El día viernes 5 de marzo Carabineros desalojó violentamente uno de los campamentos de los bordes del cerro Renca resultando 15 detenidos. El equipo de La Izquierda Diario se hizo presente en otro de los campamentos del cerro Renca. “Grupo Esperanza” es una toma pacifica organizada por 160 familias de diversas nacionalidades y que llevan 15 días viviendo en un sitio privado que antes era un basural. Allí conversamos con Alejandro Palacios quien junto con su familia decidieron arriesgarse por el derecho a la vivienda.

Gabriel Muñoz Licenciado en Historia
Sábado 6 de marzo de 2021
“Somos trabajadores chilenos e inmigrantes sin casa”
La toma “Grupo Esperanza” lleva cerca dos semanas ocupando un predio al costado este del cerro Renca frente al “sector el Montijo”. Un terreno de un privado, sin uso y que por muchos años fue un basural y un foco de delincuencia. Hoy lo ocupan 160 familias y otras nuevas que se han ubicado en los costados. Son chilenos, peruanos, colombianos, ecuatorianos, venezolanos y haitianos. Alejandro y su familia llevan más de 5 años en Chile. Nos cuenta: “Yo trabajaba en una contratista, me renovaban todos los años y conocí a muchos chilenos, que son mis amigos y me apoyan. Ellos me donaron materiales para levantar mi casa. Hoy estoy sin empleo. Hay hermanos peruanos que llevan 15 años trabajando en el país, sintiéndose como chilenos, trabajando como un chileno y están sin casa."
“Acá en el Grupo tenemos un comedor, hacemos turnos de vigilancia, nos reunimos casi todas las noches en asamblea, con representantes y tenemos voceros que están abriendo las negociaciones”.
El cruel negocio de la vivienda y la desesperada lucha por la tierra para vivir
“Nos cansamos de arrendar una pieza de 3x4 metros que cuesta 200 mil pesos. Se nos va todo el ingreso en una habitación para toda mi familia, con baño y cocina compartido para otras 7 familias. Aún arrendamos allí porque acá no tenemos como lavar ropa, cargamos los celulares”. Los trabajadores pobres chilenos e inmigrantes no reciben apoyo del Estado como se difunde en las redes sociales. Por eso se ven en la obligación de luchar.
La toma Esperanza no tiene electricidad, no tiene alcantarillado ni menos agua potable. Un vecino solidariza con ellos de forma voluntaria y les lleva agua en un estanque. “El no nos acepta que le paguemos”. Estar en una toma no representa ningún privilegio, por el contrario, es vivir en condiciones precarias presionando por obtener un terreno y construir una casa. “Nosotros no queremos esto gratis, queremos pagarlo, por eso queremos negociar con el dueño para llegar a un acuerdo. Si llega Carabineros seguiremos conversando, porque no tenemos nada que ocultar y no estamos haciendo nada malo”. Conscientes de correr el riesgo Alejandro conserva la esperanza de construir un barrio. “A veces subo el cerro de noche y en soledad miro la toma, y digo: algún día esto será igual que las casas de al frente, con árboles, pasajes, casas para nuestros hijos, con agua, con luz”. Cuenta que muchos tienen miedo porque la prensa y ciertos vecinos actúan con el prejuicio de creer que la toma es un foco de delincuencia cuando se trata de familias con hombres y mujeres de esfuerzo junto a sus pequeños.
“Acá puede nacer un nuevo Renca”
Emocionado nos dijo “Un nuevo Renca, ese es mi sueño”. “Ojala que ustedes con su medio nos ayuden a difundir y explicar a todo el mundo que nuestra pelea es justa”. Hay tres tomas en total en distintas partes del cerro. Por el momento, la “Esperanza” es la única que no ha sido desalojada y que cuenta con el apoyo testimonial del municipio. La “Esperanza” y las otras dos tomas desalojadas son la muestra de la precariedad del pueblo trabajador por los efectos de la crisis económica por la pandemia de Coronavirus.
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El gobierno, el parlamento y los empresarios permitieron la destrucción de 2 millones de empleos y obligó a los desempleados a consumir sus ahorros. Y los pocos empleos creados son precarios o informales. Todo esto mientras los grupos económicos aumentaron increíblemente sus ganancias. Las tomas de Renca, Cerro Navia y Maipú muestran la urgente necesidad de contar con un Plan de Vivienda público financiado a partir de un impuesto a los super ricos y a la gran minería privada de cobre. Nuestras vidas valen más que sus ganancias.

Gabriel Muñoz
Licenciado en Historia