La crisis que vive esta universidad atrapó la atención a nivel nacional. No sólo por las enormes sumas de dinero que están en juego, sino por sus consecuencias.
Miércoles 1ro de septiembre de 2021
Alrededor de 300 escritores, músicos y artistas en general exigieron el respeto a las leyes y la “no aceptación de las fuerzas armadas” en la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), con sede en Cholula, Puebla, ya que el martes 29 de junio la policía estatal tomó el control de las instalaciones como resultado de los supuestos enfrentamientos entre la familia Jenkins y el gobierno estatal. Lo anterior se hizo público por medio de un comunicado en el que destacan personalidades como Elena Poniatowska, Horacio Franco, Arturo Márquez, Enrique Norten, Ángeles Mastretta Gúzman, Luis de Tavira Noriega, Sergio Hernández, Clara Jusidman, entre otros y otras.
En su calidad de escuela privada, la UDLAP ha servido como un espacio de difusión de la cultura. Actualmente se encuentra sumida en una profunda crisis, debido a que diferentes grupos de poder se han disputado el control de la rectoría. Por su parte, la comunidad estudiantil se manifestó en las calles para pedir el regreso a clases presenciales. Esta última demanda, puede entenderse como la desesperación de recibir “educación de calidad”, ante las grandes sumas de dinero que se pagan de colegiatura. No obstante, también se nota una preocupación porque se garantice un regreso seguro, que, entre otras medidas, implica la vacunación de todos los trabajadores administrativos, manuales, profesores y estudiantes.
El conflicto estalló entre los descendientes del fundador de la universidad, William O. Jenkins. Uno de los familiares quedó inconforme con la porción de la herencia que se le asignó. Así, se formaron dos grupos, el primero tomó control de la fundación que es la que dirige la escuela. La universidad es parte de los bienes de la Fundación Mary Street Jenkins. Sus recursos son administrados por la Consultoría en Administración de Centros Deportivos y Comerciales, organización conformada por el grupo de familiares inconforme y de la cual eran socios Virgilio Rincón Salas y Luis Ernesto Derbez, exrector de la UDLAP.
El otro grupo de familiares, encabezados por Horario Magaña, quien se le relaciona con el gobernador de Morena, Miguel Barbosa, solicitó al Poder Judicial del Estado que ordenará la toma de la universidad por parte de la fuerza pública. Ante lo que nos encontramos es una disputa entre ricos que pelean como chacales los cuantiosos recursos que deja el negocio de la educación.
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El problema es que se establece un peligroso antecedente, en que las fuerzas represivas invaden un campus universitario para “resolver un conflicto”. No podemos olvidar que durante la lucha obrera, popular y estudiantil de 1968 que hizo temblar a México, el ejército entró a la Ciudad Universitaria de la UNAM y a las escuelas del Politécnico Nacional; o cómo dejar de lado la intervención de la Policía Federal Preventiva para romper la huelga de la UNAM en 2000.
Luego de heroicas luchas, se logró que el Estado mexicano temiera las consecuencias políticas de violar la autonomía universitaria, sin embargo, el caso de la UDLAP abre, nuevamente, las puertas a esta situación represiva, no importando sí es escuela pública o privada.