¿Qué futuro nos espera? ¿Hacia dónde va el planeta? ¿Qué responsabilidad tiene la juventud? ¿Y la clase trabajadora? ¿Los grandes empresarios? ¿Qué alternativa hay? La respuesta de un joven comprometido.

Pablo Castilla Contracorrent Barcelona - estudiante de Filosofía, Economía y Política en la UPF
Viernes 13 de septiembre de 2019
Como joven que soy estoy más que acostumbrado a escuchar aquello de que “los jóvenes somos el futuro”. Se nos encomienda la responsabilidad de resolver los problemas que afrontará la sociedad en los próximos años.
Sin embargo, generalmente tales proclamas también acostumbran a tratarnos con un cierto paternalismo, como queriendo decir en realidad que tan solo tendremos la capacidad para decidir sobre ese futuro cuando seamos adultos, es decir, cuando ya sea una realidad. Mientras tanto, esperan que nos contentemos con esperar o como mucho presionar para que otros resuelvan los problemas.
Pero la juventud ya existe y no vive en una burbuja aislada del mundo real como muchos intentan hacernos creer. La mayoría de nosotros se ve obligada a buscar trabajo para intentar pagarse el grado universitario, compaginar la jornada laboral con los estudios y cobrar sueldos de miseria precisamente en aras de poder pagar la universidad hasta acabar la carrera, para finalmente tratar de cursar un máster con precios todavía más caros. Por no hablar de quienes no pueden ni tan solo plantearse la idea de estudiar y entran directamente en el mundo laboral. Todo ello con grandes dificultades para poder emanciparnos de casa de nuestros padres dado los desorbitados precios que alcanzan los alquileres, los cuales llegan a superar de media el salario mínimo que a veces ni siquiera cobramos, como en el caso de los trabajadores de Telepizza.
Además, el grado de explotación y opresión se multiplica cuando hablamos de las mujeres, los inmigrantes o el colectivo LGTBI+ que forman parte de la juventud. No es un fenómeno aislado de todo lo anterior el hecho de que los y las inmigrantes ocupen los puestos de trabajo más precarios, el alto índice de paro entre las personas transexuales, ni tampoco que las mujeres cobren menos que los hombres y desarrollen gran parte de los trabajos relacionados con las tareas de cuidados.
Este es el presente de la gran mayoría de la juventud del planeta y siento decir que, si la situación actual sigue su curso, el futuro no nos depara algo mejor, es más, seguramente nos depare tampoco cosas mucho peores si no hacemos algo.
Hablo de la crisis climática que ya estamos atravesando y de la cual se prevén consecuencias si no cambiamos ciertos puntos clave para antes del 2030. Siendo simplemente realista, el futuro que nos espera si no tomamos medidas efectivas para combatir el cambio climático es absolutamente catastrófico. Hablo de la extinción de especies, el aumento de las temperaturas o la subida del nivel del mar (cosas por si solas altamente preocupantes) pero también de fenómenos migratorios gigantescos provocados por el agotamiento de recursos, hambrunas y guerras por conseguir los medios de subsistencia.
Y como no podrá ser de otra manera, los más ricos serán quienes estén mejor preparados para ese escenario. En contra de quienes pudieran pensar ilusamente que el dinero no tiene nada que ver con todo esto, la realidad es que los poseedores de grandes fortunas son quienes tienen la capacidad económica para comprar las tierras mejor situadas para la catástrofe climática a la par que pueden permitirse (y lo harán) pagar ejércitos para defender sus posesiones.
Los propietarios de las multinacionales que hoy emiten la mayor parte de gases contaminantes son quienes van a estar mejor armados para el escenario futuro, lo cual no es sino resultado de la acumulación de riqueza generada a través de un sistema de explotación llamado capitalismo que exprime a la mayoría de la población mundial, entre ellos a los y las jóvenes.
Para quien tenga ilusiones en que serán los gobiernos los que resuelvan la situación y enfrenten a las grandes empresas, las principales responsables del cambio climático, siento decir que tal cosa es nada probable. Los gobiernos son uno de los principales cómplices de los propietarios de las multinacionales, pues no dudan en aplicar todos los planes de ajuste y las reformas laborales que el capital necesita para seguir creciendo.
Ante esta problemática, debemos actuar de manera urgente. El escenario anteriormente mencionado es tan solo un pronóstico de momento, pero puede convertirse en una realidad si no tomamos partido pronto. Pero ¿cómo? Para mi únicamente existe una respuesta posible: confrontar a las grandes empresas, controladoras de los circuitos de producción y distribución mundial y, por tanto, responsables de la contaminación; en otras palabras, acabar con el capitalismo.
Hoy en día las palabras de Rosa Luxemburgo que anunciaban “socialismo o barbarie” cobran más sentido que nunca. Son los trabajadores y trabajadoras quienes producen en condiciones de explotación al mismo tiempo que son ellos y ellas los principales afectados de la contaminación, pues los capitalistas pueden permitirse pagar residencias en las zonas más verdes, mientras que la clase trabajadora, por su situación material de precariedad, se ve obligada a escoger las opciones más rentables, lo cual acaba significando vivir en las zonas más contaminadas.
Precisamente por esta razón, la clase trabajadora es la principal interesada en resolver la crisis climática a la par que poseedora de la capacidad para lograr vencer al capitalismo y construir una sociedad que organice la producción democráticamente en base a las necesidades de toda la sociedad, entre las que se encuentra la preservación y recuperación del medio ambiente.
Sin embargo, para ello hace falta una alternativa política independiente de los partidos de los capitalistas cómplices de la explotación del proletariado y la destrucción del planeta. Hace falta construir una izquierda anticapitalista revolucionaria que defienda los intereses de la clase trabajadora y pelee contra el patriarcado, el imperialismo y la lgtbifobia ligados al actual régimen económico. Un partido que pelee por hacer que la juventud del movimiento por el clima defienda las luchas del proletariado al mismo tiempo que discute con la clase trabajadora para que esta tome como propia la lucha contra el cambio climático.
Antes decía que la actuación es urgente, vuelvo a repetirlo con otras palabras; la militancia revolucionaria por construir una alternativa de izquierdas anticapitalista es urgente, por eso milito, porque actuar ya, significa para mi convertirse en un militante revolucionario por el socialismo que prepare la derrota del capitalismo.