Torra formará gobierno en Catalunya una vez cede a las pretensiones de Moncloa y modifique la propuesta de consellers inicial. La penúltima consecuencia del 155.
Ivan Vela @Ivan_Borvba
Federico Grom Barcelona | @fedegrom
Miércoles 30 de mayo de 2018
Foto: EFE/ Stephanie Tephanie
Quim Torra finalmente se baja de mantener como consellers a los políticos en prisión preventiva -Jordi Turull, Josep Rull- o exiliados- Lluís Puig y Antoni Comín-. Cede así a las exigencias del ejecutivo de Rajoy, quien se había negado a publicar sus nombres en el Diario oficial de la Generalitat (DOG). Pareciera que se desbloquea de este modo la formación de un Govern cinco meses después de las elecciones del 21D.
Tras 10 días de pulso “institucional”, Torra anuncia su decisión poco después de que el Gobierno le confirmara a través de una carta su decisión de no aceptar a los consejeros en disputa y de mantener la intervención de Catalunya al amparo del artículo 155.
Laura Borràs, Alba Vergés, Damià Calvet y Àngels Chacón son los nombres que sustituyen a los ’consellers’ vetados. Cultura, Salut, Territori i Sostenibilitat y Empresa i Coneixement serán las áreas que cubrirán respectivamente.
Por su parte Elsa Artadi, portavoz de Junts Per Catalunya en el Parlament, quien además en algún momento se barajó como posible sustituta a Puigdemont en el Govern, inicialmente iba a ser consellera de Empresa con Torra pero finalmente ocupará, además de la portavocía del Ejecutivo catalán, un puesto en el Departament de Presidència.
Por lo demás no ha habido más cambios con respecto al resto de consellers propuestos. Se prevé que tomarán posesión este fin de semana ya que sus nombres no se publicarán en el Diario oficial de la Generalitat hasta el jueves o el viernes. La primera medida del nuevo Ejecutivo, en consonancia con las amenazas previas de tomar acciones legales, será interponer una querella por prevaricación contra Mariano Rajoy por vetar a los ’consellers’ presos o en el exilio nombrados por Torra.
Un 155 que se levanta después de cumplir sus objetivos
“Ni Puigdemont será presidente, ni presos o huidos serán consejeros” festejan desde Moncloa.
Desde un comunicado oficial señalaron que “El Gobierno quiere subrayar que su firmeza y su determinación a la hora de defender la legalidad son las que han garantizado a los ciudadanos de Cataluña el derecho a contar con un Gobierno en condiciones de cumplir sus obligaciones y atender a sus responsabilidades”.
Según el acuerdo del Senado que regula la aplicación del artículo 155 en la intervención de Catalunya: “Las medidas contenidas en este acuerdo se mantendrán vigentes y serán de aplicación hasta la toma de posesión del nuevo Gobierno de la Generalitat, resultante de la celebración de las correspondientes elecciones al Parlamento de Cataluña”.
Por lo que presuntamente la intervención contra Catalunya llegará a su fin con la ceremonia de toma de posesión de los nuevos consejeros. Así también lo ha señalado Rafael Catalá, Ministro de Justicia del Gobierno, en declaraciones en las dependencias del Congreso.
Ciudadanos por su parte se opone al levantamiento del 155 y exige al gobierno de Rajoy o mantenerlo o aprobar otro. José Manuel Villegas ha sostenido frente a la prensa que “tenemos que tener una postura firme de mantenimiento del 155 por lo menos en aspectos fundamentales" en referencia a los Mossos d’Esquadra, las finanzas de la Generalitat, la educación y la política exterior.
El mismo día que Torra tomó esta decisión, Comín renunciaba a su voto delegado en el Parlament. Por lo que JxCat y ERC no sumarán por sí solos mayoría y el papel de la CUP cobrará un mayor pero específico en la aritmética parlamentaria.
La formación anticapitalista ya ha expresado, a través de Carles Riera en los micrófonos de RAC1, que la decisión de Torra es “una bajada de pantalones”. Desde las filas cupaires, asegura Riera, ven una “renuncia absoluta” y un “sometimiento al Estado” por parte de Torra, justo en el momento que, según Riera también, se tenía al Estado “contra las cuerdas”, desde un punto de vista jurídico.
También Vidal Aragonés, ya en sala de prensa del Parlament, ha apuntado que el nuevo ejecutivo es “una renuncia a lo social y a lo nacional”, un abandono absoluto “al mandato del 1-O y el 21-D”.
Las palabras de Riera y Aragonés, que expresan el sentir de la CUP, son precisas a la hora de definir la acción de Torra, pero de nuevo se echa en falta una mirada al pasado, especialmente al rol de la propia CUP. La acción de Torra es la penúltima materialización del retroceso de la dirección política del procés, pero qué duda cabe que desde la proclamación de independencia en el Parlament, los pasos de Junts pel Sí, Junts per Catalunya y ERC han sido de retroceso.
Desde la no puesta en marcha de ninguna medida efectiva para desarrollar la República catalana, hasta la negativa de levantar un plan de movilizaciones en defensa y por la libertad de los presos políticos y enfrentar el 155 en todos estos meses, se puede leer una hoja de ruta con un objetivo claro: retirada y vuelta al autonomismo sin sufrir más daños.
No es hoy Torra con su decisión quién inicia el “retroceso” aunque si quien termina de lapidar el proceso por arriba, aunque por abajo aún esté latente. Es la estrategia de la dirección política del procés, que inevitablemente llevaba a donde estamos hoy y a la que la CUP apoyó siendo su furgón de cola durante todo este tiempo, y especialmente desde septiembre del 2017, la que llega al final de su propio camino sin salida.
Catalunya y la moción de censura de Sánchez
Por otro lado y en el contexto de la reciente moción de censura por parte del líder del PSOE, se le evita de esta manera a Sánchez acordar con los partidos catalanes sobre dicha moción de censura con el peso del 155 sobre sus cabezas.
Podrá hacerlo con un gobierno “legitimo” de cara a Cs y el PP, y sin pagar el coste político de sostener desde el ejecutivo la intervención a Catalunya en un teórico gobierno del PSOE.
De conjunto, de esta manera, las aspiraciones democráticas del pueblo catalán y el amplio movimiento por una república independiente de Catalunya se ven ahogadas entre la represión del régimen del 78 con el 155, la Constitución como mazo y los discursos impotentes y un retroceder constante de la dirección procesista y sus partidos.
Una de las mayores crisis del Régimen del 78 se cierra, por lo menos en las alturas, de forma reaccionaria. Lo que no quiere decir que de conjunto los elementos que le dieron origen hayan sido resueltos.
Queda por ver cómo esta aparente estabilidad lograda en los despachos (y en los juzgados) será usada en el marco de la actual crisis de gobierno, que tiene al ejecutivo de Rajoy pendiendo de un hilo tras el escenario abierto después de la sentencia del caso Gürtel y la presentación de la moción de censura por Sánchez. Un verdadero intento desde las alturas de resolver por arriba la crisis del Régimen del 78.