Limpiadoras del Jardín Botánico de Berlín luchan contra la tercerización, con el apoyo de estudiantes y activistas solidarios. Enfrentan la precariedad laboral alemana.

Wladek Flakin Berlín
Martes 5 de abril de 2016
Brillaba el sol el sábado pasado en Berlín y decenas de miles de visitantes acudieron al Jardín Botánico para concurrir al “Mercado de plantas”. En cientos de puestos se vendían plantas de todo tipo. Pero frente a la entrada, Carolin Zoellner ofrecía algo distinto: panfletos y volantes.
Carolin es limpiadora del Jardín Botánico, o mejor dicho, hasta la noche del jueves era limpiadora. Ese día recibió un correo electrónico por parte de la patronal informándola de su suspensión desde el 1 de abril.
Ella cuenta: “dicen que debo quedarme en casa, con pago.” Otras dos limpiadoras llegaron al trabajo el día viernes a las seis de la mañana y recién cuando llegó el director dos horas más tarde se enteraron que también debían volver a casa.
Carolin y sus compañeras no trabajan directamente para el Jardín Botánico, una entidad que pertenece a la Universidad Libre de Berlín y depende de la provincia de Berlín, sino que trabajan para una empresa tercerizada. Carolin hace los cálculos: cada año gana 12.583,63 euros menos que una limpiadora bajo el convenio colectivo para los empleados públicos. Desde 2007, Carolin se vio privada así de 113.000 euros.
Los trabajadores de la “Compañía asociada del Jardín Botánico y del Museo Botánico” luchan junto al sindicato de servicios “Ver.di” por el principio de “igual trabajo, igual salario”. Negociaciones sobre un nuevo convenio colectivo están en curso, ya dos veces se hizo una huelga de advertencia. Pero desde noviembre del año pasado, la dirección de la Universidad Libre amenaza con la tercerización de los sectores de limpieza, técnica y servicio de visitantes a otras empresas. Para 31 trabajadores, eso significa despidos.
Primero en la lista de tercerización están las limpiadoras. Desde el 1 de abril, las seis limpiadoras siguen con contratos válidos de trabajo, pero ya se disolvió su sector de trabajo. La comisión interna se había negado a autorizar el nuevo horario de servicios en el que ya no figuran las limpiadoras. Ante eso, la patronal reaccionó con una nueva escalada y anunció que todos los trabajadores afectados por este horario de servicios, es decir 22 de 50 trabajadores de la empresa, deberían quedarse en casa desde el viernes. El trabajo completo debería hacerse de un día al otro con empresas subcontratadas, lo que causaría una duplicación de los gastos.
“La comisión interna se vio obligada de autorizar el horario de servicios bajo mucha protesta”, dice Carolin. Otros hablan de “extorsión fría”. Tales chicanas durante las negociaciones por un nuevo convenio colectivo serían “escandalosas y legalmente cuestionables”, expresó un miembro de la comisión interna de la Universidad Libre. “Quieren crear hechos consumados.” Pero los trabajadores no se quieren someter: “yo sigo luchando por el mantenimiento de todos los puestos de trabajo”, respondió Carolin.
Éste es el contexto de la protesta del pasado sábado. Frente a una entrada hubo un grupo de trabajadores con volantes. En la otra entrada se encontraban estudiantes y activistas solidarios que quisieron “quitar la explotación con la escoba”. Con escobas barrieron pequeñas cajas que describieron las condiciones de trabajo, ante una muchedumbre. Aunque poco después fueron echados por el servicio de seguridad. También estaban presentes hijos de los trabajadores. Emily (14) llevó una pancarta exigiendo un mayor salario por su padre. “Me parece muy duro el trabajo sindical”, dijo la estudiante secundaria, “pero estoy feliz que mi padre aboga por sus intereses, y por los de sus compañeros de trabajo.”
En las últimas semanas ya hubo algún movimiento en las negociaciones. La empresa presentó una oferta para 2016 equivalente a 80 por ciento del convenio colectivo de los empleados públicos. “Eso significa entre 300 a 600€ más por mes”, como explicó la funcionaria sindical Jana Seppelt. Pero otras cuestiones, como sobre el plazo del convenio, siguieron en disputa. Algunos trabajadores están felices con la nueva oferta, pero quieren seguir luchando hasta llegar al 100 por ciento.
Los responsables políticos -entre ellos el secretario de Estado de Berlín para las Ciencias, Steffen Krach (SPD)- declaran una y otra vez que están en contra de la tercerización y de la fuga de los convenios colectivos. Pero es muy difícil creer que la patronal de la empresa haga este tipo de provocaciones sin acuerdo con la Universidad Libre y con el gobierno de Berlín. Por ello, el sindicato Ver.di también discute una cláusula en el convenio colectivo que prohibiría la tercerización.

Wladek Flakin
Periodista freelance e historiador. Vive en Berlín y es redactor del portal Klasse gegen Klasse.