Todos los días millones de mujeres nos levantamos para hacer girar el mundo con nuestro trabajo. Sostenemos además nuestros hogares con una jornada extra que lejos de ser remunerada, ni siquiera es reconocida.
Soledad Farfalla Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Miércoles 26 de octubre de 2016
Ocupamos más del 70% de los puestos más precarizados en los centros de trabajo, ya sea de producción o servicios, allí nuestras manos, durante largas jornadas, garantizan enormes ganancias para los patrones. A cambio de ello recibimos salarios miserables que apenas alcanzan para lo elemental -y a veces ni eso- en nuestras casas.
Con tal de ahorrarse unos pesos y llenar aún más sus bolsillos, los dueños de la maquila, la fábrica o el centro de trabajo en el que estemos laborando en ese momento, nos niega los derechos más elementales como la seguridad social, la salud, la vivienda, el ahorro para el retiro. Claro, ésto no sería posible sin el apoyo del régimen, sus partidos y sus políticas que en los últimos años en sus congresos vienen golpeándonos duramente, arrancando conquistas históricas.
Para no generar antigüedad ni mayores responsabilidades con nosotras, nos contratan por algunos meses y en algunos casos ni siquiera tenemos contrato, la incertidumbre es lo único que tenemos garantizado, en cualquier momento pueden echarnos del trabajo.
Por si fuese poco, tenemos que enfrentarnos al acoso sexual en el trabajo y las calles, caminamos por esta metrópoli con el miedo constante de ser atacadas, desaparecidas o asesinadas.
Es en nuestros hombros donde recae la precarización, son nuestras manos las que generan millones de pesos en ganancias; nosotras la sostenemos, pero también somos nosotras las que podemos acabar con ella.
Lucha contra la precarización
Las trabajadoras del Instituto de Educación Media Superior (IEMS) de la Ciudad de México son el claro ejemplo de la precarización. La mayoría de ellas tenían que garantizar hasta catorce horas de trabajo continuo para llevar pan a casa. Durante años trabajaron sin tener acceso a la salud ni cotizar un peso para su retiro o un crédito para la vivienda.
Pero no sólo son ejemplo de la precarización, también son ejemplo de que cuando las mujeres se asquean de las miserias que este mundo capitalista y patriarcal les imponen, se levantan. Sí, se levantan con toda la rabia que el hambre de sus hijos les genera, es la rabia de no tener un techo seguro y la rabia del futuro incierto la que las levanta y les muestra el camino: la organización y la lucha.
Las trabajadoras de intendencia del IEMS decidieron organizarse contra la precarización que durante poco más de una decena de años venían viviendo, la respuesta de las autoridades del instituto y el gobierno de la Ciudad de México fue un despido selectivo que buscaba desarticular la organización y la lucha. Lejos de lograrlo, mantuvieron su lucha pero ahora por la reinstalación.
El ejemplo de lucha de estas valientes mujeres preocupa seriamente a los patrones y autoridades de la Ciudad, dado que puede ser una lucha que despierte el descontento de otras y otros trabajadores que tienen las mismas condiciones.
Tal es el miedo de Miguel Ángel Mancera y su gobierno que de manera ruin han decidido amenazar de cárcel a tres de las sesenta trabajadoras despedidas del IEMS, para mandar un mensaje al resto de las trabajadoras y los trabajadores de la Ciudad, ha decidido atentar contra la libertad de dos madres solteras y una señora de la tercera edad.
Pese a esta amenaza de cárcel, a través de la denuncia penal contra las trabajadoras por el delito de motín, las trabajadoras han decidido seguir adelante con su lucha, buscando y obteniendo además el apoyo de otros trabajadores de diversos gremios.
El mensaje de Mancera y los patrones capitalinos es: "si luchas, te encarcelamos".
El mensaje de las valientes trabajadoras del IEMS es: "la precarización en la Ciudad no va más; nuestras vidas valen más que sus ganancias." Todo el apoyo para su lucha.