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Red Internacional
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Entrevistas. Trabajadores inmigrantes: la dura realidad de la vida cotidiana

Soledad, precariedad y complejos contextos laborales forman parte de ser mujer, madre y trabajadora inmigrante en nuestro país.

Zikuta

Zikuta Santiago de Chile

Viernes 22 de mayo de 2015

Mirna Solís tiene 34 años de edad y hace aproximadamente 2 años se vino a Chile. Es peruana y a en esta entrevista nos cuenta como ha sido para ella vivir en otro país siendo inmigrante y trabajadora.

Desde que llegó a Chile, Mirna se ha desempeñado en distintos espacios laborales; ella llegó trabajando, como muchos inmigrantes, por el dato de una amiga peruana a una casa de de la Comuna de La Reina como empleada de casa particular, pero solo trabajó ahí 6 meses porque sus patrones abusaban mucho de ella, por eso señala que “está bien, tengo necesidades grandes, pero no podía permitir que me humillaran”.

Y sigue contando que “acá se pasa mal, uno viene con la ilusión de poder conquistar mejores condiciones de vida para cuando se vuelva al Perú y así podamos aportar con nuestras familias, pero en realidad esto no sucede”. Mirna expresa que ha sido un tiempo difícil para ella y que hoy se desempeña como auxiliar de aseo para una empresa que presta servicios a distintos bancos, lo que implica que día a día debe levantarse a las 5:30 de la mañana para dejar todo ordenado en su casa e irse a trabajar. Ella vive en la comuna de Estación Central, a media hora de su trabajo y no ganas más de 260 mil pesos al mes, los que apenas le alcanzan para pagar el arriendo de la pieza que vive.

Sin embargo nos dice que “no me he sentido muy sola, he conocido buena gente en esta tierra, he encontrado hermanos peruanos y mantenemos ciertos hábitos que nos hacen sentir un poco en casa, ya que vivimos en este barrio muchos peruanos”. Es la realidad de muchos y muchas inmigrantes, que llegan a vivir a Chile buscando mejores condiciones de vida, pero se encuentran con una realidad adversa y difícil. Son muchas veces los círculos de sus compatriotas los que permiten sobrellevar el día a día.

“Uno viene con la ilusión de vivir mejor, pero las condiciones de trabajo y de vida son muy adversas, no hay una seguridad de un hogar, acá como han salido varias veces en la televisión, ocurren muchos incendios, los arrendatarios se preocupan solo de cobrar y los cites no dan para todo”. Es común ver en el centro de Santiago y poblaciones como Estación Central, antiguas viviendas y cités en los que viven gran cantidad de personas, con malas condiciones de habitabilidad, lo que conlleva como señala Mirna, el riesgo de incendios y otros problemas.

Mirna es parte del movimiento migratorio que ha vivido nuestro país, y también del sector de mayor precarización laboral, donde inmigrantes hoy son parte de la mano de obra más precarizada y con bajos salarios, en espacios laborales ligados al retail, la construcción y el comercio.

“Tengo una beba de 6 años de edad, ella vive con mi madre en el Perú, pero a final de este año ellas se vienen a vivir conmigo", nos cuenta que ha ahorrado "todo este tiempo acá, espero con mucha ilusión que ese día llegue”. Muchas mujeres migrantes deben dejar a sus familias, incluyendo a sus hijos, para venir a trabajar. Con el paso del tiempo buscan traer a sus seres queridos y rearmar sus grupos familiares.

“Yo me acostumbré a trabajar así, levantarse temprano es común para quien ha trabajado toda la vida, lo diferente es que acá me he sentido más discriminada, mis propias compañeras, se que a veces se ríen de mí, de mi acento, pero ya no hago caso, prefiero hacerme la invisible”. Lamentablemente, la discriminación es una realidad que incluso alcanza a los propios trabajadores, educados por los medios de comunicación y los prejuicios e incluso del nacionalismo de la enseñanza. Por eso es importante que se combata contra estos prejuicios y contra la discriminación, sobre todo porque la realidad de trabajadores chilenos, peruanos, bolivianos, colombianos y de diferentes países es la misma.

En Perú Mirna era comerciante de la calle, al igual que cientos y cientos de mujeres que han decido dedicarse a esto en su país, la paga nos dice “era muy mala e inestable, lo bueno era que uno se hacia sus ritmos, pero uno necesita de dinero estable y aquí al menos lo he encontrado”.