Las gigantes fortunas de los dueños de las empresas que hacen subcontratación o outsourcing en el país contrastan con los salarios y condiciones de trabajo de miles de trabajadores y trabajadoras del sector servicios, que incluye alrededor de 150 call centers y donde figuran multinacionales como Sykes y Amazon.
Victoria Ruiz F. San José, Costa Rica
Viernes 24 de mayo de 2019
Las gigantes fortunas de los dueños de las empresas que hacen subcontratación o outsourcing en el país contrastan con los salarios y condiciones de trabajo de miles de trabajadores y trabajadoras del sector servicios, que incluye alrededor de 150 call centers y donde figuran multinacionales como Sykes y Amazon.
El sector servicios agrupa, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, al 15% de la población que trabajó en 2017.
El Cinde, una organización privada que se encarga de atraer inversión extranjera al país vende a Costa Rica como “la mejor alternativa para la tercerización en la región”, y específicamente como el “exportador #1 en servicios de valor agregado”. Aseguran que la productividad por empleado en dicho sector que agrupa a los call centers pasó de $35 mil dólares en 2005 a $45 mil en 2014.
En promedio alguien que trabaja en un call center como agente gana aproximadamente $7 mil dólares al año (sumando 12 salarios de 350 mil colones), esto quiere decir que según lo que asegura el Cinde, las empresas generan aproximadamente $38 mil de ganancia anualmente por persona contratada. Una abismal diferencia que deja claro el saqueo que hacen las multinacionales a costa de la explotación de la juventud: miles de personas sujetas a las interminables llamadas en jornadas de hasta 9 horas.
El estado brinda distintos incentivos a los empresarios como excenciones fiscales, aceleramiento de trámites migratorios -que la clase trabajadora migrante nicaraguense no tiene- garantías de que las instituciones educativas se amolden a las necesidades de las empresas.
Existen programas de pasantías y becas para clases de inglés dirigidas a estudiantes de secundaria como las que promueven Sykes y Amazon. La dominación imperialista tan marcada en el país explica que exista gran cantidad de jóvenes bilingues, una mano de obra sumamente barata para los dueños millonarios de las empresas que el gobierno y el estado incentivan.
El gobierno al mismo tiempo debilita la educación pública y aplica un ajuste que ha llevado al país a alcanzar un 12% de desempleo. Lo que ofrece la política del gobierno y el imperialismo a miles de jóvenes es que no encuentren más opciones que dejar la vida en la precarización del call center.
La crisis y el ajuste tienen consecuencias directas para el sector privado, incluso uno que se vende tan estable y dinámico como los call center, los constantes cierres de cuentas y olas de despidos -el caso más reciente es la empresa Anway que anunció su cierre con 200 despidos- obligan a las y los trabajadores a la inestabilidad laboral de pasar rápidamente de una empresa a otra.
La precarización en el call center
Esta amenaza constante de quedar sin trabajo facilita los controles patronales y la normalización de la precarización laboral con horarios que se modifican a discreción, aumento en las exigencias de productividad, imposición de cambios de la ubicación del lugar de trabajo, control absoluto de los tiempos de comida y uso de servicios básicos. Por todas estas condiciones es que empresas como Sykes tienen numerosas denuncias ante el Ministerio de Trabajo.
Es común que jefes y supervisores manden a guardar silencio y no compartir información entre compañeros a la hora de realizar alguna modificación que vaya a afectar las condiciones básicas de trabajo. Cada vez que aprietan el cinturón para aumentar sus ganancias atacando derechos laborales, evitan a toda costa que existan vínculos entre trabajadores para defenderse, y la palabra prohibida es “sindicato”.
Las huelgas que se han enfrentado a los abusos patronales de Amazon en Europa y Estados Unidos -cuyo dueño es Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo- que han conquistando mejoras salariales y contratos colectivos, demuestran de dónde viene el miedo a que las y los trabajadores se organicen en sindicatos: pueden ganar cuando se deciden a luchar. Es fundamental la construcción de organizaciones sindicales en el sector privado, que sirvan de herramienta de lucha para la juventud trabajadora
El sistema patriarcal, en ese sentido las experiencias de acoso y discriminación por género son comunes y suelen “solucionarse” cuando la trabajadora que denuncia decide renunciar frente a la falta de respuesta de los patrones. Además no existen garantías para las mujeres que tengan que cuidar de sus hijos o hijas como guarderías, la creación de Comisiones de Mujeres en centros de trabajo es una necesidad de primer orden para luchar por los derechos de las trabajadoras y un alto a la precarización.