Según datos del organismo oficial, en el primer trimestre del año la mitad de las personas ocupadas percibió un ingreso mensual inferior a los $ 50.000. Pobreza y precarización en el país del FMI, mientras los mismos de siempre ganan millones.
Jueves 30 de junio de 2022 10:08
Durante la tarde de este miércoles, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), publicó un informe del cual se desprende que la mitad de los ocupados en Argentina gana menos de $ 50.000, mientras que el promedio de ingresos de los ocupados es de $ 61.843.
Según datos del Indec, el 60 % de los trabajadores percibió menos de $ 60.000 en el primer trimestre del año. Mientras que el 80 % de los asalariados ganó menos de $ 90.000 en el mismo período.
También el informe mostró la gran desigualdad en ingresos entre varones y mujeres. En el primer trimestre del año los varones tuvieron un ingreso promedio de $ 75.552, mientras que el de las mujeres fue de $ 54.205.
En el caso de los hogares, cuando se considera el ingreso total el 50 % tenía ingresos menores a $ 95.000 en el primer trimestre del año.
Otro dato preocupante del informe es la desigualdad de ingresos entre los trabajadores formales e informales. El documento detalla que el ingreso promedio de las personas asalariadas con descuento jubilatorio fue de $ 79.880, mientras que en el caso de aquellas sin descuento jubilatorio, el ingreso promedio equivale a $ 36.631. Un ingreso de miseria para los no registrados. También el poder de compra de los trabajadores no registrados tuvo una fuerte caída en los últimos años, el desplome es del 31 % desde octubre de 2016 a marzo de este año, según datos del Indec.
Vale recordar que, para el mes de abril, ATE-Indec estimó en $ 154.134 el costo de la Canasta Básica Familiar y que estos datos se conocen en el marco de una fuerte escalada inflacionaria. En lo que va del año, los precios ya aumentaron un 29,3 %, llegando a un incremento interanual del 60,7 %, que es la cifra más alta de los últimos 30 años.
En este contexto se conoció el informe del Indec, que ratifica que el crecimiento económico de 2021, del 10,3 %, se dio bajo un formato de desocupación relativamente baja, pero con una profundización del carácter estructural de la pobreza y la precarización laboral. Más actividad, con menos derechos laborales, consolidando la herencia de años de neoliberalismo en nuestro país y el hecho de que haya por un lado 1,5 millones de personas desocupadas y por el otro millones que trabajan jornadas extenuantes para sobrevivir. Es la irracionalidad del sistema capitalista, que no está organizado en función de las necesidades sociales, sino de una minoría parasitaria de grandes empresarios.
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Aún así, estos datos reflejan la realidad del primer trimestre. Habrá que esperar los próximos informes para ver la evolución de la inflación sobre estas estadísticas, y la dinámica de la situación económica, que presenta serios interrogantes hacia el segundo semestre del año, con crisis de dólares del Banco Central, presiones devaluatorias y una dinámica de menor crecimiento económico.
Dos cosas sin embargo ya se saben: ante esta situación las cúpulas de la CGT y la CTA siguen mirando para otro lado, y los mismos de siempre siguen ganando, como el FMI que dicta los destinos del país o los grandes empresarios agropecuarios que embolsan millones de dólares que a los de abajo nunca les llegan.
Ante el problema del trabajo, la izquierda viene levantando con fuerza una propuesta: luchar por reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, afectando los intereses de los capitalistas para poder trabajar todos y todas con un salario que como mínimo sea igual a la canasta familiar. Aplicando esta medida solamente en 12.000 grandes empresas, se podrían generar un millón de puestos de trabajo.