El injerencismo imperialista y de la derecha continental sobre Venezuela avanza aceleradamente pudiendo llevar la situación a niveles de tensión política inesperados luego de la toma de pose de Maduro, cuando se habla incluso de “gobierno paralelo”. A la par que la catástrofe de la mano del gobierno de Maduro sigue sometiendo al pueblo en los más grandes padecimientos.
Milton D’León Caracas / @MiltonDLeon
Domingo 13 de enero de 2019
Fotografía EFE, Mike Pompeo, secretario de Estado estadounidense
Las condiciones de la catastrófica situación económica en una dinámica de colapso que acrecienta cada día las calamidades de todo un pueblo, sumado al bonapartismo reaccionario y represivo de Maduro de la mano de las Fuerzas Armadas, están siendo aprovechadas de una manera abierta por la derecha local junto a la arremetida injerencista del imperialismo y la derecha continental. Es que esta oposición busca sacar provecho de ese descontento para imponer en el país un plan de mayor sometimiento a los designios del capital financiero y las potencias imperialistas.
En esta situación, la tensión política se agudiza abriendo escenarios imprevistos. Las recientes declaraciones de Estados Unidos hablando de reconocer a un “gobierno paralelo” al igual que lo hace toda la derecha continental indican un salto en la situación llevando a una nueva escalada la crisis. No es una crisis como cualquier otra la que se abre en Venezuela en este marco de la situación y que tiene consecuencias trágicas.
Es que el llamado del presidente de la Asamblea Nacional en manos de la oposición, Juan Guaidó del mismo partido Voluntad Popular de Leopoldo López, pidiendo “ayuda a los militares y la comunidad internacional” para asumir el mando del Ejecutivo tuvo un rápido eco en Estados Unidos y en la derecha continental.
Aunque, pese a los numerosos llamamientos, Guaidó aún no ha dicho de forma abierta que asume las competencias de la Presidencia, siendo que él mismo ha sostenido que el mero decreto del Parlamento “no será suficiente para arrebatar el poder a Maduro”, aludiendo a la necesidad de una fuerza real (léase los militares y/o el imperialismo). Aunque ha declarado que tiene "todas las piezas del rompecabezas" para “desalojar” a Maduro del poder, y que "tenemos el respaldo social y el acompañamiento internacional, ahora toca armar ese rompecabezas".
Para la oposición, con una bajísima capacidad de movilización (que dicho sea de paso, de acuerdo a las encuestas, un alto porcentaje de la población no acudiría a sus llamados a movilizarse si es convocada por ésta, y en el último “cabildo abierto” de Caracas de este sábado no superaban las 500 personas), y con divisiones entre los distintos partidos con respecto al camino a seguir.
La derecha busca el fiel de la balanza en los militares con constantes llamados a que pongan “orden” en la situación, es decir, al movimiento de los sables para sacar a Maduro, y de igual manera lo hacen recurriendo a un mayor intervencionismo internacional de una manera cada vez más descarada.
Este domingo trascendió que Juan Guaidó fue detenido por un corto tiempo por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), pero rápidamente liberado, con lo que seguramente desde el gobierno se buscaba marcarle el terreno, haciéndoles saber que “no crean que pueden hacer lo que les da la gana, aquí existe un gobierno”, por su llamado a desconocerlo y a formar un nuevo gobierno y con llamados abiertos a las FFAA, lo que es de interpretar como un camino golpista. Aunque el ministro de Comunicación Jorge Rodríguez dijo que los militares del Sebin actuaron por cuenta propia y que fueron destituidos, no termina de cerrar que tal movimiento no haya partido desde el alto escalón gubernamental.
Aunque por el hermetismo que reina en las Fuerzas Armadas y el severo control que ejercen los altos mandos, poco se sabe de la real situación en los cuarteles, a no ser las declaraciones de lealtad que el Estado Mayor de los cinco componentes de las FANB han realizado incluyendo actos con Maduro a las pocas horas de haber asumido su nuevo mandato. Todo esto, más allá de algunas manifestaciones de militares de bajo rango que se habrían rebelado robándose algunos fusiles, movimientos que podrían ser sintomáticos, pero que no implican, al l momentos, grandes fracturas en el mundo militar.
Pero la oposición apuesta a que la presión del injerencismo internacional pueda incidir en los militares, más aún si desde la principal potencia imperialista avanzan en reconocer a un gobierno paralelo autodecretado por esta propia oposición, aunque no tenga poder de facto sino más simbólico, pero que abriría el camino a una intervención más directa pues, los que intervendrían, lo harían apelando al llamado de “un gobierno legítimo”.
El día sábado, el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, en un comunicado declaró que "Estados Unidos no reconoce la toma de posesión ilegítima del dictador Nicolás Maduro”. En su nota, Bolton argumentó que la administración de Donald Trump, apoya a la Asamblea Nacional de Venezuela, "la única rama legítima del gobierno debidamente elegida por el pueblo venezolano".
Agregando que destacan la "valiente decisión" del jefe de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, que adelantó hoy que intentará, de nuevo, “desalojar del poder a Maduro” declarando que “usurpa la Presidencia”, y continuaran usando "todo el peso del poder económico y diplomático de Estados Unidos para presionar por el restablecimiento de una democracia venezolana que revierta la actual crisis constitucional". Declaraciones que, más allá del cinismo e hipocresía recargada, están implicando un salto en la injerencia imperialista.
Por su parte, Robert Palladino vocero del Departamento de Estado declaraba que "Es hora de comenzar la transición ordenada a un nuevo Gobierno. Apoyamos la petición de la Asamblea Nacional para que todos los venezolanos trabajen unidos, pacíficamente, para restaurar un Gobierno constitucional y crear un mejor futuro".
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Pero a los yanquis no le faltan los perros falderos, centralmente los agrupados en la jauría del Grupo de Lima. El recién llegado al gobierno de Brasil, el derechista Jair Bolsonaro, y el impresentable presidente argentino, Mauricio Macri, encabezan esta arremetida. El propio Juan Guaidó declaró este sábado que "He conversado con Macri y Bolsonaro. El martes discutimos una Ley de transición y vamos a discutir el tema OEA (Organización de Estados Americanos)", tal como lo había hecho también con Mike Pompeo.
El gobierno de Bolsonaro “saludó” que Juan Guaidó esté dispuesto a "asumir constitucionalmente" la presidencia del país ante la "ilegitimidad" de la “investidura de Nicolás Maduro”, en un claro camino a reconocerlo como gobierno paralelo. El hijo de Bolsonaro, y también diputado federal de Brasil, Eduardo Bolsonaro, declaró, en clara alusión intervencionista, que Venezuela sola “no tiene fuerzas para liberarse de Maduro, esta situación es tan clara como que dos más dos es igual a cuatro”.
Se trata del mismo camino trazado por Macri. El canciller argentino Jorge Faurie declaró que “la Asamblea Legislativa es la única autoridad que la Argentina y la mayor parte de la comunidad internacional reconoce como legítima en Venezuela". Y este miércoles venidero, Bolsonaro y Macri se reunirán para seguir sus articulaciones con respecto a Venezuela de la mano de Estados Unidos.
En una situación de debilidad, de no ser por el sostén de las Fuerzas Armadas, con el imparable colapso económico, y el pueblo que ya no soporta más la angustiante situación que se acrecienta con paquetazos capitalistas, Maduro ofreció este sábado “diálogos a la oposición y a los países de la región”. "La ONU nos tiene que ayudar mucho en el diálogo nacional (...), ojalá más temprano que tarde haya criterios favorables que nos conduzcan al diálogo y entendimiento superior para el país" declaró Maduro explicando que hizo esta solicitud de ayuda al secretario general de la ONU, Antonio Guterres.
Pero los llamados de Maduro, en la actual situación, pueden caer en saco roto, a no ser por el apoyo más directo que le dan potencias de otras latitudes como Rusia y China, pero que son países que mueven sus piezas en función de sus intereses económicos y geopolíticos en el tablero internacional, donde Venezuela para ellos apenas puede ser una pieza en el ajedrez y difícilmente podrían ir a una escalada mayor con Washington. En tal situación, apenas un movimiento de peso en las Fuerzas Armadas podría terminar de desequilibrar su gobierno, facilitando el terreno al golpismo y a la injerencia mayor.
Como hemos venido escribiendo, el gobierno recurre permanentemente a que los militares le hagan declaraciones de lealtad casi diarias, y la insistencia recurrente de la oposición en el llamado a los militares a desconocerlo, muestra cómo ambos bandos avalan el rol de "árbitros" de los militares en la definición de los destinos del país, e intentan usarlo para sus respectivos objetivos. Aunque la oposición de derecha pone en la balanza la descarada injerencia internacional a su favor, a sabiendas que no cuenta con capacidad de movilización de calle como en el pasado.
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Pero lo que la derecha hace es un llamado abierto a una rebelión militar o golpe, además con el respaldo groseramente intervencionista del gobierno imperialista de los Estados Unidos. Mientras a su vez el gobierno de Maduro, vaciado de apoyo popular, asienta su permanencia en el poder cada vez más por vía de la fuerza y el fraude, sustentado en la represión y las Fuerzas Armadas que, como hemos dicho antes, prácticamente "co-gobierna" con Maduro. Así, ante la falta de intervención independiente de la clase trabajadora, la situación se dirime entre estas dos variantes reaccionarias.
La oposición de derecha quiere llevar a encandilar al movimiento de masas tras su política pro-imperialista que los catapulte a ellos al poder, sin tener ningún escrúpulo si esto es por la vía de la fuerza militar o por una intervención extranjera. Eso es lo que está por detrás de los llamados que esta oposición de derecha realiza para la constitución de un “gobierno paralelo” de la mano de todo el derechismo continental y del imperialismo, como ya lo hemos visto, y éstos han corrido a reconocerlo. Su llamado a una manifestación en las calles el próximo 23 de enero, que considera un "primer llamado a la acción", cuando se conmemoren los 61 años del fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, no tienen más que este objetivo.
Los trabajadores y el pueblo pobre tienen que ser tajantes en rechazar todo tipo de injerencia o intervención imperialista, así como en rechazar a esta oposición de derecha que lo que busca es imponer un gobierno tan o más antiobrero y antipopular como el actual dócil a los designios de Washington.
Ante esto es necesario insistir que tanto el gobierno de Maduro como la oposición de derecha buscan colocar al pueblo en una encerrona, ambas son opciones reaccionarias, ninguno piensa en función de nuestras necesidades, haciéndose urgente luchar por una política de independencia de clase de los trabajadores. Por eso en este enfrentamiento en el que no debemos darle tregua al gobierno, no podemos caer en la trampa de la oposición quienes, aprovechándose de la situación imperante, hace uso de las mayores demagogias.
El gobierno con su creciente autoritarismo y represión, pugna por mantenerse en el poder para continuar su política de atacar las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo pobre, entregar las riquezas minerales, naturales y hasta ahora el petróleo al capital transnacional, profundizar el endeudamiento nacional con el capital financiero, y preservar los grandes negocios de toda una casta que hizo de la administración de la renta y la corrupción un verdadero modus vivendi.
La derecha aspira volver al poder de la mano de los militares y el imperialismo, para aplicar también su plan de ajuste, que contempla también endeudar más al país con el capital extranjero y entregarle nuestras riquezas, preferentemente con el FMI y las potencias occidentales (mientras el gobierno lo hace con China, Rusia y otros "aliados"), y un programa "liberal" que incluye liberación total de precios, más facilidades a los patronos para despedir, una ola privatizaciones de empresas y tierras, despidos masivos en el sector público, y en general más poder para el empresariado en la economía nacional, en desmedro del poder que ostenta hoy la casta gobernante al calor del control estatal en varios ámbitos de la economía.
Tal programa, no podrá imponerse sin recurrir también a la más dura represión contra los trabajadores y el pueblo. Por eso, la derecha no quiere un gobierno con amplias libertades democráticas para el pueblo, como dice demagógicamente, sino uno "fuerte", con estas mismas Fuerzas Armadas, para imponer su plan de "recuperación del país".
Por eso, solo la intervención con fuerza de los trabajadores, con sus propias demandas y las del pueblo pobre, de manera totalmente independiente de ambos bandos reaccionarios, y oponiéndose con firmeza a cualquier injerencia o intervención imperialista, puede darle un curso progresivo a la situación.
Por eso, desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS), tal como lo hemos hecho en nuestra reciente declaración, seguimos enfatizando que “Con Maduro y el régimen actual no hay salida, pero debe ser el pueblo trabajador quien expulse a Maduro, con sus propios métodos de lucha, no que el descontento popular sirva de base de maniobras para una operación política de la burguesía y el imperialismo. Por eso decimos categóricamente que sólo el pueblo trabajador debe ser el que eche a Maduro. Así mismo, solo un gobierno obrero y del pueblo pobre, sustentado en las organizaciones de lucha que se den las masas, y aplicando una salida obrera en ruptura con el imperialismo y los capitalistas, puede dar respuesta favorable al pueblo ante la catástrofe imperante que nos continúa hundiendo en el pantano de la miseria y las calamidades”.
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