La presidenta Cristina Fernández de Kirchner dio un discurso en la tarde de ayer en el puerto de Buenos Aires para recibir las formaciones que comenzarán a circular en la línea Roca. Mencionó el sistema anti-acaballamiento sin referirse a la tragedia de Once y recordó su último viaje en ese tren: hace 41 años.

Augusto Dorado @AugustoDorado
Viernes 6 de marzo de 2015
Acompañada por los ministros Randazzo y Kicilloff y ante un auditorio conformado por militantes y simpatizantes de la conducción de la Unión Ferroviaria (la Lista Verde del condenado José Pedraza, hoy conducida por Sergio Sasia), Cristina Fernández de Kirchner comenzó comparando la adquisición de estas formaciones con las realizadas por el gobierno de Macri en la Ciudad de Buenos Aires, destacando que los 300 vagones chinos que comenzarán a circular en la línea Roca costaron más de 1 millón de dólares cada uno.
Recordó que la flota del Roca se está comenzando a renovar luego de décadas: las últimas incorporaciones fueron los trenes Toshiba que llegaron a la Argentina en 1963 (usados) y que a la línea Roca arribaron en 1986 con la electrificación de los ramales Glew y Ezeiza. Es decir, desde hace más de medio siglo que no se incorpora material rodante nuevo a la línea (50 años, sin contar el bochornoso paso de las formaciones adquiridas por Julio De Vido a Portugal, que eran material de descarte desde 1961 y actualmente están herrumbrándose, fuera de circulación). Otra muestra de la desidia a la que los sucesivos gobiernos (bajo administración estatal y privada vía concesiones) condenaron al público usuario en las últimas 4 décadas, por lo menos.
Por otra parte, anunció el comienzo de las obras y licitación para la electrificación del ramal La Plata –mediante un préstamo del BID por más de 500 millones de dólares- y prometió su finalización para fines de este año, “si las empresas cumplen”. Como ella misma confesó, una promesa realizada desde fines de los ´80 que ostenta el triste récord mundial de ser la promesa incumplida más veces realizada: la sola gestión de los Kirchner lo anunció al menos 8 veces. En marzo de 2007, Néstor Kirchner aseguraba que la obra estaría finalizada para fines de 2008.
También anunció la inauguración de nuevos pasos bajo nivel y terraplenes, y la renovación de estaciones, subrayando que –según su apreciación- la línea Roca pasaría de transportar los actuales 110 millones de usuarios por año a 140 millones. Por otro lado, explicó que desde hoy comenzarán viajes de prueba para el recorrido Buenos Aires-Rosario.
Dirigiéndose a “los compañeros trabajadores”, elogió el proyecto de estatización de los ferrocarriles advirtiendo que “por ahí los compañeros estaban en disconformidad con algo y (…) paraban en medio (…) Bueno, no más, hay que cuidarlos, hay que dar un buen servicio”, y a “los usuarios que viajan también cuiden mucho los trenes”. Esta mención implica un espaldarazo a las políticas del Ministerio de Interior y Transporte de Randazzo en el conjunto de las líneas ferroviarias interurbanas a partir de las cuales se han intensificado controles sobre los trabajadores, en muchos casos excesivos, como forma de para descargar sobre el personal ferroviario las responsabilidades sobre futuras fallas o accidentes, política que cuenta con la anuencia y el apoyo de la conducción de la Unión Ferroviaria de Sasia y sus delegados de la lista Verde.
Las formaciones que se estrenarán en el Roca cuentan con medidas de seguridad como el sistema de anti-acaballamiento (que impide que se monte un vagón sobre otro en caso de un impacto, como ocurrió con el tren chapa 16 del FF.CC. Sarmiento) y un sistema de señales para que la locomotora frene automáticamente si ocurre algo más adelante del recorrido. Al explicar esta novedad, la Presidenta apenas esbozó un “Dios no lo permita” ante la posibilidad de accidentes del tenor de la tragedia de Once de febrero de 2012, obviando nuevamente a hacer cualquier tipo de mención a una de las peores masacres sociales de las últimas décadas. Si esa tecnología (existente hace más de 40 años) hubiese estado implementada, las 52 muertes se hubieran evitado.
Finalmente dijo que “se muere de ganas de viajar en el tren hasta La Plata” y recordó que el último que tomó fue en 1974 yendo a un acto por el 17 de octubre, con María Estela Martínez de Perón (“Isabelita”) en el gobierno. Extraña gran diferencia con quienes considera “compañeros ferroviarios” que diariamente garantizan con su trabajo la circulación del transporte en condiciones deficientes; ni que hablar de los usuarios populares, ya que hace casi 41 años que no experimenta la “aventura” de viajar en un tren interurbano. Una casta política que desconoce y desprecia los padecimientos de los usuarios es en gran medida la explicación de anuncios que atrasan, por lo menos, 40 años.
El autor es trabajador de la línea Roca e integrante de la Agrupación Naranja Ferroviaria