Durante estos días nuevamente la derecha recurre al TC para frenar un cambio que considera intolerable: el derecho a aborto por tres causales. No es casual, pues el TC es una institución profundamente reaccionaria a la cual los sectores más retrógrados pueden recurrir para defender el orden de los empresarios y la Iglesia.
Viernes 11 de agosto de 2017
En el Capítulo VIII, Tribunal Constitucional de la Constitución Política, leemos cómo se eligen los miembros de aquélla institución:
"Habrá un Tribunal Constitucional integrado por diez miembros, designados de la siguiente forma:
a) Tres designados por el Presidente de la República.
b) Cuatro elegidos por el Congreso Nacional. Dos serán nombrados directamente por el Senado y dos serán previamente propuestos por la Cámara de Diputados para su aprobación o rechazo por el Senado. Los nombramientos, o la propuesta en su caso, se efectuarán en votaciones únicas y requerirán para su aprobación del voto favorable de los dos tercios de los senadores o diputados en ejercicio, según corresponda.
c) Tres elegidos por la Corte Suprema en una votación secreta que se celebrará en sesión especialmente convocada para tal efecto."
No es menor tener en cuenta esto, porque muchas veces el TC puede oponerse a leyes aprobadas en el parlamento, pese a que se compone de miembros designados y no de representantes electos.
Llama la atención que la duración de un cargo en el TC es más alta que la duración de los cargos parlamentarios:
"Los miembros del Tribunal durarán nueve años en sus cargos".
Por otro lado, el nivel de inmunidad de sus miembros es importante: existe la inamovilidad.
Entre las atribuciones de esta institución no está sólo resolver "sobre las cuestiones de constitucionalidad que se susciten durante la tramitación de proyectos de ley", sino también la de "declarar la inconstitucionalidad de las organizaciones y de los movimientos o partidos políticos, como asimismo la responsabilidad de las personas que hubieran tenido participación en los hechos que motivaron la declaración de inconstitucionalidad". Estas, entre otras muchas que no desarrollaremos aquí.
Como vemos, la democracia en Chile está blindada. Es un régimen para defender una sociedad a imagen y semejanza de los ricos y los sectores más conservadores como la Iglesia. ¿No habría que disolver el TC?